Después de más de 330 días en el que el coronavirus ha estado más presente en el país de lo que se esperaba y que amenaza con resurgir con más fuerza en sucesivos brotes, siguiendo la misma ruta del COVID-19, hizo su entrada pesarosa la “fatiga pandémica”. ¡Un cansancio emocional que nos arropa a todos!
La fatiga pandémica, conocida también como fatiga conductual, de emergencia, pública y de adherencia, hace que las personas se sientan mentalmente agotadas, indefensas, tristes, preocupadas, frustradas e irritables.
Estos cambios pueden causar trastornos del sueño, del apetito y la concentración mental, además de nerviosismo, irritabilidad, falta de motivación, depresión y bajo rendimiento en el trabajo y en la escuela. Afecta a niños y adultos. La huella psicológica del coronavirus ha golpeado prácticamente a toda la población.
Sin embargo, todo indica que este estado de “cansancio peligroso” no está pasando desapercibido en el país. Recientemente el mismo Presidente de la República, Luis Abinader, hizo la advertencia de que “el país está cansado de luchar contra el COVID-19”, al tiempo que hizo un llamado a la ciudadanía para asumir el compromiso de bajar los niveles de contagio.
Y esta advertencia habrá de provocar un “cambio de mirada” en el Gabinete de Salud. Debiendo el mismo aumentar su capacidad de respuesta para atender “las dos pandemias”, el COVID-19 y la Fatiga Epidémica. La Organización Mundial de la Salud, OMS, recomienda prestar atención a ambas.
A la detección y atención de contagiados deberá proporcionar servicios de salud mental a toda la población para combatir la fatiga epidémica, así como desarrollar una pedagogía social capaz formar individuos y colectivos responsables que superen el hartazgo más allá de las medidas basadas en el “garrote” y la “mano dura”. ¡Quizás ha llegado el momento de empezar a pensar también en las “zanahorias”!
En un trabajo publicado en 1999 en el Journal of Marketing y titulado “Zanahorias, garrotes y promesas: un marco conceptual para la gestión de salud pública y el comportamiento social”, el experto en marketing social Michael Rothschild propone que en el abordaje de los problemas de salud pública se puede recurrir a tres medidas: las leyes, la educación y el marketing. Es de esperar que en estos momentos de pandemia aquí comencemos a utilizar las tres.
En diciembre del 2020 la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud, OMS, de Europa publicó un documento titulado “Pandemic fatigue. Reinvigorating the public to prevent COVID-19”, que constituye un marco de actuación para apoyar el desarrollo e implementación de estrategias nacionales y locales de respuesta a la fatiga pandémica y revitalizar el apoyo de la ciudadanía a las conductas de protección frente al COVID-19.
El documento recomienda involucrar a la población en el análisis de motivaciones y barreras que impiden respetar y cumplir las medidas preventivas recomendadas por las autoridades sanitarias, utilizando esta información para el rediseño de un conjunto de medidas y de estrategias de educación y comunicación pensando de forma nacional y local apoyándose en grupos de la sociedad civil.
De la misma manera recomienda orientar a los ciudadanos, gobiernos locales, grupos y comunidades sobre sobre cómo continuar la vida pero reduciendo y controlando el riesgo de contagio. Educando de manera permanente evitando generar tensiones sociales y de estigmatización recurriendo a mensajes inclusivos, positivos y alentadores más que realizar denuncias de comportamientos catastróficos y no deseados.
Propone también analizar qué medidas pueden ser adoptadas a largo plazo, adaptar y revisar dichas medidas cuando no surten el efecto esperado. Recomienda realizar estudios poblacionales cualitativos de forma periódica y utilizar esta información para educar e informar a grupos específicos que estén experimentando desmotivación para cumplir las reglas de previsión y contención del COVID-19.
Es necesario que la ciudadanía se sienta parte de la solución, no sólo del problema. Debe sentir que su opinión y su colaboración cuentan, resultando indispensable, por demás, fomentar la participación ciudadana con enfoque de equidad, con especial énfasis en grupos de población en situación de vulnerabilidad a los cuales la pandemia golpea más por su limitada situación económica y educativa.
Más allá de las medidas coercitivas basadas en la amenaza, el miedo, la culpa y la vergüenza, urge revitalizar y motivar al público para prevenir el contagio y la propagación del COVID-19. Hay que desarrollar actitudes y compromisos que puedan ser más efectivos, pertinentes y tranquilizadores, haciendo posible que los sistemas de atención social y de salud sean más resilientes.
El miedo al COVID-19 ha sido sustituido por el hartazgo. La fatiga epidémica es un tema de salud muy serio que requiere ser analizado y atendido con urgencia. La dejadez, el cansancio o la íntima rebeldía conducen a asumir más riesgos de contagio. Los estragos de la fatiga pandémica llama a que pongamos la mirada en la advertencia.
Construyamos juntos búrbujas de sobriedad feliz. Trabajemos para que el cansancio generado por el COVID-19 no se convierta en el “síndrome de la esperanza cansada” para todo el pueblo dominicano!