Ningún sentimiento humano llega más profundo al alma que la tristeza (tanto, que casi siempre convoca lágrimas amargas). Porque, con la muerte, concita todos los recuerdos: como cuando me convocó a extender mi ejercicio profesional hacia el micrófono; como cuando descubrí en él la alegre pasión cotidiana al hablarle a toda la gente; como cuando me empezó a privilegiar con una buena amistad que habría de durar inalterable más de treinta años; como cuando cada vez que me iba y volvía al programa me recibía con su sonrisa de brazos abiertos. Por todo eso hoy lloro de tristeza por Teo Veras.