De tiempo en tiempo salen estudios con el sorprendente dato de que países empobrecidos, con carencias en los servicios públicos, alta corrupción, bajo poder adquisitivo y mucho desempleo, están entre los más felices del planeta. Ha sido el caso de nuestra República Dominicana, en más de una ocasión (pero no en todas). Nos remitimos a las fuentes, veamos:

1) Feliz: Diario Libre en 2009, dice

“RD, segundo país más feliz del mundo; Costa Rica es el más feliz. En 3er lugar Australia, y Estados Unidos, en el 114.” Titular.

La noticia íntegra puede verse aquí: http://goo.gl/qg5IaZ

2) Feliz: periódico El Día en 2015, dice

“República Dominicana es el país de América Latina con el grado más alto de felicidad, con un 88% de ciudadanos que dicen estar “muy satisfechos” o “bastante satisfechos” con su vida, según el Informe Latinobarómetro 2004-2015”

“El estudio indica que el país quedó más de 10 puntos sobre el promedio regional de “Satisfacción por la vida”, que llega a un 77%”

“Explica que República Dominicana alcanza este máximo histórico de satisfacción por primera vez desde que se midió en el 2013.”

La noticia íntegra puede verse aquí: http://goo.gl/zIH09V

3) Infeliz: periódico Metro, el 17 de marzo de 2016, dice

"Según un estudio hecho oficial por las Naciones Unidas se ha determinado que República Dominicana se encuentra en la posición número 89entre los países más infelices del mundo, seguido en América Latina por Honduras, en el lugar 104, y Haití, en el 136."

El estudio que agrupó a 156 países determinó que Dinamarca es el más feliz sobre la tierra [Por segunda ocasión].

En este caso, sobre la metodología del estudio, la nota indica:

"Para determinar este estado en los ciudadanos se valoran factores como la salud de la gente y su acceso a atención sanitaria, las relaciones familiares, la seguridad laboral y factores sociales como la libertad política y el grado de corrupción en el gobierno."

La primera medición fue hecha por The New Economics Foundation, la segunda porLatinobarómetro y la tercera por un equipo de Naciones Unidas liderado, entre otros, por Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, académico de fama mundial.

El tercer diagnóstico sobre nuestra felicidad, lamentablemente, parece más real—en parte—y más ajustado a la realidad. Sin embargo, las dos primeras mediciones no son enteramente descartables. En especial Latinobarómetro, que es conocida por la seriedad de sus estudios y que es altamente respetada en Latinoamérica y fuente de consulta para aquellos que realizan estudios iberoamericanos.

Las dos primeras mediciones, según indican las notas citadas, se basan en contactos con las personas, preguntándoles varias cosas, entre ellas sobre su grado de satisfacción con la vida. La tercera medición es más técnica, y no depende tanto de lo que puedan decir las personas de su existencia, sino de lo que los técnicos recaben como elementos de la calidad real de vida en un país.

Pese a todo, las dos primeras mediciones, en especial Latinobarómetro, indican que al ser cuestionadas las personas sobre como se sienten respecto a sus vidas, en el caso dominicano, había una abrumadora respuesta positiva. Eso existe, y no se llama felicidad, sino conformismo.

De manera insólita, y a diferencia, incluso, de los indígenas bolivianos, nosotros como pueblo podemos ser fabulosamente conformistas. Hemos integrado todo tipo de desordenes y carencias institucionales y en los servicios públicos—y privados—los hemos integrado, repito, a la historia personal de nuestras vidas como algo natural, cual si fuese el paisaje o algunos lunares del cuerpo.

Los dominicanos caminamos en nuestros problemas y vicisitudes; los hacemos canción, refrán; los convertimos en “una fría” en algún colmadón; los diluimos en una película o algún partido deportivo estelar y seguimos adelante, siempre dispuestos a pensar y a ocuparnos en otras cosas. Es un hecho. Por esto, las primeras mediciones citadas no lucen enteramente descabelladas.

El movimiento, o conjunto de movimientos, que impulsan la protesta, la acción contra la impunidad y la corrupción y contra la mala calidad en los servicios, sobre la base de los hechos que son señalados en el informe de Naciones Unidas, no deben ignorar la existencia del amplio conformismo, señalado en las primeras dos mediciones indicadas en este artículo.

Para el éxito de cualquier tratamiento, o medida de corrección—física o social—es necesario contar con un diagnóstico completo. Un buen diagnóstico no puede prescindir, ignorar, o hacer “ojos ciegos” a elementos reales y ciertos en la ecuación, o cuadro de situación.

Si alguien quiere que la población camine hacia conquistar su libertad y un país mejor,  libre de todos esos males que nos hacen técnicamente infelices, lo mejor es no negar la otra cara de la moneda, y es que somos capaces de expresar satisfacción de nuestras vidas, aún en este estado de cosas. Por tanto, esos estudios no se repelen, ni mutuamente se niegan: se complementan. Repito, son dos caras de una misma moneda.

La gran infelicidad técnica de nuestra sociedad, de un lado, y su real y gran conformismo, del otro, ya han debido entrar y ser parte de las consideraciones de los que presionan por un cambio; pues, es imprudencia inexcusable el ignorar esta dualidad en nuestra actitud ante la realidad inmediata y nacional.

En resumen, decimos que el país está mal, o muy mal; pero, individualmente, nos sentimos “bien.” Esa dualidad es perfectamente posible, y esos estudios acreditan que existe.–

Nota: La referencia al artículo del diario Metro sobre la infelicidad en República Dominicana aquí http://goo.gl/ORn98n . El mismo artículo con más detalles en Diario Libre aquí http://goo.gl/SNu2K0

Nota: Había vertido brevemente parte de esta consideración anteriormente. Aquí amplio un poco la idea, para explicarla mejor.