En el mundo de la política como lucha por el bienestar común a veces creemos que sabemos de lo que estamos hablando, creemos que estamos ante una forma con afinidades de ver la realidad, que somos personas que tenemos en común en que podemos captar los sufrimientos, las injusticias… Y estimamos que existe una sociedad social, apta, éticamente, en materia de bondad.

Se diseñan instrumentos para recoger los sesgos, las realidades que hay que mejorar. Y existen instrumentos de planificación, la Estrategia Nacional de Desarrollo (END), los censos, los Objetivos del Milenio, los Objetivos del Desarrollo Sostenible 20-30, las investigaciones con líneas de base, censos, datos, PLANEG III, que nos dicen hacia donde debemos mejorar; etcétera.

Creemos que estamos montados en el mismo tren. Si no logramos tener miradas comunes, una conciencia común, no nos imaginamos que alguien pudiese justificar que la desigualdad no es un problema, y que hay que hacer lo mismo para mujeres y hombres porque se trabaja con “inclusión”.

Pero lamentablemente sucede que hay personas “buenas”, “profesionales”, “técnicos”, incursionando en cargos públicos que no tienen la menor idea sobre lo que es el cambio social, el bienestar, y no sienten estar llamados a mejorar las cosas, la igualdad; y ante esa indiferencia y ceguera, en su hacer político, dejan todo igual, y más bien hacen que se retroceda en la igualdad. Y dejan las discriminaciones, tal y como las encontraron.

Accionar sin tomar en cuenta las desigualdades es estar estancados en materia de desarrollo sostenible, en progreso, derechos humanos… Y lo más triste es que hay políticas, políticos, que usan frases tales “cambio” y tienen pocas ideas de cómo se trabaja el cambio.

En materia de la discriminación en que viven las mujeres hace ya unos doscientos años que la conciencia de la humanidad está despertando. No se acepta que las mujeres tengan menos poder económico, político, técnico, social, por ser mujeres; es decir es inaceptable para la conciencia hegemónica actual que las mujeres tengan menos poder debido a su sexo. (Valcácer, Amelia. Sexo y Filosofía. Sobre “Mujer” y “Poder”. 1991. Editorial Anthropos. Barcelona, España.)

Más en la República Dominicana hemos estado experimentando en estos días una triste realidad. Hay funcionarios/as, técnicos, que entienden poco sobre cambio social; con la penosa realidad de que tienen cargos donde deben impulsar cambios hacia la igualdad y no entienden de lo que se trata la igualdad, ni la equidad, ni la discriminación positiva, ni las acciones afirmativas o las leyes de cuota… en materia de género.

Quiero ilustrar lo que comento con ejemplos. La equidad es una política que prioriza elevar la condición del que está más vulnerable. Resulta que han llegado funcionarios a cargos que han importantizado poco programa de este tipo de acciones afirmativas para superar sesgos de discriminación, porque ellos/as creen en la “inclusión”. Y que ellas/os hacen lo mismo tanto para el hombre como para la mujer, sin importar las diferencias.

Se sabe que tradicionalmente la cultura patriarcal no ha alentado a las mujeres a que se destaquen en la ciencia, las Tics, matemática, etcétera, y que esa brecha digital le resta poder a las mujeres.

Cuando se nombran en cargos a personas que no saben de políticas de igualdad, pues desbaratan lo que va encaminado. Y en nombre de una supuesta “inclusión” no aplican programas diferenciados para elevar la situación de la persona con menos desarrollo.

Y estas personas creen que “inclusión” es hacer lo mismo para mujeres y hombres sin importar los sesgos, y mantienen la condición de las personas con más exclusión.

Urge que el Ministerio de Educación, el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de la Administración Pública, el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, MESCyT, y todos los ministerios, agilicen las capacitaciones en políticas de igualdad y equidad de género como ejes transversales. La Igualdad de género, las políticas de equidad, la discriminación positiva, las acciones afirmativas son  conquistas programáticas de las mujeres dominicanas, y no debemos retroceder.