Vivimos en una sociedad en la que todo se mide aunque las frías estadísticas muchas veces no expresen fielmente las realidades y hasta en ocasiones se sospeche que se utilizan a conveniencia.
De eso se ha quejado precisamente nuestro Presidente ante la Asamblea General de las Naciones Unidas al expresar que “Durante muchos años, el desarrollo de los países ha sido evaluado por entidades financieras internacionales, utilizando como indicador alguna medida de la renta o de la producción nacional expresada en términos per cápita, con el que se identificaba el estado de bienestar material. Nuestro país, la República Dominicana, con base en este tipo de mediciones, ha sido clasificado en los últimos años, como de ingreso Medio Alto. Sin embargo, más de la tercera parte de nuestra ciudadanía se mantiene en condiciones de pobreza. Entonces, ¿cómo excluir a países como los nuestros de la ayuda al desarrollo?”.
Este lamento de nuestro Presidente es la principal señal de cambio que ha expresado frente a las administraciones anteriores de su partido, que precisamente concedieron mucha importancia a las mediciones y las utilizaron muy profusamente para exaltar sus logros económicos con niveles de crecimiento record en Latinoamérica.
Para nadie es un secreto que en nuestro país existe escepticismo en relación a este crecimiento económico. Como señaló el propio Presidente Medina “el optimismo de estas mediciones internacionales no parece coincidir con la percepción de muchos de nuestros conciudadanos, quienes sienten que el crecimiento del Producto Interno Bruto no expresa sus carencias y desesperanzas”. Señalando además que “Esta discrepancia entre el optimismo de algunas mediciones internacionales y el malestar de nuestras calles, se puede entender por el uso de indicadores inadecuados para medir pobreza, desarrollo y bienestar”.
Estas expresiones retratan fielmente el sentir de muchos dominicanos y de los distintos sectores nacionales. Por eso incluso el Informe Attali para la Estrategia Nacional de Desarrollo señala como premisa para su implementación la restauración de la confianza.
Ahora que estamos conminados a sentarnos a discutir un pacto fiscal es importante destacar que tan justificado es el reclamo del Presidente sobre algunas mediciones internacionales como el de distintos sectores que claman porque se les mida con una vara justa, incluyendo en el cálculo de la presión tributaria todos los componentes de esta carga, que sí están incluidos en las mediciones de los países con los que nos comparan.
Es importante que nuestras autoridades tengan muy presente durante la discusión del pacto fiscal ese malestar de la población del que alertaron a las Naciones Unidas y que entiendan que la expresión de que “necesitamos que asuman indicadores más enriquecidos, con mayor capacidad de captar y medir la compleja dinámica del desarrollo humano” no aplica solamente a los organismos internacionales. También internamente necesitamos practicar correctivos para que la población no solo siga cargando pesado recibiendo poco a cambio en servicios públicos, sino para que injustamente no se le quiera seguir imponiendo cada vez más carga a los mismos bajo la excusa de que la que tienen es todavía liviana.