Ágora

El PLD: un partido atrapalotodo, corrompelotodo

Por César Pérez

El proceso evolutivo/degenerativo del PLD, es digno de estudio política y sociológicamente. Creado en torno un líder carismático, Bosch, como una suerte de partido de cuadros tipo leninista, lo convirtieron en partido de masas; con su ascenso al poder ha devenido un partido atrápalotodo, corrompelotodo. Es una máquina trituradora del Estado, de las reglas básicas normativas de las actividades políticas, económicas y democráticas de cualquier sociedad, que se ha convertido en la principal amenaza para el futuro de esta nación. Ante esa circunstancia, son inexcusables las actitudes irresponsables o cínicas.

El gobierno del PLD es el principal colocador de publicidad en la prensa, algo insólito en cualquier sociedad capitalista con una economía de tamaño relativamente importante como la que tiene este país, la cantidad de periodistas al servicio de este gobierno es superior a la cantidad de periodistas que trabajan en los medios privados y la mayoría de los que trabajan en estos medios, reciben un salario del gobierno, además el PLD, como partido es el décimo colocador de publicidad. Recordemos que en la actualidad, los periodistas constituyen el tipo de intelectual más activo e influyente, es el que organiza, prioriza y orienta los debates, el que crea opiniones etc.

Este gobierno tiene una presencia mayoritaria en las salas de redacción de los periódicos y los programas televisivos  de opinión. Si de sociedad de masas, en la actualidad hemos pasado a la sociedad de la información, quien domina esta herramienta tiene una  extraordinaria ventaja comparativa en la lucha de los diversos actores y sujetos políticos por la conquista de la hegemonía y por la creación del consenso o aceptación de la población de una determinada forma de dominación política. Con su apabullante y ultra millonaria campaña a su favor del partido de gobierno y sus candidatos logran captar y/o comprar la aceptación de la población y comprar el Congreso y los municipios.

Sólo durante la dictadura trujillista el rol del Estado dominicano había sido tan avasallante, omnipresente y omnipotente, nunca un partido político, a parte del de Trujillo, había integrado a tantos tránsfugas y cooptado a tantos profesionales e intelectuales, reduciendo casi hasta la nada  el rol de la sociedad civil y de los intelectuales, como sucedió durante la dictadura trujillista y como sucede en los regímenes dictatoriales. Nunca un Estado/partido había sido una fuente de acumulación originaria de riqueza tan rápida y tan cuantiosa, es posible que eso sólo se ha dado en este país.

Estamos ante una forma de dominación política inédita, compleja, de inigualables niveles de perversidad; ante un sistema de partido que ha devenido no competitivo, porque el gobernante dispone arbitrariamente a su favor los recursos del Estado, impidiéndole a los otros competir en igualdad de condiciones; porque es atrapalotodo, corrompelotodo, coóptalotodo y obstruye las potencialidades del país para su desarrollo económico e institucional. Quienes por íntima y sincera posición defienden este tipo de poder deberían plantearse lo que esta maquinaria del mal significa para esta sociedad, desde el punto de vista ético y político. Echarle un voto a tal maquinaria constituye un irremediable desatino.

Por otro lado, vivimos una coyuntura donde la abstención constituye una posición, sino cínica, por lo menos ingenua, políticamente irresponsable. Independientemente de inocultables dificultades, inconsecuencias e inconsistencia de la oposición, votarla constituye una opción política que en una coyuntura como la que vivimos es justificable desde el punto de vista de la ética de la responsabilidad, que es la que en definitiva se impone en  un mundo tan complejo como el que vivimos.

Escribo esta entrega de la semana como un llamado a la reflexión sobre la importancia de votar en las próximas elecciones contra  la indignidad la inequidad e iniquidad, antivalores que caracterizan el proyecto reeleccionistas de la maquina atrapalotodo, corrompelotodo y coopataloto: el PLD. Manteniéndome un no creyente, lo hago en esta semana, de la cual no nos podemos abstraer, dado la carga de espiritualidad que le imprime la tradición cristiana.

Para mí, constituye una ineludible posición de dignidad, política y éticamente

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