“…cuando todo el mundo esté dispuesto a pensar un poco en el presente, en el pasado y en lo que debe ser el futuro, para cambiar de manera de pensar hay que sufrir profundos cambios interiores, y asistir a profundos cambios exteriores, sobre todo sociales” (Che Guevara).

                                                                                                           

“Estamos ante la primera generación de jóvenes que van a vivir peor que sus padres. Creen que son rebeldes, no son rebeldes. El rebelde es el que se cuestiona lo que hay, por lo que contestarle mal a tus padres y a tus maestros, no es ser rebelde eso es mala educación” (Julio Anguita, político y maestro español).

Creen que son rebeldes, porque andan en cueros. Creen que son rebeldes porque invaden el espacio suyo y el de los demás con la estridencia de su música, que no incita a las neuronas a una sinapsis ni el cerebro a pensar; sino, son llevados como oveja al matadero del irrespeto, el alcohol, consumo de estupefacientes, consumo de las modas de todas las extravagancias, a todo tipo de placer y la exaltación del sexo como ritual y como supermercado y la denigración de la mujer como otro objeto de uso y reuso, que va a parar al zafacón de la basura después de su uso, tal cual botella plástica o como vaso foam.

Creen que son rebeldes porque tienen un celular, que lo individualiza y les crea “otra vida privada” que no funciona sin un móvil y le permite delatar su intimidad, decir, escribir cualquier ocurrencia y desatino en el más alto grado de la estúpidez en las redes sociales, llamar la atención en busca de un like y convertirse en las marionetas de los gustos que les fabrican los medios de masas y quienes los manejan a su antojo y “enmascaran la interiorizada conformidad con un estilo de vida consumista e individualista” (Jame Petras). Es una juventud no juiciosa, no contestataria.

Creen que son rebeldes por la holgazanería y la vagancia, una generación de NINIS: ni estudian ni trabajan, “Una generación que vive entre algodones, no está acostumbrada a la lucha” (Julio Anguita), y pretenden que sean los demás que les construyan su mundo, que se los cambien.

Creen que son rebeldes porque la violencia es su primera opción para dirimir los conflictos en las relaciones sociales, y hacer rabietas malcriadas sin consistencias.

Creen que son rebeldes porque consideran todo como pasajero: el amor, los sentimientos, las relaciones sociales… solo valoran los instantes, el presente como una sucesión de momentos; nada de pasado, visto como una ruptura; nada de futuro a quien consideran incierto. No producen sorpresas, rabia, ni indignación, ni asombro, ni miedo, se creen rebeldes porque les gusta el espectáculo y porque construyen un simulacro de rebeldía que no agota las redes sociales, porque son ajenos al esfuerzo, al razonamiento, al trabajo fuerte, al sacrificio.

En el fondo, existe una visión conformista ante la realidad que critican. “Son felices y consideran divertido, moderno, el hecho de ser tonto, vulgar e inculto y alentar a la mediocridad” (perfil.com). Se han ajustado al sistema que lo manipula y lo zarandea como gallo en traqueo, las redes le han dado la oportunidad de crear un mundo a su manera como un pequeño Dios, en donde la realidad virtual está por encima de la realidad real. Creen que el mundo debe girar alrededor del sub- mundo que crearon en las redes, llenos de likes y de exhibicionismo. Y la realidad es otra cosa. “ … ya que ni sus posturas críticas son lo suficientemente consistentes, ni sus soluciones formales pueden considerarse precisamente como innovadoras” (C. Fajardo).

Los rebeldes son aquellos que, se desajustan del sistema que trata de moldearlo, se desamarran de sus símbolos y representaciones, de sus planteamientos, sus razonamientos y sus discursos, los métodos de enfocar las cosas y alcanzar los propósitos, sus maneras de ser y de actuar, sus formas de soñar y pensar, sus formas de vivir y de relacionarse con los otros (convivir), sus formas de apasionarse y estar por encima de lo banal y superficial, que lo hace trascender en el tiempo y lugar donde viven. Ser rebelde es una manera coherente de ser, pensar y vivir.