La poesía es un modo excesivo y pleno de ser, vivir y morir. El poeta dice y al decir hace. Este hacer es un crearse a sí mismo. La poesía no sólo es conocimiento sino autorreflexión. Exaltación frenética del lenguaje. Silencio. Ser poeta es vivir en lo imposible. Asumir lo "extrávico" y suplantar la suerte por la esquizia. Todo arte envenena, enferma o mata. La poesía funda el substrato alucinado y loco de la vida. Enemiga del escándalo, opone el ser al parecer. Se alimenta de ese deseo o substancia que la soporta y la impulsa. En tanto que no desiste de la realización del lenguaje, hace de la presencia encarnada del ser un artículo de fe. No acepta el desdoblamiento. Rehúsa el espectáculo degradante que contraría el derecho de vida auténtica, total y plena.
La poesía es un espejismo y su refracción una entidad vacía. Símbolo de la penuria del hombre. La violencia que entraña su progresión sólo existe en relación a su tentativa de fracaso. Un himno dionisíaco e hipo conjurado por la Imago. Todo poema es una visión, una sensación o una meditación desdichada, provisional y rota. Una terrible prueba que ronda a veces las expectativas de lo insondable y lo desconocido.
A lo único que aspira el poeta es a sustituir ese espejismo por las cosas y su alegórica ausencia. También a justificar “órficamente el Universo”, y a “dar vuelta al absoluto contenido en la muerte”. Sólo así el poeta alcanza la Nada, lejos de los linderos budistas del silencio. Además, canta sus "cristos hondos del alma”. Como un caníbal, el poeta conjura los poderes del mundo, devorando en imágenes su propio yo. Insurge contra el recinto seguro y falso de la intimidad,y crea las visiones más perturbadoras y siniestras.
Desde sus orígenes hasta el Romanticismo, según Harold Bloom, la escritura no ha sido más que eso: un acto sacrificial y una purgación que vacía mucho más de lo que llena. El poema saca el alma de todos sus quicios para sumergirla en terrores, escalofríos, ardores y éxtasis. En consecuencia, el alma se desliga de sí misma resultando un voluptuoso decir. De ahí el fracaso reiterado por lograr una definición perenne de poesía. Ella expurga o vacía el ser: expresa la esencia de lo que no podemos poseer. Su significación última es la imposibilidad y la desesperanza. Siendo así posible que nuestra existencia llegue al límite de ese fracaso, sin dejar al ser desesperado en ninguno de los momentos que le falte esa posibilidad.
La poesía se desentiende de lo actual y es más real que lo real. Obscenidad y porno: en un breve poema funda la duración instantánea de un secreto. Crea una visión "infininvertida" del mundo. En un poema podemos descubrir los elementos de un tiempo detenido, de un tiempo que no sigue la medida, de un "tiempo vertical" calificado así por Bachelard para diferenciarlo del tiempo común que huye horizontalmente. Ese instante dura, pues, el tiempo de mi percepción abolida en otro instante. La instantaneidad poética es ambigua, misteriosa y andrógina. Pero es más aún. Es una ambivalencia activa y dinámica. El instante poético obliga al ser a valorizar o a desvalorizar. En ese instante, el ser sube o baja a través del lenguaje como visión perturbadora, sin aceptar el tiempo del mundo que llevaría la ambivalencia a la antítesis, la simultaneidad a lo sucesivo.
La poesía es la amenaza y el espacio abierto a la crisis. El poeta revela entonces el esplendor de la nada. Un bostezo. Una plegaria a través del dolor. A través del lenguaje crea el lugar abismante del no-ser. Transforma las formas ilusorias de la vida en un radical y auténtico mundo. Revela la inocencia y el horror. La nostalgia. Es decir, el peligro y la muerte, y, por tanto, la posibilidad de pérdida del ser.
Un poema sólo existe en relación al delirio real de vida y muerte. Todo poema es un ser-siendo. Ningún otro género artístico consuma esa aspiración hasta la esquizia. La poesía se expresa y sólo es un apolíneo himno derruido. Tiende a organizar el caos. Se rige por la ley rítmica de la formatividad que domina las creaciones en las que confluyen pensamientos, sentimientos, fantasías e imágenes. Aspira a encarnar por entero en un poema que abrace, y concilie hombre, tiempo y mundo.
La verdadera naturaleza del poema es un ludismo arbitrario, reticente y silencioso. Es un estado de contemplación allí donde el ser recibe un benéfico rayo de luz. Catalizador de las visiones de la vida. El tema esencial del poema es el poema mismo. El lenguaje. El verbo. La poesía y su vertiginosa ausencia. Esta experiencia se funda en el paisaje de la exterioridad de la trascendencia, en ese otro paisaje oculto del silencio en el mundo.
La poesía está en el centro del silencio del hombre, que fluye por el canal de las palabras para llegar a otro silencio. En el poema, el silencio es el fondo, la condición y la argamasa que en perspectiva juarrociana une las palabras. Como lenguaje último y revelador del hombre para el hombre, la poesía es oscuridad, fragmento, abismal reflexión sobre su propia naturaleza.
La poesía es hija del espanto y del vértigo, madre de las religiones y el último refugio del misterio. No puede transmitir el movimiento del ser sin el espacio silencioso que la envuelve y prolonga. La poesía es un temblor, una indeterminación y tantísimos caos. Lo ilimitado y su temible hybris.
La desmesura… Unheimlich: lo marginal y lo oculto. Lo siniestro, lo terrible según Freud, lo "imposible creíble" y el más terrible miedo. Se goza en sí, se interroga y nunca es. La poesía como el Tao fluye libremente.