(A los curas que disfrutaron del Desfile escondidos en sus campanarios)

Con este necesario y merecido Desfile Gay por las calles de la capital dominicana ha quedado demostrado que el cardenal los prefiere machos.

Pero nos parece que el despliegue trajo malos recuerdos; lo vimos muy alterado cuando la prensa lo interrogó sobre el colorido especta-culo… ¡Imprudentes periodistas! …olvidaron el dicho:

“En casa del ahorcado no se menciona soga”.

Y no me caben dudas que esta guerra la sostiene también hacia dentro de su Iglesia, sabiendo que, desde siempre y hasta el crepúsculo de  hoy, se ha mantenido plagada de pájaros plomeros y cotorras pederastas que viven blasfemando en los altares del Maestro. Aunque nos parece que también le temió a que los curas de la izquierda culinaria se hubiesen visto tentados “a salir del campanario” con sotana y todo y unirse a las comparsas para reclamar sus derechos, apoyando a sus parroquia-anos.

Ya lo denunció el Padre Alberto:

En nuestra iglesia solo progresa el impío que le presta su ósculo santo al superior inmediato, los demás suelen ser relegados a la pobreza, ignorados, hasta que logran entender que el opúsculo de un obispo concentra más poder que las hostias del sagrario.

Me imagino la incomodidad del cardenal…conociendo a plenitud su “Hermandad de Culinarios” que, volando por las góticas arcadas de la Primada de América, son capaces de llegar a Roma o a París sin montar en avión ni comprar pasaje de Iberia, por pura fe, volando por ligeros aires, “partidos” en mil pedazos, sabiendo que “A cada pajarillo, le gusta su nidillo” y que muchos vieron el desfile con santo agrado sin “salir del campanario”.

No se rían señores que la situación es grave, sabemos que hay escasez de curas y religiosos, y, entre la espada y la pared, si sacuden el gallinero con un simple ¡Ssssió ¡ se  quedarán con la mitad de los lobos para esquilar los rebaños.

Le han dado uso al refrán: “A falta de caballos briosos saldrán a trotar los asnos”.

Y cabe bien lo de “asnos”, porque abundan los brutos monacales… Con esto de los seminarios desiertos han tenido que darle empleo a toda especie de bípedo “implume” que logre teologizar que 3 más 1 nunca es 4.

Patéelos mi cardenal, expúlselos de nuestra santa Iglesia, basta de seguir dándoles alpiste  a esos pájaros raros que cantan las misas como si fuesen canarios…

Pero no los pateé por detrás porque nos harán como Cucurulo y en vez de salir huyendo insistirán en mostrarnos el C.

Oiga mi carde, debemos conservar la Iglesia, firme y con sonajeros colgantes y si no, nos pasará como en la casa del jabonero Dilecto que al final el que no cae, resbala y acaba rompiéndose el recto.

Dicen por ahí que lo más peligroso del mundo es agacharse a recoger un jabón en los baños de un convento… Son veloces y diestros en colocar la bala en el “ojo” predilecto.

Cuídese mi carde que “A casa llevé un amigo; el pendejo se quedó de amo y yo quedé despedido”.

Oremus:

Deus confortat, crura pilae lusoribus cardinali, cum caderet calcitrando ustulo finem annum.

(OH Dios, dale fuerzas al cardenal, engórdale las piernas como un jugador de football para les caiga a patadas y les anote un gol por el C.)

Coro;

Conforta eum sed Dominus crura sunt a metam in anno discere legere quid asinus scriba.

(Fortalece las piernas Señor aunque les meta un gol por el ano que si aprende a leer el burro lo pondremos de escribano)