Psicología y pandemia

La otra bachata del gobierno

Por Héctor Rodríguez Cruz

La bachata no está de fiesta ahora por su “nominación”. Siempre ha estado de fiesta. La bachata del pueblo es diferente a la bachata del gobierno. La del pueblo destila las tristezas, llantos y amores que se van o regresan. La del gobierno no tiene sabor, ni música ni versos propios. Porque la bachata nació de las entrañas del pueblo. Nació libre, cerca de los muchos. Es de nadie. Es de todos. Es del pueblo.

La bachata del pueblo se baila y se canta en todas las estaciones del año. La del gobierno sólo en tiempos de carnavales electorales y de celebraciones plagadas de malicia. La bachata del pueblo siempre está dispuesta a aparecer cuando se hace presente un sentimiento silencioso de amor, de alegría o de pena. O de sueños. La bachata del pueblo siempre cura. Siempre consuela. Se baila en comunión, con cuerpos abrazados que se mueven juntos para alcanzar una felicidad apasionada.

La bachata del pueblo es libre. Llega sin tocar puertas y sin protocolos amañados. Llega cuando llega. A veces despierto, a veces en sueños. Siempre está alcance de todos los colores y de todos los lugares. Mueve, despierta, entusiasma y abraza. La del gobierno separa, aleja, anestesia, distrae y tuerce los sentimientos. 

La bachata del pueblo es grito que anuncia la llegada de desesperanzas y de lutos. Y también la búsqueda y el encuentro de amores que se han ido. Es danza sensual que invita a formar policromías con sus propios “tempos” y ritmos ardientes que huelen a furor de pasiones. Es abrazo que “ocho veces” en un mismo instante da saltos al infinito musical con sus propios pentagramas. No la dirige nadie. Baila y canta con todos. Cada quien la hace suya y la devuelve preñada de ilusiones.

La bachata del gobierno es otra. Es bachata usurpada. Alquilada. Vestida del color de quien la paga. No es libre de llegar si no la llaman. Siempre es escandalosa aun cuando se esconde. Es una bachata con ritmos compartidos con el ruido de la perversidad de otros cantores que la bailan a escondidas entre risas apayasadas. Es bachata maquillada pretendida como “marca país” para atraer turistas y para ocultar otras “marcas” nefastas del gobierno. Es bachata manipulada y desvirtuada Es bachata cantada por encargo para fomentar nacionalismos faranduleros.

La bachata del gobierno tiene ministros y embajadores. Por supuesto, pagados por sus cacareos culturales disfrazados de ignorancia sobre la cultura nacional identitaria. La bachata del pueblo no necesita defensores. Ni globalizadores. Ni promotores oficialistas. Ni de “sorteos” criollos o franceses. Llega cuando cada corazón quiere cantarla, bailarla o llorarla desde sus propias geografías. 

La bachata del pueblo no necesita tambores que anuncien su llegada porque ella llegó el mismo día que nació la música, el amor, el dolor, el llanto, la alegría y el convite. El mismo día que entró en el cabaret y en el templo y en el salón. Sin permiso de nadie. Sin visa, sin valijas diplomáticas, sin decretos y sin cortesanos.

Fue la bachata del pueblo, y no la el gobierno, la que llegó a Sabatel, un pueblo de Barcelona, España, donde mil personas la bailaron y la gozaron con lo que batieron el record Guinness que hasta ahora estaba en manos de 740 griegos que en 2016 danzaron al unísono la con el corazón y con los pies la apasionante bachata dominicana. La que también llegó, sin permiso ni la paternidad del gobierno, a una veintena de escuelas de baile de toda Cataluña que participaron en la fiesta de gala de la bachata.

La bachata del pueblo ya era “patrimonio de la humanidad” antes de que Eduardo y José Antonio, la declararan “patrimonio del gobierno de sus jefes”. El ministro de Cultura, inspirado en la adulonería y en su limitada visión de la cultura cantó esta copla satánica: “la bachata como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad es un resultado de las políticas culturales que desde el 2012 ha venido ejecutando el gobierno del presidente Danilo Medina”. Exceso de devoción presidencial que es un tributo al vasallaje de un improvisado ministro del gobierno de Danilo Medina.

Igual tributo rindió el embajador gestor de la “otra bachata del gobierno” cuando emocionado declaró: “es todo un pueblo y todo un país que está sosteniendo esta candidatura. En nombre del Gobierno de la República Dominicana, que preside el licenciado Danilo Medina, y de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, con nuestro Canciller Miguel Vargas Maldonado, puedo asegurarles que seguiremos trabajando para seguir fortaleciendo esta manifestación que es parte inherente de la identidad cultural nacional del pueblo dominicano”. Lisonjero sermón que otorga al gobierno de Danilo y de Miguel poderes “espectaculares” sobre la bachata del pueblo que no les pertenece.   

La bachata defendida por el embajador no es la del pueblo. Es la otra bachata del gobierno. Cantada con coplas torpes por un Ex ministro de Cultura recordado no por sus luces culturales, sino por las sombras de sus avasallantes enfrentamientos con los miembros del Coro Nacional, los músicos de la Orquesta Sinfónica, los integrantes del Teatro de Bellas Artes y con otros agentes y animadores culturales.

Su defensa son alabanzas de un aprendiz de política. De un ex ministro “premiado”, que agradece en dos lenguas el inmerecido cargo de embajador ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO. Que si lo entendiera, también lo asumiría para ayudar a sacar el país de la casilla de la “peor educación del mundo”, declarado en Francia, y para impulsar la ciencia para beneficio del país y el mundo. 

Que nadie nos obligue a cantar y a bailar ni a hacer nuestra la otra bachata acanallada del gobierno. Que es diferente a la bachata del pueblo que, en cambio, huele a libertad, a decencia y a inspiración que une cuerpos y corazones para igualar a pobres y ricos en convites sublimes al son del acorde igualitario de su música.

No permitamos que el gobierno le arrebate al pueblo su bachata para hacerla otra. Que nadie la utilice para caravanear su servilismo, sus mentiras y sus perversidades. ¡La bachata es libre. Es de todos. Es del pueblo!

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