En La Infinita Incertidumbre, segunda novela editada en español de Marisela Rizik (Santo Domingo, 1958) [1], a partir de una primera lectura, percibimos que estamos ante una obra experimental que requiere para su comprensión indagar en la propuesta subjetiva, espiritual y psicológica de la autora, sus exigencias al mostrar las particularidades que adquiere lo lingüístico-mental cuando se opta por escribir en confrontación al recuerdo, a la memoria y en tirantez al tiempo convencional lineal y cronológico como es este texto narrativo que trae consigo una escritura en contracción constante, y, en rebelión a lo expresado por los “otros” como verdad absoluta y finita.
La autora toma como referencia, en principio, para contar su historia datos históricos sobre eventos y personajes conocidos para construir un mundo de búsqueda guiado por memorias que se cruzan en un espacio sin tiempo. En sus páginas, el lector encontrará datos sobre el movimiento anarquista de mediados de 1800, en Europa, la conocida matanza de obreros en el Haymarket Square en Chicago, sobre el Papa Alejandro VI, sus hijos Lucrecia y Cesare Borgia.
La novela sigue los pasos de Fabio Pellerino, un hombre débil de carácter y abogado de profesión. Pellerino deberá cumplir una promesa hecha a su tío moribundo, razón por la cual emprende un viaje de la ciudad de Nápoles a la ciudad de Chicago en 1886 para buscar a Adolfo Sartori, un anarquista español a quien deberá entregar la herencia que su tío no llegó a concretizar. En el trayecto, la línea entre la realidad y sueño convergen. Eventualmente, Bruno Pellerino llegará a un puerto llamado el “Refugio de la Soledad” donde encontrará a una guía que le ayudará a comprender el verdadero propósito se su búsqueda.
Al leer la narratología de Rizik debemos tener presente que en el universo de las formas el pensar precede al lenguaje y a las representaciones con sus máscaras, lo cual nos hace recordar que convencionalmente al momento de plantearnos la lectura o el análisis crítico de una obra tenemos las dos caras de una misma moneda: 1. interpretar los elementos artísticos de los matices del arte supraidiomático del lenguaje, lo que conllevaría a reducir a la palabra, al uso de la gramática en sí, equidistante, de lo meramente imaginable; 2. analizar los matices psicológicos de los personajes, lo que trae consigo un enfoque contrapuesto a lo filológico-lingüístico.
Destino y existencia: ¿la ficción de la metáfora?
Siendo la escritura de ficción una metáfora, una impropiedad del mito, una construcción anímica que inquieta las seguras señales de lo real, el discurso que se construye deviene en ser una forma posesiva de la especulación que tiene término y desenlace con un valor designativo que le agrega la autora haciendo de La Infinita Incertidumbre una fertilidad especulativa donde los sujetos yacen debilitándose en la representación de los sueños, haciendo estallar sus sentimientos con interjecciones y acomodando sus afirmaciones a híbridas incertidumbres, y haciéndole saber Rizik a los mismos que solo “confi (en) en lo que sienten” (p. 82), al momento de Pellerino confesarse a sí mismo:
“Me daba cuenta de que empezaba a confundir la realidad con los sueños. Concluí que en los sueños nada era inaudito o inverosímil. Siempre se unen tiempos y gente que nada tienen que ver uno con el otro” (p. 111).
Incursionado como lectora, y asumiendo en parte el devenir que en conjunto tiene el texto de Rizk, compruebo que, ciertamente, solo la realidad nos hace salir del sueño, porque es la realidad lo que compite con los demás, con la colectividad a cada instante, con el otro referido por el instante; es así como el tiempo se abraza al desengaño de lo sensible precipitándose a estados impresionistas que se disgregan.
Rizik nos presenta en La Infinita Incertidumbre (2009) una serie de personajes que se asumen a partir de las rupturas del “yo”, cuyas debilidades y desacuerdos con la mirada laberíntica de la objetividad los hace fluctuar en “lo común” buscando reconciliar la perplejidad que les trae el futuro incierto, ejemplo de esto es la caracterización de Fabio Pellerino y de Lucrezia Borgia, la historia de dos vidas que dormitan todo el tiempo en la inercia del equilibrio, en los impulsos, en las incitaciones, en mudanzas del éxtasis, en el dolor de la denuncia inducida por la perturbadora imposición del “orden” convencional de las cosas, cada uno en épocas, situaciones, tiempos y escenarios diferentes.
Los otros, personajes tipos, don Petronilo, doña Consuelo, Leopoldo, don Armando Villegas…incursionan en la trama de la novela como si surgieran de un bosque para desengañar los impulsos de los sensibles y los aprestos sobre las individualidades afectadas por lo irracional, expuestas en el capítulo “La llegada del silencio” (pp.53-56) en el cual Fabio Pellerino continua la narración de su travesía hacia la “tierra prometida” en 1886 de Nápoles a Chicago, y en el cual refiere el suceso de la muerte de un joven enloquecido que se lanzó inesperadamente desde la borda del vapor al mar mientras cantaba, comprobándonos que “la vida no era más que un salto a la muerte” (p. 53).
Es esta percepción la que nos permite afirmar que cada individuo trae consigo un bosque, que es su interior único e irrepetible, las coordenadas de sus pretextos para a voluntad soñar desgarrándose en las equivocaciones, haciendo manuscritos con el lenguaje, con una sola alternativa imprescindible: la duda de si somos nuestros propios personajes o una suave intimidad de la mutación del tiempo. Este recurso literario, de la escritura de Rizik, es lo que da valor a la novela, la alternancia entre la función gramatical y la función psicológica, o la discordancia entre ambas.
Tal vez sea ésta una forma de saber si el espíritu, o lo que llamamos así, vive habitualmente en este plano, o por el contrario cuando se sale de su carril solo sueña subvirtiendo a la naturaleza cósmica, arreglándose para hacerse acompañar por lo intemporal, por los desmanes de lo puramente ficticio, por las fluctuaciones del alejamiento de los gestos corporales, porque no hallarse en lo conocido, es separarse de manera súbita del ritmo de la vida.
[1] Marisela Rizik La Infinita Incertidumbre (Santo Domingo: Editorial Argos, 2009).