“En la época de cambios drásticos, los que aprenden son los que heredan el futuro. Los que no aprenden por lo general se encuentran equipados para vivir en un mundo que ya no existe”.  (Eric Hoffer).

Con mucha propiedad, Oprah Winfrey, dijo una vez “La verdadera integridad es hacer lo correcto, sabiendo que nadie sabrá si usted lo hizo o no”. Es que los valores tienen toda impregnación que guían y pautan el conocimiento en sí mismo, hasta la inteligencia. Porque la inteligencia como arma “de la lucidez de la razón” nos decanta e ilumina como una expresión de lo que somos en nuestro andamiaje del cerebro. El órgano más voluminoso de neuronas, que marca el sello distintivo y diferenciador del humano como animal, de los demás animales.

La inteligencia, en general, nos diría Enrique Rojas en su libro 5 Consejos para potenciar la inteligencia “es la catedral conceptual de la razón. Es una forma de evaluar la realidad…. Es la capacidad para captar la realidad en su complejidad y en sus conexiones”. En la inteligencia entran en juego muchos factores, cual si fuese un aura sistémica: Es conocimiento, es la capacidad de aprender y desaprender, es creatividad, es pensamiento crítico, es la capacidad de tomar decisiones, es la capacidad de transformar información en conocimiento, es la creatividad y el espacio energético de la innovación puesta en escena. Es la capacidad de responder de la mejor manera posible a la circunstancia, al contexto. En cómo en función de la inteligencia, buscamos el juego de la adaptabilidad como especie.

Gardner nos habla de la inteligencia múltiple como enclave de diferentes capacidades que corresponde a diferentes inteligencias. Nos esboza varias inteligencias, a saber:

  1. Inteligencia Verbal.
  2. Inteligencia Física Kinestésica.
  3. Inteligencia Lógica-Matemática.
  4. Inteligencia Espacial.
  5. Inteligencia Musical.
  6. Inteligencia Interpersonal.
  7. Inteligencia Intrapersonal.
  8. Inteligencia Naturalista.
  9. Inteligencia Espiritual.
  10. Inteligencia Existencial.

Es que lo cognitivo per se es necesario, empero, no suficiente. Cientos y millones de seres humanos han tenido un coeficiente intelectual de genio (140 – 225 CI) y en su vida personal y profesional han sido un fracaso. De ahí la necesidad de encontrar respuesta a esa base de la naturaleza humana: la Inteligencia Emocional, que para Daniel Goleman “es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”. La inteligencia emocional no es excluyente con la CI. Coeficiente emocional y coeficiente intelectual (CI + CE) se sobredimensionan como sinérgicos. Juntos trascienden la dimensión cortesana para entrar en los entresijos y penetrar más hondamente en la realidad, graficando y dibujando todos los matices, todos los colores, todas las hipótesis, que escudriñan una realidad determinada para forjar una teoría. Coeficiente intelectual y coeficiente emocional no se sobreponen, no son yuxtapuestos, no se constituyen en reflejos de contrastes, sino que se aúnan para hacer la vida vital más placentera y más feliz.

La inteligencia emocional nos señala Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional “Es el uso inteligente de las emociones; de forma intencional, hacemos que nuestras emociones trabajen para nosotros, para guiar nuestro comportamiento y a pensar de manera que mejoren nuestros resultados”. La Inteligencia Emocional, se podría definir como el conjunto de habilidades de las personas para relacionarse con los demás y contribuir con el entusiasmo, la perseverancia, el autocontrol y la capacidad para motivarse a uno mismo. Las dimensiones de: autoconsciencia, autocontrol, motivación, empatía y resonancia social, ejemplifican nuestra victoria privada y pública, esto es, lo interior y lo exógeno en cada uno de nosotros. Si la inteligencia es la capacidad para responder de la mejor manera posible a las exigencias que el mundo nos presenta, la emocional nos lleva a no dejar fluir las emociones negativas (ira, temor, tristeza, enojo, celos, inseguridad, rencor, envidia, rabia, angustia, depresión, cólera, ansiedad, agitación, miedo, insensatez, torpeza, venganza, egoísmo represalia). Llave perfecta que nos permite el control de los impulsos como vehículo de la emoción.

Nos dice Daniel Goleman “Son las emociones las que nos permiten afrontar situaciones demasiado difíciles, el riesgo, las pérdidas irreparables, la persistencia en el logro de un objetivo a pesar de las frustraciones, la relación de pareja, la creación de una familia, etc. etc., como para ser resueltas exclusivamente con el intelecto. Cada emoción nos predispone de un modo diferente a la acción”. Descubrir las emociones, sus causas, nos llevan a tomar mejores decisiones en la vida. Goleman seguiría con otros libros alrededor de tan importante quehacer de la ciencia: Inteligencia Emocional en el trabajo; La práctica de la Inteligencia emocional; La inteligencia emocional en la empresa y La inteligencia social. Este último es según Karl Albrecht, la capacidad de llevarse bien con la gente. Para Daniel Goleman es la capacidad de relacionarse y evitar el autismo social que hoy nos invade. Estamos juntos, pero cada vez más solos. El capital social, como capacidad para construir redes de solidaridad, de cooperación, de asociatividad, como nos diría Putnan, ha decaído en el mundo en los últimos tiempos.

Hoy en día las competencias han variado, sobre todo, en las capacidades blandas, tales como:

  1. Saber trabajar en equipo.
  2. La capacidad de construir sinergia.
  3. La entronización de la adaptabilidad.
  4. La necesidad de diseñar resiliencia.
  5. Construir el pensamiento crítico.
  6. Generar el espíritu del optimismo.
  7. Ser proactivo.

Es la necesidad de forjar un nuevo liderazgo, más horizontal, donde se requiere de la persuasión, de la capacidad para resolver conflictos, dinamizar la compasión. Se precisa de la interacción sinérgica de los mejores talentos de cada uno. Paco Muro en su libro El pez que no quiso evolucionar nos advierte acerca del talento y nos dice “Es el grado de conocimiento, habilidades, experiencia y comportamiento”. La competencia va más allá del conocimiento en sí, entraña un grado más alto en el desarrollo humano: consiste en internalizar conocimiento para verter en la realidad y transformar. Implica aplicar. Es el juego sustancial entre la teoría y la praxis.

Stephen P. Robbins y Timothy A. Judge, en su libro Comportamiento Organizacional nos señalan los roles de un ejecutivo, no importando la tipología de organización. Se destacan:

  1. Rol Interpersonal:

Representante.

Líder.

Enlace.

  1. Informativo:

Vigilante.

Difusor.

Vocero.

  1. Decisorio:

Empresario (busca oportunidades en la organización y su ambiente e inicia proyectos para realizar un cambio).

Manejador de dificultades.

Asignador de recursos.

Negociador.

Peter Drucker, ese gran gurú de la gerencia a lo largo de más de 50 años, nos decía que la gerencia “es el arte de hacer que las cosas sucedan”. Que debemos ser eficientes y eficaces, delimitando cada conceptualización “La eficiencia es hacer correctamente las cosas. La eficacia es hacer las cosas correctas”. Todo dirigente debería actuar con verdadera integralidad. El perfil de los ejecutivos debe ser una correspondencia biunívoca, esto es, de cómo la organización crea su necesidad de talento en cada época. Empero, lo importante a destacar es de como el dirigente, el ejecutivo le agrega valor a su posición, no como expresión de marketing, de chabacanería, si no, como eje articulador para desarrollar la institución, la organización, la empresa.

Ha de haber una razonabilidad tangible. Una puesta en práctica de un escenario donde se visibilicen condiciones, a través del debate de las ideas. ¡Las pasiones nunca deben desbordar a la razón, en un mundo del conocimiento y de la entrada de la Inteligencia Artificial! Tenemos que asumir a Daniel Kahneman, psicólogo y Premio Nobel de Economía, en su libro Pensar rápido, pensar despacio. Es el nuevo paradigma del equilibrio.