Nadie, en su sano juicio y con un mínimo de conocimiento de lo que son las “rendiciones” de cuentas de los presidentes de este país ante la Asamblea Nacional, esperaba del presidente Medina un discurso diferente del que este pronunciara el pasado 27 de febrero en términos de forma y contenido. Nadie esperaba que se refiriese de manera transparente a los aspectos cardinales de los escándalos de los sobornos Odebrecht para obtener contratos de obras del Estado, porque como lo definiera Leonel Fernández, usando una cita de José Martí, este “hombre (..) oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa”.

Medina no dijo lo que sabe y debió decir sobre las actuaciones dolosas de Odebrecht en este país, no se refirió a sus relaciones políticas y de negocios con Joao Santana, quien fuera su principal jefe de campaña electoral, según confesara el Presidente. No dijo hasta donde llegaban sus relaciones con ese personaje, que salió de aquí con una orden de captura de su país de origen, Brasil, donde guarda prisión por ser uno de los principales sobornadores de la referida empresa. Debió aclarar si sus relaciones con Santana se limitaban al tema de conducción de su campaña reeleccionista o si estas iban más allá, si llegaban hasta el cabildeo para obtener contratos como el de Punta Catalina, que como se dice, sucedió con el conocimiento y aprobación de Medina.

En este último punto, al Presidente se le salió el cobre y ejemplificando la carencia de transparencia en que han discurrido sus mandatos y cómo maneja los recurrentes casos de corrupción, dejó caer que si Punta Catalina, “se realizó de acuerdo a los más altos estándares, tal como me ha sido dicho” y si lasfirmas Internacionales actuaron, como se espera de ellas, con responsabilidad”, entonces las terminará. No cabe duda de que quienes se lo han dicho son sus comisionados, los más comprometidos con él; además de algunos consultores contratados para que falsean datos sobre esa obra, como hacen algunos buffet de abogados que redactan y venden sentencias. Al salírsele el cobre, Medina avanza parte esencial del informe que rendiría su Comisión investigadora de la corrupción denunciada en el proceso de construcción de la referida planta eléctrica.

En su discurso, el Presidente no se refirió a los casos de la venta del barrio Los Tres Brazos hecha por un subalterno y socio de su ministro de Relaciones Exteriores, ni a la disolución de la dirección del CEA, envuelta en varios escándalos de cuales uno de ellos ha dejado tres muertos en las últimas semanas. Sólo él sabe las razones políticas que les impiden decir lo que sabe sobre esos casos que abochornan al país e indignan a vastísimos sectores de la población, sólo él lo sabe, pero como de costumbre, no dice lo que piensa. Su discurso discurrió en la recurrente letanía de unas “realizaciones” basadas en la manipulación de los números e informaciones, concitando aplausos de sus congresistas en el hemiciclo y fuera, los vítores de gente transportada y pagada con pica pollo y papeletas. Fanfarria.

El acto de rendición de cuenta, como es de rigor, lo inaugura el presidente de la Asamblea, esta vez ha introducido el acto adelantando juicios sobre el tema de la Odebrecht y sobre la actitud de Presidente sobre el mismo y lo que este diría iría al respecto. Al iniciar su discurso, el Presidente anunció que se referiría al tema, por lo cual, desde el inicio se condicionó el auditorio y a los representantes y funcionarios del partido y del gobierno respectivamente, indicándole el papel que debían desempeñar: el de claque. Y es que la rendición de cuentas de los presidentes de la Republica ante la Asamblea Nacional ha perdido toda solemnidad, toda la seriedad que se quiere de esta instancia y las bancadas de congresistas del partido oficial de turno hacen de esos actos una manifestación política en medio del más grosero desparpajo. 

El presidente Medina se asumió como el abanderado de una transparencia, de una honestidad y una independencia de la Justicia en su manejo de la cosa pública que es diariamente desmentida por los hechos. Basta recordar la batalla que dio el ex procurador y actual ministro de Medio Ambiente, Francisco Dominguez Brito en el tribunal que conoció el caso Félix Bautista, secretario general del PLD, para obtener una condena, cuando derrotado por el Estado, dijo “Lamentablemente, (….) nos pone a dudar en algunos casos como este de la imparcialidad de los miembros de la judicatura del más alto nivel”,  y  que  “Con mucho dolor a mí no me merece la más mínima credibilidad la Suprema Corte de Justicia en este caso, no creo en su imparcialidad, no creo en su interés en la búsqueda de la verdad, y creo que han hecho un grave daño a la democracia de la República Dominicana”..

Si caen los verdaderos responsables de los casos de corrupción denunciados, como dijo el Medina en su discurso, sería el inicio del desmonte de la estructura de corrupción e impunidad en que se asienta su gobierno, de la cual él es su más conspicuo creador, algo que no es de esperarse. Esa estructura sólo la desmontaría la acción de masas sin tregua en las calles, unitaria y basada en propuestas creíbles y viables, no en consignas.

Es la única manera de impedir que el Presidente y su partido sigan haciendo lo que siempre se ha hecho.