Nuestra cultura béisbolística también ha sido víctima de la pésima y maliciosa educación religiosa a la que nos ha sometido la Iglesia Católica desde los tiempos de la colonia, infectada de una pobre y absurda reflexión sobre la naturaleza de Dios, tan pobre que hasta podemos concluir que Dios es liceísta.
Y lo puso en evidencia lo que aconteció en una pequeña tarima levantada sobre segunda base del Estadio Quisqueya el martes de la victoria liceista.
Mientras se exhibía una gran imagen de la Virgen de la Altagracia, el jugador Cabeza Fernández agradecía a Dios el triunfo del equipo azul sin tomar conciencia de que, al hacerlo, reducía a su amado Dios en un vil ser que había tomado partido por el equipo añil en desprecio de los colorados, inconciente, parodiando a un católico Ray Guevara que se muestra empecinado en arrastrar al Tribunal Constitucional a su Tedeum inconstitucional catedralicio, parcializado, afanado por complacer a su Cardenal.
Ciertamente convencido, persuadido de que su Dios Azul había intervenido en el juego para eliminar al León, haciéndose de oído sordo a las plegarias de los escarlatas, solo escuchando las oraciones de la Virgen Azul e ignorando las plegarias de la Escarlata.
Pero los motivos de esta primitiva expresión cultural del pelotero (y del jurista constitucionalista) podemos encontrarla en la descarada y eficiente manipulación de Dios de la Iglesia católica que, entre otras cosas absurdas, enseña que la virgen de la Altagracia es (en el juego político) la protectora del pueblo dominicano (equipo dominicano) contra el haitiano.
Todos acordes con la mentalidad arcaica que nos habla de un Dios bíblico fanático que eligió al pueblo judío (equipo judío) para derrotar con él a los “otros equipos enemigos” del cercano y medio oriente.
Sin embargo esta burlona idea de Dios no es casual, ha sido el fruto de un plan macabro de religiosos multinacionales que buscan venderse como representantes exclusivos de un Dios imperial que se declara a favor de su equipo, en un caso: a favor de la Iglesia de Roma.
Pero lo más gracioso fue ver a la virgen de la Altagracia en el play, parcializada, negada a proteger a todo el pueblo dominicano para irse a favor del licey, desamparando a los escogidistas después de abandonar a las Águilas, Estrellas, Toros y Gigantes, como una señora ingrata y sinvergüenza que no merece llamarse la Madre de Dios, parcializada.
Señores sacerdotes, señores obispos divididos, señores religiosos, sean serios y hagan un alto en sus afanes proselitistas, cesen de embrutecer a nuestro pueblo, reflexionen sobre estas irreflexiones que ustedes promueven en la cultura dominicana, abandonen sus dogmas, sus fanatismos y tinieblas, colóquense aunque sea por un instante del lado de la luz, del lado de su Cristo.
Acepten por un instante que su iglesia no es la preferida, la protegida por Dios, acepten que Dios no es liceísta, que Dios es imparcial y que no se mete en pelota, aunque reconocerlo les afecte su empresa religiosa, su plan de negocios y mercadeo, su capitalismo bestial y religioso.