Algunos amigos, que de alguna manera colaboran o forman parte del presente gobierno, manifiestan sus quejas porque entienden que no se hace justicia a numerosos funcionarios que con sueldos que están por debajo de sus talentos y preparación, dedican muchas horas extras de servicio al Estado.
Es cierto, conozco muchos servidores del presente gobierno que a parte de sus notorias competencias en el plano profesional, tienen una intachable conducta en sus vidas privada y pública. Incluyo algunos miembros del actual equipo económico.
Es gente, que de acuerdo a sus más profundas convicciones, rinde un encomiable servicio al Estado y es justo que establezcamos esos matices al criticar el uso que del mismo ha hecho un amplio sector de la clase política dominicana. También nos piden que valoremos en su justa dimensión algunas medidas del gobierno que, según ellos, son positivas.
Valoramos algunas medidas y gestos tendentes al adecentamiento de determinas prácticas de los anteriores gobiernos e incluso el haber cancelado al ex incontrolable Contralor y que se plantee una revisión de la política de pensiones en algunas esferas del Estado. Sin embargo, estas medidas y gestos se ven significativamente disminuidas ante diversas situaciones que este gobierno no parece dar muestras de enfrentar.
Es loable que se revise la política de pensiones, pero es justo pedir que se esclarezcan las escandalosas autoliquidaciones en el Banco Central y porqué sus beneficiarios siguen en sus puestos devengando un salario; de igual modo, porqué no se pide la renuncia de los jueces de los altos tribunales que en franca y consciente violación de la ley recibían un sueldo por sus funciones, al tiempo que disfrutaban una pensión del Estado y funcionarios en ejercicio en otras dependencias que reciben una y hasta dos pensiones de alto calado. Son hechos sobre los cuales debe pronunciarse el ministerio público.
Igualmente, debe pronunciarse sobre la violación de cerca de 20 leyes relativas a la Ley de Presupuesto y Gastos Públicos durante la orgía de poder que produjo el hoyo fiscal y no desestimar la demanda de justicia cuando se le pide ordenar una investigación sobre ese hecho. Tampoco es un desatino pedir que se establezca la verdadera identidad de los beneficiarios de los apartamentos de las torres de la Luperón y que ese bien del Estado sea vendido a precios del mercado y el dinero utilizado para construir viviendas populares.
Acaso es pedir el cielo, exigir que aparezca el dinero desaparecido en hoyo fiscal, los 132 millones del caso Sun Land, un delito ampliamente documentado en un libro por un destacado economista, o exigir una investigación sobre el origen del dinero para la construcción de Funglode, un centro de promoción política calificado por algunos, en su momento, como “el cuerpo del delito”?
Entiendo que el estar fuera del gobierno podría sesgar el juicio que sobre este se haga, pero estar dentro podría provocar una infravaloración de los costes que para esta sociedad ha tenido el uso del Estado para engrosar fortunas empresariales y personales. Por eso, como en todo juicio sobre determinados fenómenos hay que tener presente que existen diversos matices para hacer más justas las conclusiones.
Pero, la cuestión es que al tomar posición frente a la presente coyuntura política del país, si bien los matices son importantes, resulta inevitable tomar una posición netamente diferenciadora frente a una serie desfalcadores del Estado, claramente identificables entre los funcionarios del pasado y del presente gobierno, los cuales se han enriquecido de manera obscena.
Toda alianza fáctica con esos depredadores conduce a hacer más largo el camino hacia el establecimiento de una sociedad más igualitaria y con sustanciales niveles de libertad, un ideal que sé que es el de muchos amigos que creen posible impulsarla pasando por esa incomprensible alianza.
En eso nos diferenciamos claramente, porque creo que lo se debe impulsar en este país es un sólido bloque político opositor para exigir justicia, rasgar el manto de la impunidad y recuperar la esperanza de un mundo mejor.