Observatorio ético-ciudadano

La inclusión educativa: un reto permanente

Por Franklin Pimentel Torres

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, planteó la educación como un derecho humano fundamental (1945) y la Conferencia Mundial por la Educación de Jomtien (Tailandia, 1990), proclamó que el derecho a una buena educación básica debe ser ejercido a lo largo de toda la vida. La Constitución Dominicana, por su parte, plantea: “Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones” (art. 63). 

El pasado martes 13 del presente mes de febrero se presentó, en el Hotel Embajador, en Santo Domingo, los resultados de una investigación sobre el problema de la exclusion de niños, niñas, y adolescentes en el sistema educativo dominicano. El estudio lo realizó la oficina local del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en articulación con el Ministerio de Educación (MINERD).

El informe presentado por los técnicos de la UNICEF, titulado “Niños y Niñas fuera de la Escuela” incluyó algunos datos significativos relacionados con las diferentes formas y niveles de exclusion de niños, niñas y adolescentes de los espacios de aprendizaje. La misma se manifiesta en no acceso a la escuela en la edad prevista para cada grado, en la falta de oportunidad para acceder sobre todo a los niveles inicial y secundario; en la permanencia en la escuela pero con sobreedad (dos años o más de lo recomendado para cada curso); en abandono de los niveles educativos por asunto de trabajo infantil o adolescente; en expulsion real de la escuela por motivos de “malas conductas” o por embarazo adolescente. Se manifiesta también la exclusion por la falta de cuidado, atención e inversion real a los proyectos educativos dirigidos a jóvenes trabajadores mayores de 15 años o que han asumido responsabildiades de personas adultas, así como de personas adultas que quieren seguir avanzando en su capacitación para desarrollar habilidades y destrezas para la vida cotidiana.

Entre los datos presentados en el informe podemos señalar, entre los más significativos:

  • 205,000 niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años se encuentran fuera de la escuela.
  • 235,000 niños y niñas no accedieron a la educación inicial por falta de aulas, de maestros y maestras.
  • Sobreedad del 18.6% de quienes asisten a primaria y el 24% de quienes asisten a la secundaria.
  • 37,000 estudiantes que debieron inscribirse en el actual primer ciclo de secundaria abandonaron la escuela antes de comenzar el año escolar 2014-2015.
  • El 10% de adolescentes de 15-17 años no asiste a la escuela.
  • El 39.6% de estudiantes matriculados en la Educación Básica de Personas Jóvenes y Adultas tiene 21 años o menos.

Los datos presentados demuestran que solo una pequeña proporción de las y los estudiantes que abandonaron la educación primaria y secundaria completan sus estudios obligatorios en los niveles del Subsistema de Educación de Personas Jóvenes y Adultas.

El estudio presentó las llamadas “barreras de la exclusion”. Las presenta divididas en tres tipos de obstáculos:

  1. Barreras que se manifiestan desde la demanda, en el contexto socio-cultural: a) la precariedad de ingresos familiares; b) la disminución de la demanda de educación por factores socioculturales.
  2. Barreras que se manifiestan en la escuela: a) ofertas de servicios escasas, lejanas e inadecuadas. b) baja calidad de la educación; c) dificultad para acoger a estudiantes con necesidades especiales y/o discapacidades físicas o mentales.
  3. Gestión general del sistema educativo: a) recursos presupuestarios que deben atender requerimientos multiples; b) superposición de actividades y prioridades para las escuelas; c) gestión territorial que requiere mayor profesionalización y recursos; d) subutilización de la información disponible.

El estudio plantea algunas estrategias para mejorar la inclusion en los diferentes niveles del sistema educativo dominicano. Entre éstas, señala:

  1. Organizar y acompañar a las escuelas: a) priorizar la enseñanza de capacidades básicas, partiendo de las prácticas reales y aumentando su calidad; b) reordenar la educación secundaria con máxima precaución.
  2. Organizar la gestión en torno a prioridades: a) optimizer el trabajo de los equipos técnicos y utilizar la información disponible; atender a los requerimientos de infraestructura con una Mirada conjunta de sistema.
  3. Actuar sobre la demanda: definición de estrategias específicas para supercar las barreras económicas y sociales.

Los resutados del estudio de la UNICEF evidencian que no todos/as, las y los estudiantes, tienen las mismas oportunidades para acceder, progresar y completar su educación, ya que esto también depende de factores como el sexo, la zona donde viven, si tienen necesidades específicas de aprendizaje, cuáles son los ingresos de su familia, entre otras variables socioeconómicas.

El informe presentado realiza un aporte significativo para entender el grave problema de la exclusion en el sistema educativo educativo. Sin embargo, asumiendo una vision educativa economicista, se queda corto al analizar las causas sociales, económicas, políticas y culturales que generan esa exclusion. Se queda corto, además, en el análisis de las causas internas, al interior del sistema educativo, que generan problemas de acceso, abandono y deserción escolar. Entre las causas que no toma en cuenta podríamos señalar: la debilidad de la formación básica de muchos/as docentes, la falta de formación y reflexión pedagógica continuas, la debilidad del seguimiento pedagógico, la falta de conciencia crítica, el involucramiento de las familias, la perversa manipulación partidaria y las practicas anti-éticas y anti-políticas de directivos, personal técnico y docentes, cuando priorizan los intereses corporativos, partidarios y/o personales, a la búsqueda de una educación digna, orientada al bienestar colectivo.

En definitiva la cuestión de la exclusion educativa es una problemática que tiene que ser analizada con mayor profundidad, desde una clara y precisa inserción comunitaria y articulación de las y los actores educativos, en el contexto y en la realidad de las comunidades urbano-marginales y rurales, de donde provienen la mayor parte de las personas: niños, niñas, adolescents, jóvenes y adultas que, como ejercicio de un derecho fundamental, acceden a la educación pública. Ofrecerles un servicio educativo digno tendrá que seguir siendo el compromiso indelegable de los actores y actoras concientes, realmente comprometidos con la educación digna y el mejoramiento de la calidad de vida de los sectores sociales tradicionalmente excluidos.

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