¨No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, un escuadrón de acorazados.”  José Martí.

 

Estamos viviendo en nuestro medio en un proceso interesante y enriquecedor, y ante el cual no podemos ser indiferentes. Estamos ante la confrontación entre las ideas. Las ideas de lo viejo y las ideas de lo nuevo. Lo interesante sigue siendo, que no tiene un ámbito exclusivo o excluyente. Toca el ámbito cultural, lo social y económico, el ámbito ambiental y político. Estamos frente a una “batalla de las ideas”. En esta batalla, las ideas no deambulan sueltas o al garete, ellas están representadas por personas e instituciones, grupos, sectores que le dan cuerpo. Las ideas no son razonamientos vagos o disquisiciones intelectuales. Las ideas tienen ropas y actitudes, tienen posturas y conductas que se expresan en nuestro diario vivir; tienen nombres y apellidos que las encarnan y las representan. Cuando confrontamos a alguien por lo que piensa y expresa, no enfrentamos a ese alguien como persona, sino las ideas que representa.

Las ideas representan sentimiento y valores. No existen ideas vagas. Ellas vienen  a reforzar un estado de cosas o a ponerlo en apuro. Cuando comparamos la representación de Jesús, Judas y Barrabas esto queda bien claro. Jesús el hombre integral, solidario, aliado de los jodidos, que renuncia al bienestar propio para pelear por el ajeno, con un estilo de vivir que escandaliza a los poderosos, que no cedió a la seducción triple del poder-tener-placer que ofrece la sociedad, para hacernos seres que valemos, según su parecer. No se aprovechó de la muchedumbre para explotarla a favor de alcanzar riquezas y posiciones socioeconómicas y políticas. Jamás negó su vinculación social para parecer gracioso. No se vinculó al poder religioso podrido, entreguista y traficantes de oportunidades y negociantes con la desesperanza y el sufrimiento del pueblo para parecer más respetable. Atacó el uso de la religión como negocio. Era antiimperialista, los imperios son malos todos. No apoyó las legislaciones que favorecían las debilidades del hombre y condenaban las de la mujer. Anduvo con malas compañías ante los ojos de una sociedad hipócrita (prostitutas, pescadores, celotes, recaudadores de impuestos, leprosos etc.).

Jesús no sólo causo problemas por sus ideas nuevas. Sino por su actuar nuevo, que rompió con los estándares del momento. Esto lo hizo subversivo, como toda idea nueva que es solidaria, humanista.

Judas aunque estaba con Jesús, siguió pensando y actuando con las herramientas de lo viejo. Se resistió a asumir la solidaridad como un estilo de ser y vivir. Colabora con los planes de la sociedad que quiere abortar lo nuevo. Los que quieren vivir bien a cualquier costo. Traicionando, pisoteando los intereses comunes por los particulares. Engañar al pueblo, traicionarlo, humillarlo, aliarse a la corrupción y a la podredumbre por “conveniencia política”,  sin importar que el pueblo sufra o muera, como ha sido el modus vivendi de los políticos degenerados de nuestro tiempo. Judas se vende, a Judas lo compran. Tiene un precio, porque él es un producto del mercado, donde todo se compra y se vende al mejor postor. Judas, es el arquetipo de los que se alían con lo siniestro, lo perverso. De los que propugnan las ideas de las conveniencias particulares y de grupos (de los ghethos sociales y económicos). Están allí las ideas de los que dividen para hacerse Mesías. Judas es su patrón.

Barrabás, un “luchador del pueblo”, aliado a las mañas y mediocridades del pueblo, que el mismo pueblo ha construido para esconder sus miedos, sus vergüenzas, sus indiferencias, sus maldades. Un Mesías que supuestamente a nombre del pueblo, quiere cambiarlo todo de golpe y porrazo, pero sin pasar por un proceso de cambio paulatino, transformador, interiorizando las ideas y posturas más acorde con la integridad, no solo cambiar el color del vestido sino el vestido. Un Barrabás, que al fin y al cabo, sale beneficiado con la libertad que le regala el mismo poder que engendró todo lo malo, para condenar al que vive de acuerdo a los valores de lo nuevo. Jesús es crucificado, como lo son es nuestra sociedad las ideas de solidaridad y amor. Y Barrabás es  absuelto, para felicidad de un pueblo enardecido, que estaba siendo manipulado, por todos los medios al alcance, de los padrinos de ese proceso.

Sin embargo, Judas sigue siendo el traidor, Barrabas pasó al olvido, mientras Jesús el hombre nuevo, aunque lo asesinaron, resucitó y la historia lo reivindicó. Esto nos dice que la maldad, la traición, la mentira, el engaño, la injusticia, la explotación del hombre por  el hombre, la falsedad y la doble moral no tienen la última palabra de la historia, aunque tengan muchos adeptos y poder, solo la verdad y la solidaridad sobreviven.

En nuestros espacios diarios de convivencia debemos detectar los grupos, actores, instituciones que representan y propugnan por las ideas de Judas, Barrabás y las ideas de solidaridad. Jamás sentarse en la mesa a cenar con Judas ni Barrabás.  Animo a los que van por el camino que nos trazó Jesús, para servir en la retaguardia o en la vanguardia a la solidaridad, como buenos soldados.