Dando como un hecho que, Danilo Medina será el candidato del PLD que enfrentará a Hipólito Mejía, del PRD, muchos de los seguidores del primero dicen que el nuevo contexto en que ambos se enfrentarán es más favorable para este. El argumento principal es que el PLD del 2000 apenas tenía unas decenas de miles militantes y ahora tiene centenas de miles, además de que Medina ha madurado y ha logrado una mejor articulación de su discurso.

Este último aserto es indiscutible, su discurso está bien elaborado y muy interiorizado, algo que lo convierte en el mejor activo del PLD. En cuanto a que el nuevo tamaño del PLD lo favorece, el sentido común podría indicar que sí, pues un candidato que una vez perdió con un partido de tamaño pequeño con relación su contrincante, si de nuevo se enfrenta a ese partido en condiciones en que el suyo se percibe como mayor, debería salir airoso.

Sin embargo, más que el tamaño de los partidos el contexto en que se hace el enfrentamiento entre estos es lo más importante, porque este potencia o disminuye las perspectivas de los candidatos y en los análisis de contextos el sentido común resulta insuficiente.

Algunas mediciones indican que el PLD tiene mayores niveles de simpatía que el PRD, que realmente tiene mayor cantidad de elegidos en las cámaras legislativas y en los gobiernos locales, los cuales en los procesos de campañas suelen usar los recursos que administran en beneficio de sus candidatos preferidos, pero el contexto en que se desempeña Danilo puede anular la importancia de esas variables.

En efecto, este es el candidato de un gobierno que, según las últimas encuestas, cerca del 60% de la población lo desaprueba y un 84% dice que el país va por mal camino, además de altos índices de percepción negativa sobre la seguridad ciudadana y la corrupción. Ese lastre no puede atribuírsele a Danilo, pero él no puede desligarse del mismo, todo lo contrario,  sus adversarios al interno de su partido lo están obligando a defender un gobierno con esos niveles de desaprobación.

Él está en una situación sumamente difícil, en la medida tome distancia del gobierno esos sectores le obstaculizarán su camino a la presidencia, mientras más se acerque y defienda al gobierno, más se aleja de una población que lo rechaza y si acepta el endoso de una margarita para hacerse potable al gusto de sus adversarios internos, su candidatura se marchitaría irremediablemente.

En tal sentido, se mueve en aguas de difícil navegación. Contrario es la situación de Mejía, que viene fortalecido de una contienda interna altamente valorada por la generalidad de los observadores políticos, que parte de una intención de votos tal alta que algunas encuestas lo dan vencedor en una primera vuelta y con un partido que en las últimas elecciones sacó más voto que el PLD.

Al igual que la primera vez en que se enfrentaron parte con mejor medición de intención de voto, además que es el candidato del partido que se supone de oposición, no del gobierno, ahora como candidato puede hacer la oposición que no hizo el PRD y recoger el descontento contra el gobierno. Danilo, además de las ventajas arriba enunciadas, puede recoger el voto cautivo que tiene el PLD por medio de las tarjetas de solidaridad, puede agenciarse los votos de la clientela de los partidos pequeños que medran a la sombra de los grandes, además de esperar eventuales errores de Hipólito y sus asesores.

Por lo tanto, todo puede cambiar para bien o para mal, tanto para el uno como para el otro, pero el nuevo contexto que uno de ellos ha llamado la revancha, favorece al vencedor del primer combate. Esa es la percepción que se generaliza y que las primeras encuestas la cuantifican como indicadores que, generalmente, a la postre se constituyen en hechos inapelables.

Tenemos un año para saberlo.