En mangas de camisa

Diario de viaje

Por Melvin Mañón

A última hora he decidido posponer el artículo que tenía previsto para esta semana y sustituirlo con estas notas donde cuento, por via de contraste, lo que estoy viendo a mi alrededor mientras ando de viaje por Guayaquil, en el Ecuador donde llegué la noche del domingo 6.

No conocía el aeropuerto nuevo designado en honor a Joaquín Olmedo, uno de los conjurados, para proclamar la independencia en la primera semana de octubre de 1820. Moderno, todo nuevo, limpio, tranquilo y con sus propias rutinas. Un guardia puso la nota discordante hablándome tan mal que iba a devolverme a ponerlo en puesto cuando mi hijo que me acompaña me dio un tiron de mangas. Bien ahí lo dejamos.

Caminando por las calles de Guayaquil, algunas experiencias visuales se me antojan imprescindibles de contar. Por ejemplo:

Son casi las tres de la tarde del lunes y hemos visto decena de miles de automóviles y entre tantos miles solamente un Mercedes Benz y era viejo, un BMW que era relativamente reciente y tan pocas jipetas que podríamos haberlas contado. ¡ Que bien me parece todo esto!

Las calles y las aceras así como los parques están relucientes y todavía a esta hora no se de que color son los camiones que recogen la basura ni las bolsas en que las almacenan. La ciudad está limpia, limpia de estar limpio. Mi hijo y yo recordamos el asco que da andar por cualquier parte de la capital dominicana y de las mayor parte de las demás ciudades y pueblos.

Comemos en el distrito central, donde están los bancos, el ayuntamiento y los negocios. Es una fonda que se hace llamar restaurante pero al lado de la cajera hay un letrero impreso que dice: estamos contra el ruido. Un compromiso de todos. Nos hace gracia el letrero porque nos hemos pasado la mañana hablando de la ausencia de ruido en la ciudad. Ni sirenas, ni bocinas, ni gente voceando, insultando ni riéndose escandalosamente y sobre todo, no nos ha pasado por el lado ningún vehículo donde algún anormal toca música escandalosa que no disfruta él pero nos hace saber a nosotros del poderío de su equipo de sonido.

Hay mucho tráfico pero la gente no se ve malhumorada, no he visto a nadie insultar a otro, no me he topado con ninguna doña arrogante en su jipeta, ni a ninguna querida o hija de mami y papi gastando lo que no han producido pero me han robado a mi y a otros. No he encontrado tampoco a ningún energúmeno creyéndose rey en un vehículo lujoso.

Impresionante, los conductores respetan la luz roja. Los de atrás no ponen presión a los de adelante para que se muevan ni los de adelante andan durmiendo como idiotas.

Pero lo que más me ha impresionado en materia de transporte es lo que ellos llaman metro-via. Me ha parecido tan genial el sistema que para no decir algún disparate prefiero hablar de eso mañana después de haberlo montado.

Pero, seguramente ustedes están creyendo que estoy fascinado por Guayaquil. Tal vez, sea así. Lo que es seguro es que estoy avergonzado del país en que nos hemos convertido. Eso si.

Mañana hablamos.

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