El Banco Mundial se preocupa por la educación. No hay institución mundial, regional o nacional que no lo haga. Se preocupan, y hasta se ocupan algunas, porque la educación está en el centro obligado de cualquier tema humano y social. El Banco Mundial –que hace pareja con el Fondo Monetario Internacional en eso de procurar la necesaria “disciplina” de los países para que sean buenos en materia de pagarle a sus acreedores—piensa mucho en educación y también se ocupa de trazar directrices.

Lo hace muchas veces redescubriendo el agua tibia:La educación – se dice en la Estrategia de Educación 2020 del Banco Mundial. Versión preliminar— cumple una función fundamental en el desarrollo de una nación. La verdadera riqueza de las naciones son las personas, a quienes la educación les permite llevar una vida más saludable, más feliz y más productiva. Existe un amplio acuerdo, respaldado por observaciones, de que la educación mejora la capacidad de las personas para tomar decisiones con fundamento, conseguir medios de vida sostenibles, adoptar nuevas tecnologías, ser mejores padres, enfrentar las crisis, y ser ciudadanos responsables y guardianes eficaces del medio ambiente natural”.

Buenos padres, ciudadanos responsables… No está mal que se agregue elementos extra-económicos. Porque, a decir verdad, han sido éstos los que han estado en el centro de preocupación de referido y poderoso organismo. “Es la economía, estúpidos”, parecen decirnos la mayoría de los documentos del BM a la hora de hablarnos de la educación, de sus potencialidades, de la necesidad de financiarla, de ampliar coberturas, etc. “Es la competitividad, bastardos”, parece machacarnos a la hora de indicarnos para qué es que vale la pena educar.

¡Competitividad!  Para ello se crean mecanismos nacionales  (Observatorios, Oficinas) encargados de tomarnos el pulso permanentemente. Y para ello se anda interviniendo en los planes nacionales de desarrollo, como el que hemos consagrado en una Ley, la 01-12, que aspira a que en el 2030 seamos una economía que “se inserta competitivamente en la economía mundial”. Y para ello también se meterán sistemáticamente las narices en nuestros planes educativos, como el que se dio el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología mediante la llamada Normativa 9-15, relativa a los Planes de Formación Docente (es esa que cambia los términos de la formación docente para dar más fuerza a la formación “disciplinaria” en desmedro de la formación pedagógica), para lo cual, dice el documento, se “contó con la permanente asesoría de la Consultora del Banco Mundial”.

El economicismo del Banco Mundial en materia educativa salta a vista cuando “una serie de cuestiones, propias del ámbito de la cultura y la política, han sido planteadas y respondidas usando la misma teoría y metodología con que se intenta dar cuenta de una economía de mercado”. (José Luis Coraggio. Ponencia presentada en el Seminario “O Banco Mundial e as Politicas de Educação no Brasil”). Para encuadrar la realidad educativa en su modelo económico, y poder así aplicarle sus teoremas generales, el Banco ha hecho una identificación (que es más que una analogía) entre sistema educativo y sistema de mercado, entre escuela y empresa, entre padre de familia y demandante de servicios, entre relaciones pedagógicas y relaciones de insumo-producto, entre aprendizaje y producto, haciendo abstracción de aspectos esenciales propios de la realidad educativa” (Lugar citado).

¡Qué distante de las conclusiones y recomendaciones del ya, al parecer, olvidado Informe Delors (1996) y de sus maravillosos cuatro pilares que marcan el norte para que la educación ciertamente “Encierre un Tesoro”! Que se enseñe y se aprenda a ser, a conocer, a hacer y a convivir le resultará sin duda fuera de foco, o tal vez demasiado impreciso, quizás abstracto e idealista a quienes se han acostumbrado a concebir un mundo solo de operarios y consumidores, y a países cuyo éxito se mide solo en cifras del PIB y en su capacidad de endeudarse y pagar religiosamente. A otros el Informe Delors nos sabe a orientación permanente hacia una educación para la construcción de seres humanos y sociedades con equidad y en paz verdadera.

La diferencia es clara. Las opciones, por tanto, también lo son…