Archipiélago pájaro

Linaje en rosa

Escritura tremenda, promiscua, alabable y a la vez un tanto cojonuda. Llena de contradicciones que gestan el poema entre lo frágil y el estruendo.

Por Rey Andújar

La poesía de Rosalina Benjamín enfrenta los opuestos en una amalgama dinámica y medular. Dinámica porque ella escribe como una súper-heroína; medular porque ella habita lo actual, lo necesario, lo propio.

Con los cuerpos acorralados de sal y caribe en las magias del verbo, la escritora busca y encuentra entidades dramáticas que en literatura conocemos como la interrogación del mito; la obra literaria como expresión de algo y, a un tiempo, objeto de estudio del código poético. Benjamín dice en Tengo el alma hecha de pasos perdidos: “Hoy he visto vagar miles de ojos iguales a mí, manos y cuerpos como mi vida, tersas demandas como mi nombre, muertes parecidas a los agujeros negros de todos mis días, y de este día que ya no me aguarda, y me abandona una vez más recluida en el espejo”.

Rosalina Benjamín
Y mientras yo espero confiada la magia de Photoshop un sapo azul que simpatice a mis padres […/>

Escritores como Manuel García Cartagena han dicho antes y mucho mejor que yo ahora, que la poesía de esta Rosalina “ya sabe amalgamar intimidad y desafuero, visiones privadas y negocios con sus prójimas. Poeta femenina al pie de la letra, su sensibilidad deviene sens-habilidad en el poema, obligándose a exceder un Yo que a ratos se interpone entre ella y el mundo”. A estas sabias palabras yo añadiría que Benjamín escribe desde una alegorización que perfila al ser, dotándole de un signo definido. Ejemplo de esta articulación es el poema Escenario, en donde la poeta termina diciendo: “Viene bien el frío, la despensa con su rastro de avena y cucarachas, el reloj extraviado, el lecho amargo de esta noche sin Prozac, si tocan a la puerta…”

Aplicando la ecuación de signo definidoya propuesta/expuesta se tiene:

Frío = Lejanía-Distancia-Soledad

Avena y cucarachas = Lo necesario contrapuesto a lo patético

Reloj = “La mujer dominicana está hecha de fuerza, luz y tiempo”

Prozac = Nomás que endrogado puede uno bregar con este espíritu de desalojo

Escritura tremenda, promiscua, alabable y a la vez un tanto cojonuda. Llena de contradicciones que gestan el poema entre lo frágil y el estruendo. Bien ha dicho José Ángel Bratini que la poesía de Benjamín es de un “ritmo siempre limpio y ascendente hacia uno de los alientos épicos más sutiles y brillantes vistos hasta ahora en nuestra dominicana poesía”. No dejen que estas palabras caigan al vacío, ni que les fronteen cercanas al exceso. No. Ser justos lo primero, dijo ya el mejor de entre nosotres. Cuando Bratini habla aquí de ascenso, no habla en vano: yo mismo antes he tratado de explicar en una tesis que aunque vivamos en la callejuela dura de la poesía (en donde te lo maman, te rompen, te asaltan, te discriminan, te la pegan y te obstaculizan… en donde no hay glamour sino cuchillas) poner palabras unas al lado de otras supone una magia y un encanto que Rosalina Benjamín conoce bien. Por lo tanto, su poesía, eleva el linaje, lo asciende a Rosa, nos invita a escribir diariamente el desapego, para despegar.

Para amagar, y dar.

Noticias relacionadas

Por

Noticias relacionadas

Comentarios
Seguir leyendo

Lo más leído

Más noticias

Síguenos en nuestras redes