Trazos del pensar

Elogio del autodidacta

Por Odalís G. Pérez

El autodidacta es el intelectual de base de toda la cultura humana. El autodidacta es el maestro de las culturas occidentales y orientales. El autodidacta funda la historia intelectual de las culturas otrora llamadas del tercer mundo. Surge esta función como clave formativa y transformadora desde la cultura-movimiento, esto es, desde la cultura que se constituye a partir de las raíces, las formaciones, las representaciones y acciones socioculturales.

En efecto, el autodidacta es el intelectual, la figura cultural, política, literaria, histórica y jurídica que ha atravesado la sociedad humana en sus recorridos horizontales y verticales. La escuela, la academia y toda institución educativa nacen desde la necesidad autodidacta en la cultura y por la cultura. Los valores del intelectual y del maestro autodidacta se conforman en el desarrollo de sociedades determinadas y constituidas por sus fuentes, valores, fundamentos y acciones.

Cuando decimos que el autodidacta es una función intelectual activa, partimos de lo que nos demuestra la dialéctica misma de la historia del hombre en sus diversas culturas. El educador es el autodidacta por excelencia. Su voz recoge, selecciona, divulga domestica, remite y transforma al sujeto humano y social, convirtiéndolo en un multiplicador funcional de la cultura, de los hábitos y formas productivas de la sociedad.

El autodidacta nació con la cultura popular misma; nació con la voluntad de asumir actos y acciones intelectuales de las culturas en los diversos mundos de la vida y por lo mismo, ha sido el poeta, el profeta, el filósofo, el orientador crítico y moral comprometido con las fuerzas culturales del mundo o los mundos sociales en transformación.

La paideia griega, cristiana y renacentista nos muestra un ejemplo fundamental del reconocido autodidacta: Sócrates, Platón, Aristóteles, Orígenes, Clemente de Alejandría, Plotino, San Agustín, San Anselmo, San Ambrosio, Ibn Jaldum, Tertuliano, Beato de Liebana, Marsilio Ficino, y gran parte de la intelectualidad renacentista. Los ejemplos abundan en las sociedades modernas y tardomodernas, pero muchas veces no se consignan en las historias intelectuales oficiales al uso. Los ejemplos muestran, también, una tensión que ha dividido las culturas históricas desde el punto de vista de sus intelectualidades y sus presencias o conflictos epocales.

De esta suerte, el autodidacta ha querido siempre mostrar el valor de su sabiduría o sus saberes a través del pensamiento y la divulgación. La cultura oficial no asimila siempre al autodidacta, como tampoco lo asimila la academia, o sea, el colegio, el liceo, la universidad, el instituto. La escuela tampoco le acuerda valor o estatuto intelectual al autodidacta.

Gran parte de nuestra intelectualidad está conformada por brillantes y grandes autodidactas. Los nombres de Juan Bosch, Rafael Herrera, Rufino Martínez, Félix Reyes, Manuel del Cabral, Domingo Moreno Jimenes, Orlando Martínez, Narciso Isa Conde, Gregorio García Castro, Dato Pagán Perdomo, Maximiliano Gómez, René Carrasco, Fradique Lizardo Barinas, Cándido Gerón, y otros, constituyen un mapa de la autoformación y la autoafirmación del conocimiento obtenido fuera de la academia y no sujeto a título universitario o profesional alguno.

Gran parte de los políticos dominicanos de izquierda, derecha o centro, han hecho profesiones de fe desde su autoformación, ideas y obras significativas para contribuir al desarrollo cultural y social del país. El hecho de que el autodidacta no haya tenido un lugar de importancia en el orden educativo y cultural del país se debe a las barreras que muchas veces imponen la cultura-monumento o la cultura desde arriba. La cultura-monumento impone reglas de dominación y exclusión que no facilitan muchas veces la inclusión de los intelectuales autodidactas en un entorno productivo, educativo y académico.

La cultura-monumento entiende que el intelectual autodidacta es un sujeto inútil para los asuntos de poder y las funciones establecidas por la burocracia de Estado. La categoría de “intelectual inútil” propalada por cierta intelectualidad de la cultura-monumento, quiere estigmatizar la función de los intelectuales autodidactas desde una concepción maniquea y arrogante del llamado “saber útil”. El pensamiento canalla entiende, en este mismo sentido, que los intelectuales inútiles son aquellos que se han autoformado desde un saber que es común tanto para el sujeto anclado en una academia, como para aquel que se conforma fuera de la academia.

Un ejemplo de maestro, autodidacta y defensor de la cultura-movimiento en la República Dominicana fue el escritor Juan Bosch, quien desde una perspectiva de conocimiento de la cultura popular y los diversos estratos sociales conformó y galvanizó una obra ejemplar en el universo literario y cultural dominicano, caribeño y latinoamericano. Comprender los efectos educativos, sociales, literarios y políticos de su obra, implica leer la cultura dominicana desde los signos que la constituyen en su lenguaje o lenguajes de significación y producción. Pero también, dicha lectura se produce desde un modo de articulación sostenido por la cultura popular en tiempo, espacio y valor. Los análisis que se han llevado a cabo de su obra (La Mañosa, Camino real, Indios, Más cuentos escritos en el exilio, Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio), no han tomado aun en cuenta la particularidad de los catálogos textuales, ni la polifonía textual que revelan dichos textos.

La biografía epocal que nos ha propuesto Rufino Martínez en su Diccionario Dominicano, en Letras dominicanas y en Hombres Dominicanos, ha producido el choque histórico-literario con la historiografía y la narrativa ideológica del trujillato, produciéndose de esta manera un discurso de la insurgencia cultural que ha logrado establecer su significación desde la diferencia ideológica crítica. La crítica epocal de Rufino Martínez se expresa también desde un análisis de mentalidades ideológicas, políticas y literarias que han logrado constituir representaciones sociopolíticas y sociohistóricas en el ámbito de la cultura dominicana.

Los ejemplos de una producción llevada a cabo por intelectuales autodidactas abundan en nuestro caso. El intelectual de la cultura desde arriba quiere minimizar la cultura y los saberes del intelectual autodidacta. Se le acusa al intelectual autodidacta de no tener formación académica, de no haber cursado especialidades provenientes de las letras y de la cultura humanística que se ha practicando en las llamadas academias dominicanas o extranjeras.

El autodidactismo es también una cultura que se sostiene, como ya hemos indicado, en la cultura-movimiento. El autodidacta ha aprendido por propia iniciativa, por selección de miradas, por orientación de pensamiento diferenciado, por selección de horizontes reales e imaginarios que se pueden enriquecer y porque los saberes asumidos por él deben dialogar en el contexto intracultural e identitario, produciéndose de esta manera un saber socializado, instituido por dialéctica interna de la cultura-movimiento.

El autodidacta conforma una tipología intelectual, universal y nacional. Lo que promete un desarrollo en todos los planos abiertos de la cultura universal y la cultura nacional. Cada región del saber tiene sus propios autodidactas. En este sentido, el autodidacta es también el didacta, el que enseña, aprende y divulga lo que aprende. El que estudia y divulga lo que estudia. El que se auto-reconoce en el saber y lo comunica, lo socializa en el contexto comunitario y cultural.

Las palabras que explican las raíces o lexemas auto y didacta, se conforman en la lengua griega y principalmente en la Koiné de la siguiente manera:

Para auto = suyo propio; sí mismo, o, por sí mismo.

Para didacta = enseñanza, lección, instrucción, aprendizaje.

Desde la raíz o término didacta se puede derivar didacma, didacmatós, didacmató, didacteón, didaskaleion, didaxis, didaxios, didaskalia, didakalikós, didaskalión, didaskalós, didactikós. El campo semántico-lexical crea la siguiente cadena significativa de la derivación: enseñanza-amaestramiento-prueba-instrucción-escuela-lección;enseñanza-instrucción-instructivo; maestro-instructivo- honorario maestro.

Según Jacques Le Goff, el intelectual europeo nace con la ciudad misma y su desarrollo (véase, Los intelectuales en la Edad Media, Ed. Gedisa, Barcelona, 1985, 1993, pp. 67-70). El divulgador de conocimientos es normalmente el que en la cultura europea e iberoamericana transmite lo que encuentra en las fuentes orales y manuscritas y que puede instruir desde su autoconocimiento, intuición, razón y autoformatividad.

El ejemplo del intelectual autodidacta es antiguo y es moderno. El mismo se impone desde la querella y el conflicto entre academia y ciencia extrauniversitaria. La primera se rige por reglas y métodos para la adquisición del conocimiento. La segunda se particulariza por ser informal en la adquisición de los saberes. La primera aspira a la perfección de una técnica y un lenguaje; la segunda practica la libertad de adquisición y divulgación de los saberes.

La autodidaskalia es un procedimiento de enseñanza y aprendizaje del sujeto por lo que el mismo conoce, reconoce y transmite para otro, a partir de hallazgos que él mismo transmite o devuelve a la sociedad. La mediación intelectual que este autodidaskalós o “aprendedor” y maestro de sí mismo entiende real o posible, es la acción de saberes directa y participativa en un contexto elegido o sugerido.

La sabiduría griega se transmitió a través del maestro autodidacta. Las civilizaciones europeas y orientales produjeron un intelectual y un tipo de enseñanza cuya inscripción en el autodidactismo generó una práctica participativa, justificada por las escuelas libres de la antigüedad y la autoformatividad del que conoce, aprende y transmite en libertad la sabiduría o el conocimiento; justifica y comunica los contenidos y modos de construir lo cultural y lo mental en el lenguaje.

Pero, ¿cómo aprende y enseña el autodidacta? ¿No existe a lo mejor la práctica de la autoenseñanza como parte de un autoaprendizaje significativo y responsable, donde contexto y producción de ideas confirman y motivan una paideia del autodidactismo? Werner Jaeger pone de manifiesto toda una práctica de la autoeducación y el autoaprendizaje en el cristianismo primitivo, influido por la paideia griega (ver, Cristianismo primitivo y Paideia griega, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1965, Véase también W. Jaeger: Paideia Los ideales de la cultura griega, Eds. Fondo de Cultura Económica, México, 1962).

Un reto necesario para la academia actual consiste en integrar lo más selecto de la intelectualidad autodidacta como función orientadora en la academia de estudios superiores, a nivel de grado y postgrado. Lo que sería no solamente un logro de la educación actual, sino además, un triunfo cultural y un ejemplo de apertura que genera la cultura-movimiento en su dialéctica continua.

Desde el autodidacta, autoformado en áreas específicas del conocimiento se aspira a contribuir al desarrollo de los estudios básicos, medios, universitarios y postuniversitarios, para que su función asegure también el acto cultural abierto y socializado. Estamos de acuerdo, sin embargo, que no todo autodidacta puede contribuir a un proceso integrado de producción social de conocimientos. Pero los ejemplos seleccionados están ahí, en el movimiento mismo de la cultura y su práctica intelectual activa, la visión de una educación y una “cultura en plural” abierta a las necesidades del sujeto social reconocido en su verdadero contexto de formación.

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