Ciudadano Corporativo

Gobierno corporativo 2021: un salto cuántico (1/2)

La resiliencia de las organizaciones reside en su buen gobierno, y este en la capacidad de las empresas de entender y gestionar un nuevo entorno de responsabilidades y riesgos.

Por Omar Victoria Contreras

Durante 2020 fuimos testigos de grandes cambios en materia de gestión empresarial. La realidad instaurada a causa de la pandemia se convirtió en agente catalizador y disruptivo, motivando modificaciones importantes en principios, reglas y prácticas de gobierno corporativo (GC). Esta nueva realidad, lejos de quedar encapsulada en un momento particular, por el contrario, ha producido situaciones que se extienden e influyen -como mínimo- a la agenda de 2021.

Tanto desde la óptica jurídica como de la gestión corporativa, resulta esencial comprender qué nos depara este nuevo año, sobre todo cuando resulta evidente que se ha marcado un nuevo antes y después. Para nuestro sistema en particular, puede implicar un salto cuántico. A continuación, les comparto seis ámbitos sobre GC que impactarán de forma relevante la agenda de empresas y organizaciones en 2021, y, en gran medida, condicionarán el futuro de la materia.

No hay excusa para la indiferencia. Atrás queda la idea de que el GC es un tema exclusivo de sociedades cotizadas en bolsa o entidades financieras especialmente reguladas. Los cambios regulatorios y las exigencias de los mercados demuestran que la buena gobernabilidad interna forma parte del núcleo esencial de las empresas y las organizaciones modernas.

Desde la óptica financiera, el GC no solo es importante sino esencial para acceder al crédito o financiamiento, a inversión de terceros -pública o privada- e incluso como condición habilitante en la participación en regímenes especiales como contratación pública o tercerización de servicios. Por el lado de la gestión, los datos empíricos muestran de manera consistente que a mejor GC mayor resiliencia empresarial -tan esencial en estos tiempos aciagos. Aún más, la práctica comparada muestra que a mejor GC mejor gestión de riesgos y, por tanto, menor exposición, no solo a los riesgos tradicionales del negocio, sino a los más recientes, complejos y determinantes: Ej. cumplimiento, reputación o ciberseguridad.

Darle la espalda a esta realidad es aislar poco a poco a la organización de la vida corporativa actual. Poco importa si la organización es grande, mediana o pequeña; si es familiar, pública o concentrada; si opera en el sector financiero, energía o comercio. Cada organización requiere su dosis de GC. La indiferencia significa aislamiento y, en cierta medida, ignorar los deberes de una buena administración.

La virtualidad pone a prueba la capacidad de gestión. No cabe duda de que uno de los pasos más trascendentes derivados del COVID-19 ha sido la migración en masa -y en poco tiempo- hacia una gestión virtual o cuasi-virtual. Estar a decenas o cientos de kilómetros y participar en una conferencia, reunión o presentación y tomar las decisiones ahora es lo común. Sin embargo, al igual que ha pasado en ámbitos como la docencia, la no presencialidad activa otras exigencias si se busca, en este caso, una gestión consistente con el logro efectivo y eficiente de los objetivos de una organización.

La información levantada alrededor del mundo muestra que esta virtualidad de los órganos de gobierno y gestión requiere de mejor y mayor preparación de los directores y ejecutivos, así como de una dedicación reforzada en tiempo, conocimiento y habilidades de interacción para ejercer las funciones de manera apropiada a la realidad empresarial. Y es que la virtualidad tiende a dar la falsa impresión de que los problemas, las urgencias, los efectos adversos de las decisiones o la asunción de riesgos se encuentran igualmente distantes. Por tanto, el GC telemático matiza el cumplimiento de los deberes fiduciarios de los administradores, poniendo a prueba la importante capacidad de gestión.

Un impacto directo de lo anterior se observará en la tendencia a mejorar -o activar- los procesos de evaluación de las prácticas y reglas de GC de las empresas, de forma que se logre medir con mayor precisión el impacto de la nueva realidad en el desempeño interno y se puedan adoptar medidas de mitigación y mejora.

Gobernanza digital. En un artículo de marzo de 2020 titulado “La crisis y el gobierno corporativo a distancia”, comentamos los procesos de adecuación de las reglas de GC para responder a las exigencias derivadas de la pandemia, en particular en el ámbito de las normas y criterios regulatorios para la operación a distancia de los órganos de gobierno y administración de las organizaciones y empresas. Durante la segunda mitad de 2020 jurisdicciones de todo el mundo aprobaron modificaciones en el sentido de favorecer, por ejemplo, que las reuniones de las asambleas de socios, de los consejos de administración u otros órganos internos relevantes tengan mayor flexibilidad al momento de cumplir con deberes en materia de reuniones, convocatorias o entrega de información.

En España, mediante el Real Decreto-Ley 11/2020, se adoptaron medidas extraordinarias aplicables a las personas jurídicas de Derecho privado, permitiendo, entre otras, que los órganos de gobierno y administración pudieran reunirse por otros medios a distancia a los ya previstos en el Real Decreto-Ley 8/2020, así como que las reuniones de las asambleas de socios pudieran realizarse por medios telemáticos aún y esta posibilidad no hubiese sido contemplada en los estatutos sociales. De igual manera, el Estado francés adoptó la ordenanza 2020-321 mediante la cual se adaptan las normas para las reuniones y deliberación de los órganos de gobierno de las personas jurídicas de Derecho privado.

En nuestro caso, en este tema, nos encontramos en el mismo punto que al inicio de la pandemia. Y si bien en el artículo antes citado comentamos ciertas disposiciones legales domésticas en el ámbito de reuniones a distancia de las sociedades comerciales, su ambigüedad, pero sobre todo los aspectos de su formalización dejan un amplio espacio de interpretación y por tanto de riesgos. Aún cuando las empresas y sociedades han sido proactivas en la utilización de los medios telemáticos para agotar sus responsabilidades, nuestra legislación debe avanzar para cubrir con seguridad ámbitos como la validez de las firmas electrónicas, la capacidad de reuniones mixtas o la flexibilidad para este tipo de reunión con efecto vinculante más allá de las sociedades comerciales: por ejemplo, las asociaciones sin fines de lucro.

La gobernanza digital es uno de los ámbitos cuyos cambios serán duraderos. Enfrentar estos efectos de la crisis en la vida empresarial y de las organizaciones no resulta menos importante, por lo que nuestra agenda legislativa y regulatoria debe despertar.

En la segunda entrega de este artículo completaremos la lista de tema relevantes de GC para este 2021.

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