Al amanecer

La amenaza “online” y las redes sociales

Por Jesús Rojas

¿Es Google la antesala de la novela de ciencia ficción 1984 de George Orwell? ¿Constituye la red online y los medios sociales, Twitter, Facebook, Whatsup, y otros el preámbulo del mundo que se nos viene encima para sustituir al ser humano con medios tecnológicos, vigilarnos y convertirnos en un cliente más, en un producto más, en una persona cosificada e insustancial a nivel nacional e internacional ?

La reciente novela del escritor y periodista estadounidense Dave Egger, The Circle (El Círculo), publicado por Indie Print Publishing vislumbra una amenaza insidiosa de la nueva tecnología que, más allá del espionaje cotidiano entre naciones rivales y amigas, el uso de la red y los medios sociales por parte del Big Brother o el gobierno que espía, refleja la manera en que millones de personas viven y dependen de un “twit”, un correo electrónico y la marejada de información ambigua, insustancial y limitada que convierten al portador de un teléfono móvil en alguien controlado por ese círculo dantesco.

La historia trata sobre Mae, una joven moderna emocionada con la idea de trabajar en el Ministerio de la Verdad, una corporación ficticia que tiene como misión hacer un mundo mejor, por medio de una mayor transparencia internacional, donde el dinero es una utopía y cuyos empleados o circulistas reciben vestimentas, alimentos y cuidado médicos gratuitos. Pero el precio a pagar por ese privilegio es mucho más alto de lo que ella esperaba.

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El uso excesivo de las redes lleva al usuario a un punto de saturación sin retorno. Lo cierto es que nadie necesita el nivel de contacto social o mediático que la tecnología ofrece y ha creado

Los miembros del ministerio tienen la obligación no de participar socialmente en la red, sino de colocar “post” o mensajes en los foros, compartir lo que conocen con el ser humano. De tal manera que llega un momento en que pueden ser reprendidos si no circulan mensajes en todo momento y en todo lugar a través de las redes sociales, correos electrónicos y zips. Tanto así que sus días transcurren como un zombi, olvidando su vida real, adicta y con un ojo permanente en su teléfono celular.

El Ministerio de la Verdad elimina todas las contraseñas y las identidades múltiples de sus circulistas. Sus dispositivos conocen dónde está usted y su propia identidad, su verdadero yo, el TruYou. El mismo que recibe y envía mensajes de texto, video, sonidos, electrónicos, responde, revisa, escoge y dispone cuáles su cliente debe ver y si éste debe ser visto o no. El que dispone el uso de su verdadero nombre, vinculado a sus tarjetas de crédito, cuentas bancarias. Y al final, el pago de todo de una manera simple: con un clic: un botón para el resto de su vida online.

El autor de la novela The Circle antepone al grado de inconciencia de Mae con la conciencia off-line de su novio Mercer, quien descubre que mientras más transparente se transforma ella, de manera informacional, más insustancial y opaca se diluye ella como persona. Por eso, él concluye que los instrumentos que la tecnología ha creado en la actualidad “manufacturan de manera anti natural las necesidades sociales del ser humano”.

El uso excesivo de las redes lleva al usuario a un punto de saturación sin retorno. Lo cierto es que nadie necesita el nivel de contacto social o mediático que la tecnología ofrece y ha creado. La verdad que se propala online no hace a nadie libre. Lo único cierto es que convierte la vida individual en una especie de circo narcisista de actuación pública, saturado de dinero y sin sentido trascendente en lo absoluto, mientras avanza reinventando el mundo conocido y trastocándolo en un infierno de contacto social, vigilancia y observación mutua.

Sería interesante ver qué grado de atracción pública tendrá la novela The Circle, a la luz de la actualidad y la influencia que tiene cada día la red y los medios sociales en la nada cotidiana. Como dijo uno de los circulistas: “Mi problema con el papel es que todas las comunicaciones mueren con él. No tiene posibilidad alguna de continuidad… y el papel se acaba y finaliza conmigo”. Entonces, tomó mi celular y empiezo a chatear, a textear o a twittear…

 

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