La voz del Señor se oye en las tinieblas

y en la luz del dia, siempre llama a los feligreses

de creer y de actuar para establecer un reino justo

en la tierra. Si uno es secuestrado, si otra violada,

si un bebe muere por una bala no equivocada,

antes y después del horror fratricidio la voz

del Señor se oye y se oirá. No estamos abandonados

y si uno de nosotros se cae en la manifestación

en Yangon los otros lo llevarán en sus hombros.

Nadie morirá en vano, no en esta marcha para

el progreso contra la dictadura. Si uno de nosotros

ha perdido un ojo cerca de la Moneda por un golpe

de un carabinero, algún otro va ver por él o ella.

Nadie va estar abandonado aun si miles de niños

llegan a la frontera sureña sin sus papas pero

con un número de teléfono escrito en la mano

de algún pariente en este lado del viaje. No vamos

a dejar que el mundo caiga en la nada. La voz

del Señor siempre nos llama.