Opinión

Malecón envidiable

Por Ramón Colombo

Ayer caminé por el Malecón. Me senté en sus bancas remozadas. Respiré hondo su brisa. Me disparé hacia el horizonte. Acompañé el lento trajinar de sus nubes. Saludé a sus gaviotas insaciables. Saludé a los cangrejos de sus acantilados. Gocé sus novedades: su arena para los castillos infantiles; las hamacas para el reposo sin tiempo; los columpios para ver quién llega más alto; los espacios para cubrirse con el sol; el fresco regalo de sus sombras; las plazas para cherchas y fiestas en día, noche o madrugada… ¡Qué Copacabana!... ¡Qué Acapulco!... ¡Qué La Habana!... ¡No, ombe!... ¡No comparen!... ¡Nuestro Malecón es que da envidia!     

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