La columna de Marisol

El mejor homenaje

Por Marisol Vicens Bello

Desde el inicio de los tiempos miles de millones de seres humanos han ocupado posiciones de poder y han ejercido autoridad en sus tribus, aldeas, sociedades y países; pero solo un puñado de ellos ha logrado trascender, convirtiéndose en inmortales cuyo legado sirve de ejemplo a futuras generaciones.

Entre las muchas virtudes que han tenido esos prohombres ha estado la de la generosidad a toda prueba, la humildad y la poca ambición de poder.  Por eso es mucho más fácil ser un gran líder que convertirse en un gran hombre.

Nelson Madela, Madiba para su amado pueblo sudafricano, es uno de estos seres excepcionales que de vez en cuando emergen a la vida pública para hacernos recordar que siempre vale la pena luchar por la libertad.

Su grandeza de espíritu, vocación de sacrificio y generosidad no solo quedaron vívidamente demostradas a través de sus años de lucha y cautiverio durante 27 largos años, sino en el ocaso de su vida, cuando luego de haber logrado lo que para muchos parecía inalcanzable, el fin del apartheid en la República de Sudáfrica; accedió a la presidencia de su país conservando las mismas virtudes que lo habían acompañado en los años de lucha y teniendo el desprendimiento y la grandeza para renunciar a mantenerse en el poder, declinando la sobradamente ganada oportunidad de reelegirse y abandonando la vida pública.

Muchos hechos marcan su extraordinaria vida pero este demuestra con infinita claridad la nobleza, humildad y sabiduría de este inolvidable personaje; pues mientras muchos se creen dueños de países, sociedades y comunidades, solo porque tienen años de militancia en un partido o porque  participaron en luchas revolucionarias, los grandes hombres como Mandela, los que  actúan con verdadero sentimiento patriótico, aborrecen títulos,  riquezas materiales y privilegios.

Desafortunadamente es verdaderamente excepcional que nazcan seres humanos de esta dimensión y sus virtudes raras veces se reproducen en familiares y seguidores.

La libertad, la igualdad de oportunidades y la armonía racial por las que luchó, seguirán siendo búsquedas infinitas pues los pueblos no solo carecen de libertad en los regímenes autocráticos, por el contrario tenemos sobrados ejemplos  de que el sufragio universal no garantiza la existencia de una democracia y que puede ser menos libre una sociedad envilecida que una censurada. Como decía Nelson Mandela “La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndoles”.

Mandela tuvo la sabiduría de comprender que:”Lo que cuenta en la vida no es el mero hecho de haber vivido. Son los cambios que hemos provocado en las vidas de los demás lo que determina el significado de la nuestra.” Lamentablemente muchos líderes han logrado ser seguidos por mucha gente, pero muy pocos han logrado haber generado cambios trascendentes en sus sociedades y mucho menos en el mundo que les tocó vivir. El mejor homenaje que podemos rendirle al despedirle es no dejar “que las futuras generaciones nos digan que la indiferencia, el cinismo o el egoísmo nos hicieron fracasar”.

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