Opinión

La carta de Amaury a Caamaño

Por César Pérez

El pasado 12 de enero se conmemoró el 40 aniversario de la inmolación de Amaury Germán, Bienvenido Leal, Virgilio  Perdomo y Ulises Ceron, dirigentes del  grupo Los Palmeros que resistieron durante casi un día la embestida de tanques, aviones y de 1700 efectivos militares y policiales. Finalizada la acción, los cuerpos represivos tomaron una carta de Amaury dirigida a Caamaño, en la cual relata con amargura y entereza, las malhadadas relaciones entre ese grupo y el Coronel Caamaño.

Si bien la carta fue publicada por la jefatura de la Policía Nacional para con ella justificar su criminal participación el hecho, presentándolo como parte de una “conjura internacional”, la misma es poco conocida y sido consciente o inconscientemente condenada al olvido. Ello así, porque su existencia permite conocer algunos elementos de las  circunstancias que producen el hecho y para comprender el contexto nacional e internacional que de alguna manera contribuyeron a la configuración y culminación del hecho, del impacto que este pudo haber tenido para el movimiento revolucionario nacional de aquel entonces y de su presente.

En efecto, en la carta Amaury relata el origen del proyecto insurreccional de  los Palmeros, el cual comenzó a gestarse en 1967, pero que al ellos enterarse del proyecto de  Caamaño en Cuba subordinaron el suyo al de este. A partir de entonces, en gran medida, ambos proyectos, se desarrollarían en una sola velocidad y eso, a la postre, se convirtió en uno de los factores determinantes del trágico final de ambos proyectos.

Amaury se queja en su carta, que a pesar de que ambos llegaron a varios pasos para llevar a puerto la insurrección en el país, de parte del Caamaño y de los Comandos de la Resistencia radicados en Cuba hubo un incumplimiento de esos pasos, poniendo varios ejemplos de lo que entiende fueron acuerdos no cumplidos. Pero lo que más le amargaba eran los efectos que en su grupo producía la incomunicación que existía entre Caamaño y Los Palmeros radicados en nuestro país.

Esa incomunicación, se dice, tenía como trasfondo el  cambio de la política de apoyo a los movimientos armados en la región de parte de la dirección cubana, que se reflejaba en el apoyo de esta al proyecto de Caamaño y como consecuencia, al de Los Palmeros. Ese cambio se produjo luego de la intervención de la ex Unión Soviética en Checoeslovaquia y a ese hecho Amaury se refiere en su carta.

Independientemente esta circunstancia, el hecho es que los proyectos de Amaury y Caamaño terminaron trágicamente con la muerte de ambos, el primero acompañado de 3 combatientes y el segundo con tan solo 8 y con el final de ambas experiencias, evidenció claramente que partir del inicio de la década de los 70, la lucha armada en este país no era ni es viable.

En tal sentido, la lectura de la carta permite establecer conocimiento sobre el nexo entre ambos proyectos insurreccionales, del contexto en que estos se desarrollan, más allá de las personalidades, además del impacto que tuvo la década de los 60/70 en la historia reciente de este país en general y de la izquierda dominicana en particular. Sirve la lectura de esa misiva para se pueda establecer una memoria sobre esos hechos de manera objetiva.

La memoria, nos dice Kristin Ross, es un espacio de lucha, pero lo es sólo cuanto esta se construye de manera objetiva, diáfana y sin injustificables olvidos. Impidiendo que ella sea manipulada por los poderes fácticos e institucionales para afianzar su dominación. El rescate de la memoria de la heroica jornada del 12 de enero de 1972, en toda la dimensión de esa gesta, constituye un imperativo para todos aquellos que por décadas nos hemos batido por la igualdad y la libertad.

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