En mangas de camisa

Inconvenientes de la mentira

Por Melvin Mañón

Estados Unidos, a través del Departamento de Estado, se ha desvinculado del acoso al presidente Evo Morales y ha dicho que no tuvo nada que ver con la decisión de Portugal, Italia, Francia y España de negarle al presidente boliviano el uso de su espacio aéreo también conocido en la industria de la aviación y el derecho aeronáutico como Primeras Libertades Aéreas.

Pero yo no creo en ese desmentido ni siquiera en la persona de John Kerry.

James Clapper, el jefe de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos es el último de muchos casos de funcionarios de alta jerarquía en admitir públicamente haber mentido al Congreso o alguna otra autoridad. Clapper, cuando el congreso investigaba lo que ahora es un escándalo internacional, es decir las escuchas masivas e ilegales, mintió en mayo de este año y hubo de admitirlo hace apenas algunos días ante el senado.

Y ese es el problema con la mentira.

Cada fiscal o abogado en cada caso judicial que haya sido alguna vez presentado en el cine o en documental siempre invoca lo siguiente: cuando un testigo de la defensa o de la fiscalía o incluso cuando el mismo procesado ha mentido antes, la parte que interroga siempre, invariablemente busca invalidar el nuevo testimonio aludiendo a la mentira del anterior y dicen:

Usted mintió antes y así lo admitió. ¿Como quiere que le crea ahora? ¿cómo puedo saber cuando lo que dice es mentira y cuando es verdad?

Y ese es el problema con la mentira. Por eso los gobiernos, la autoridad, los funcionarios no deben mentir, pero lo hacen.

¿Como puedo creerle  hoy al Departamento de Estado?

Naturalmente, puedo someter la negativa a escrutinio y decir: si hubiera sido un solo país podría creerlo, pero no es verdad que cuatro países en cuestión de horas podían haber, todos, adoptado la misma medida.

No hay dudas de que la mano de EEUU está detrás.

Pero tampoco necesitamos el estudio de esas circunstancias.

Hay una cuestión de principios.

EEUU ha perdido su credibilidad. Ahí está el precio a pagar. Ni siquiera en el caso de que fuera verdad que los EEUU no tuvieron nada que ver en la negativa de espacio aéreo al presidente boliviano estamos dispuestos a creerle.

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