Dentro del bosque

La democracia desquiciada

Por Ylonka Nacidit Perdomo

A Julio Pérez, Director de Comunicación de Revoltiaó.

Adorado Julio:

La democracia se puede convertir en un caballo que va sin jinete, que corre solo a todo galope a ciegas, porque «estar a ciegas» es no tener guía. La democracia puede de golpe agotarse y, ser descontrolada por grupúsculos de irresponsables. La democracia –históricamente ha sucedió así desde el siglo XVIII- se hace sujeto de un levantamiento de liberales, de conservadores, de demócratas, anti-demócratas, de autárquicos y de anarquista, en fin, de la reunión de todos, de los que tienen derecho al sufragio universal y de los que no lo tienen o lo tuvieron antaño.

La democracia lleva años (aquí) siendo una «política de foros» (por la televisión, por la radio, por las redes, en las plazas, en los caminos), en fin, donde se quiera y cómo se quiera.

La democracia se agota, y cuando se agota va rumbo al desastre. La democracia sucumbe de manera inequívoca cuando se amenaza a las leyes de obediencia que, son el tejido social que compartimos. La democracia no es duradera, también es perseguida y desterrada de los pueblos y por los pueblos y, es por esto que hay que aprender las lecciones del pasado cuando la democracia es perseguida y desterrada, porque luego se hace difícil retornar a ella con la lección bien aprendida.

Dijo, uno de mis grandes maestros en la lectura de textos sobre política, Francis Bacon, que el «tiempo es el gran innovador». Hace años leí esto, y recuerdo otra frase de un Rey español, creo que Alfonso XII que pronuncio con suma calma: «el tiempo y yo. »

Este tiempo es el más versátil que he conocido, donde la continuidad de la democracia en nuestro país depende de cada ráfaga de viento que va a soplar, porque las pocas luces de entendimiento y de razonamiento se enarbolan, se camuflan, se apagan, se acrecientan, se disminuyen, se desestabilizan, y pierden el sentido de lo que es la institucionalidad.

Aunque no estamos en otoño, se aproxima la primavera. La estación más apropiada para los pueblos alcanzar y construir la felicidad anhelada; una felicidad que no se aprende sólo a través de los libros, sino en la praxis, en la costumbre. Sé que estamos ante la encruciajada de dos caminos: continuidad y/o cambio.

Pero me aterra, por el cual se transita ahora; porque quizás, no tenga líderes contemporáneos para motivar con alta credibilidad a las voluntades que procuran continuidad y/o cambio.

Lo que acontece en este momento es un proceso político-social, social-político que si no comienza a madurar, ya ha madurado. Por esto, la pregunta a hacer es: ¿dónde están los líderes sensatos que requiere este momento?, porque en este país se padece del síndrome de todos marcar como propios territorios que son colectivos.

¿Se ha pensado, por un instante, sobre las fronteras que existen entre la ley, el orden, y las sofocantes esperas de los pueblos de alcanzar la felicidad anhelada?

Julio: Sé que en nuestro país se ha olvidado que, al otro extremo de todo hay un liderazgo global, transnacional, que renueva las estructuras de la política tradicional. Es el liderazgo juvenil que está motivado hora por hora a la actualización constante de sus creencias, de sus ideas, de sus prioridades, de su ser, y de encontrarse con sus iguales. Sé que, ese liderazgo no tiene lo hábitos adecuados de la espera, de esa espera que a nuestros padres le demoró tres décadas de su vida encerrados en una dictadura, y a las generaciones posteriores, encerradas en una suerte de continuidad de una dictadura de doce años.

¿Qué ocurre en la actualidad, Julio? Que el mundo tiene cambios de una manera veloz, y la instituciones del Estado han perdido la capacidad para comprender que ya no vivimos en la Edad Media, ni esta juventud global -como nuestras madres y nuestras abuelas- va a sentarse a un parque o a la orilla de un río a leer a Thomás Kempis, y su libro Imitación de Cristo. ¡No! No van a escoger, ustedes, la vida contemplativa, sino la vida de chispa, la vida chispeante de vitalidad, la vida posible, maravillosa que le ofrece la naturaleza que hacen suya, que cuidan más que quienes le anteceden.

¿Es que no nos damos cuenta que, en esta República ha florecido, reverdecido una nueva Primavera… Que ustedes, los jóvenes, no son los mismos de antes, que tienen otras formas y otras dimensiones de vivir, que no pueden esperar más a que el planeta se precipite a su destrucción total?

¿Es que no se comprende que aún persisten deudas no sólo sociales, sino humanas impagables; que estamos, por primera vez, ante la dificultad de preservar la jerarquía de los valores aceptados como universales?

Jorge Simmel (1939) cuando escribió sobre las «formas» posibles para la interacción social, en los momentos en que, en las sociedades acontecen fenómenos inesperados, insólitos, inauditos o inéditos, creó una categoría sociológica a la cual llamó «tríada», es decir, tres clases de relaciones posibles para actuar, y lo traigo a colación porque lo que se requiere es «nuevos sociotipos» de individuos que puedan cooperar a que no se produzca como desenlace final el derrumbe total de la institucionalidad, o el inicio de la decadencia de la nación, y con ella del Estado y, por supuesto, del país, porque le temo –y esperemos que no- a que se produzcan oleadas de desobediencia.

Siempre y, lo digo: no es lo que se ve. Hay fuerzas poderosas ocultadas destructivas, que alteran todo (foráneas e internas) que se hacen hostiles entre sí, aunque en el presente se encuentren fragmentadas; esas fuerzas no pierden “chance”, influyen, se adueñan de la creatividad de los otros; son parte del sistema, del status quo, y como tales están ansiosas de que el sendero sea: el tranque, para la destrucción de todo a su alrededor; o que se estanquen los procesos.

Esas fuerzas saben, la gente joven tiene energía. Una energía de calidad, de alto voltaje. Y todo apunta, a «lo que es», a «lo que va a hacer»: a que los líderes jóvenes se puedan escapar –a tiempo- de esas fuerzas, porque tienen otros tipos de adiestramiento, que no es la simulación.

Julio: sé que la gente joven no sabe lo que es la resignación. Tienen estrategias de resistencia que promete una organización impecable de trabajo; saben compartir las tareas; no persiguen apropiarse del electorado cautivo, ni desarrollan sus labores por recompensas espurias; saben comunicarse, y saben cómo motivarse entre ellos de manera pura.

Julio: cuando se está en un momento tan versátil como éste, la rigidez de ideas es mortal; el disenso es la alternativa; y el pluralismo de convergencias se debe examinar con extremo cuidado. Hay riesgos cuyos resultados solo lo saben calcular los envejecientes; pero hay otros riesgos que sólo los hace posible de saber sus resultados positivos: la pasión y el corazón vibrante, que late fuerte cuando recibe una ráfaga de energía vital.

No hay mayor ráfaga de energía vital que, la libertad, la ruptura, salir de un encierro, ver otro mundo, otra luz, salir a otro espacio. Es la ley de la naturaleza, por eso al nacer todos rompemos la fuente de nuestra madre; llegamos a otro mundo, a ser, quizás, abstractamente libres.

Estamos dentro de un invernadero que puede tener una siembra favorable por el clima; siempre cuando se expanda en él un semillero de buena calidad. Los jóvenes son ese semillero, los visibles, que están ligados entre sí, sin el afán de lucro de las franquicias de los partidos tradicionales. Todos tienen una energía que no se extingue fácilmente, porque gozan del tesoro de la juventud. Son tan originales en sus discursos, en sus pancartas, que despiertan sentimientos encontrados: lágrimas, admiración, respeto, necesidad de abrazarlos, de besarlos, de aclamarlos, de decirles lo que necesitan escuchar a sus oídos, de todos los que estamos sumergidos en este momento clave, muy clave, para toda una generación.

No puedo ser indiferente. No puedo ir a dormirme de noche, sin ver por las redes que no es necesario el uso de la pólvora para «hacerse oír». «Hacerse oír» es una tarea de todos; es una cuenta pendiente de las generaciones que les anteceden a ustedes, de aquellos que se inmolaron durante la dictadura de Trujillo, de los que perecieron en el 65, y de la generación mutilada del 70.

Por favor, Julio: no dejen que nadie distorsione el sentido de sus protestas. Observen que les miran. Hay unas especies de auditores externos que se muestran interesados en acomodarse en sus logros, en los de ustedes. El futuro es visible. Las ideologías son instrumentos de dominación con distintos significados. El futuro vendrá. Vendrá el futuro decoro como ustedes lo quieren y lo anhelan, y sentirán tanto alivio luego, que van a sonreír abrazados en masa. No están apostando en vano. Ustedes son profetas del honor. Los retoños de este siglo XXI. Los retoños esperados.

Témanle solo al ruido estrepitoso de las falsas sirenas. Téngalas identificadas. Para hacer lo que ustedes han hecho se necesitaba el coraje de la Raza Inmortal. Coraje y voluntad, y el don del amor.

Julio: llamémosle a este tiempo «renacimiento» y, si tú quieres: «renovación». Te he dado dos «R» más a tu palabra de «revoltiaó», que es la triada con la cual se puede actuar en el presente para que, finalmente, como líder que eres, alcances todos ustedes sus ideales.

La triada, que se asemeja a la palabra tribunal, que es como la Santísima Trinidad, como el significado del número «tres», que es el triángulo cósmico, desde el cual nació esta REPÚBLICA, que tanto amamos, te la escribo, para que tengas una idea –si deseas atender mi solicitud- de qué sigue ahora, o creo que puede seguir ahora. Se requiere de personas-jóvenes que puedan actuar, siguiendo las ideas de Jorge Simmel, te las cito:

«Como un mediador y en virtud de su presencia crear un equilibrio de poder entre los otros miembros del grupo» [Este mediador debe actuar entre ustedes, la Junta Central Electoral y el Estado dominicano].

«Como árbitro, y armonizar el conflicto entre las otras dos [partes] permaneciendo neutral. »

«Como explotador del conflicto potencial entre dos, dividiendo y conquistando al enemigo [el enemigo aquí son quienes quieren que nuestra democracia esté desquiciada]. »

Recuerda Julio: Juan Pablo Duarte no se equivocó, cuando puso a la REPÚBLICA bajo la protección de la Santísima Trinidad.

Espero que me perdones, hacer pública esta carta.

Te bendice, tu madre, Ylonka

Sábado 22 de febrero, 2020.

11.22 am

 

Nota: Todas las fotografías fueron tomadas por Julio Pérez

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