“Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse”. (Enesto Sábato: escritor, físico, pintor argentino).
Hablar de deudas públicas en la sociedad dominicana es valorar el grado de compromiso cierto de una parte de la elite política a lo largo de los últimos 60 años y a la poca visión de la burguesía con el país a mediano y largo plazo. La deuda en sí misma no constituye un blasón en el cuerpo social si su inversión tiene una cuota de retorno, de recuperación, superior a la tasa del préstamo. No obstante, si los mismos son para gastos corrientes y por vía de consecuencia, endeudamiento, es, por decirlo suave, un mar brumoso que nos encapsula el futuro.
En nuestro país, desde 2008 más pronunciado, hemos tenido déficits fiscales (13 años consecutivos), lo que podría denominarse déficits “estructurales”. Sin embargo, es la enorme irresponsabilidad de los hacedores de política pública. Es más, se puede decir, que nos hemos caracterizado por tener todos los déficits (Cuasi fiscal, Cuenta corriente, Balanza Comercial, Balanza de pago, Presupuestario y Primario); no obstante, bajo la mirada de la economía tradicional: los fundamentos macroeconómicos, hemos estado bien; y, la deuda es como una joroba en un cuerpo frágil.
Para el Banco Central la deuda pública consolidada a junio de 2020 se situaba en 57% del PIB, de la cual el 32% correspondía a Deuda Externa y el 25% a la Interna. Sin embargo, la Dirección General de Crédito Público (DGCP), casi para esa misma fecha (agosto), nos decía que la deuda del Sector Público no Financiero (SPNF) era de US$39,207.7 y la consolidada (Sector Público no Financiero y Financiero) se encontraba en US$46,685.1.
¿Cómo es que dos instituciones del Estado difieren en el monto de la deuda? Por la metodología que utilizan de manera diferente: Banco Central y Hacienda. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha llamado la atención permanente acerca de la necesidad de “alinear las estadísticas fiscales con las normas internacionales”. Ese organismo multilateral nos señalaba a finales de 2020 que las proyecciones de la deuda se encumbraban en un 56.5% del PIB. ¡La magnitud de la deuda como resultado del Indicador Deuda/PIB es tormentoso, empero, el peso pavoroso es la relación ingresos tributaros y pago de Intereses y Amortización! Veamos:

En Servicio de la Deuda pagaremos más dinero que la inversión en Educación. Los intereses para el año 2021 serán del 29% según la Dirección General de Crédito Público de los ingresos tributarios. Esto quiere decir que de cada 100 pesos que recauda la economía, casi RD$43 se van en el Servicio de la Deuda. Sumemos que para el mes de septiembre de 2020 el Estado tomó US$3,800 millones de dólares y en enero del 2021, US$2,500 millones de dólares. Pasamos pues, del 49.8% PIB de la deuda a 54.6% del PIB no financiero, ya para el mes de febrero de 2021, cuando visibilizamos la concatenación con el Sector Financiero, nos encontramos con 64-66% del PIB y el FMI proyecta un 68.8% del PIB.
“Los técnicos del FMI incluyen en sus cálculos los intereses acumulados de los bonos a plazo que emite el Banco Central y los atrasos en el pago a los Generadores, además de las diferentes metodologías para la conversión de divisas”. Esto hace que el rating crediticio de la República Dominicana tienda a expresarse más débil y con ello, a la posibilidad, en un plazo no mayor de 3 a 5 años, a un Default. El país se embarcó a partir del año 2000 en lo que se llama Deuda Interna. Encontrándonos hoy con una variedad de tipos de deudas.
¿Cuál ha sido el comportamiento de los gobernantes con respecto al endeudamiento y el tamaño de la deuda contraída desde 1966 a la fecha, considerando los factores: niveles de gastos del gobierno, crisis económica nacional e internacional, la situación fiscal heredada y la presión tributaria?

¿Qué nos llevó a esa locura de endeudamiento? ¿La falta de ingresos? ¿El aumento de los gastos? La cultura de la apariencia, de la simulación, de la autocomplacencia, la necesidad de crear una burbuja económica muy por encima de la economía real. Entre 2004 y 2012 sabemos que los ingresos crecieron en un 165%, sin embargo, los gastos llegaron a 234.6%. Esto es, 1.41 más de gastos que de ingresos. Igual comportamiento, pero más fuerte, lo constituyó el periodo 2012-2020 donde se acudió 14 veces a los mercados de capitales en búsqueda de bonos, que solo en el tramo de los referidos 8 años significó más de US$22,000 mil millones de dólares. La irresponsabilidad y ausencia de sensibilidad con la sociedad es que a lo largo de 7 años y 3 meses no hubo crisis económica nacional ni internacional y los precios de los commodities estaban muy bajos. Al mes de agosto del 2020 el petróleo estaba en US$44, hoy se encuentra en US$64.
Cuando Leonel Antonio Fernández Reyna en el 2008, se llegó a comprar el precio del barril de petróleo a US$144 dólares. A partir del año 2020 y hasta el 2024, los dominicanos pagaremos alrededor de US$14,400 millones de dólares. Esto significa un promedio de pago de 2,800 millones de dólares anuales. Con las manos en la cabeza, ante un panorama gris y en función de un optimismo, deberíamos de acudir al gran Víctor Hugo, poeta, dramaturgo y novelista francés, quien nos legara la hermosa frase “El futuro tiene muchos nombres: para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos, lo desconocido, para los valientes, es la oportunidad”.
El Artículo 233 de la Constitución del 2010, al final del párrafo, establece "… realizado en un marco de sostenibilidad fiscal, asegurando que el endeudamiento público sea compatible con la capacidad de pago del Estado"; y, el Artículo 238 que estipula "Criterios para asignación del gasto público "….responderán a los principios de subsidiaridad y transparencia, así como a los criterios de eficiencia, prioridad y economía””.
Tenemos la oportunidad de exigir la transparencia en todo lo que atañe a lo formal, lo legal, lo legítimo, lo ético y moral, en todo lo relativo a la deuda. Pedir al Congreso un estudio pormenorizado de la deuda, sobre todo, a partir del año 2000. Porque la transparencia es claridad, nitidez, diafanidad y limpidez. La transparencia reduce, en gran medida, la incertidumbre, reduce los costos de transacción y aumenta la confianza entre los distintos actores. Disminuye significativamente los costos económicos, sociales e institucionales. Por ello, debemos construir un poder institucionalizado que galvanice, catalice la capacidad de gobernanza. La gobernanza implica:
- Leyes para proteger;
- Macroregulaciones;
- Normas sociales;
- Instituciones que hacen cumplir las leyes.
La ausencia de transparencia facilita el comportamiento desviado y esa conducta debilita al Estado. Allí donde existe un Estado débil se canaliza más fácilmente la corrupción y a su vez, la corrupción debilita al Estado. ¡Una ecuación perfecta caracterizada por la perversidad y el círculo vicioso destructivo de la riqueza colectiva! El Estado débil es la causa fundamental y última de la corrupción en todas sus dimensiones y el eje central en esta etapa es como construir una cultura donde los servidores públicos (congresistas, jueces, funcionarios, militares, policías, empleados) sean leales al Estado y no al partido ni a la persona que lo puso en el puesto o cargo público.
El poder institucionalizado requiere ir más allá de romper y hacer colapsar la impunidad como flagelo de ausencia de voluntad política y de la debilidad institucional. Debemos, en ese poder institucionalizado, poder acudir a la rendición de cuentas. Imagínense que en solo 8 años Danilo Medina tomó prestado US$22,000 mil millones de dólares. Leonel, US$12,878.3 (en 8 años), dejándolo en un 33% del PIB. Danilo, a junio de 2020, según el Banco Central, US$39,207.7 (47% del PIB del Sector no financiero)
Para el mes de diciembre de 2020 teníamos un compromiso de la deuda por el orden de US$44,519.1. ¡Aun sin una destrucción creativa al estilo schumpeteanos habremos de impulsar una nueva mirada para que nuestros hijos y nietos no se ahoguen en el presente sin la más mínima posibilidad de futuro! Tenemos que ser transparentes con la deuda flotante, cuya opacidad en los últimos 16 años estuvo a la orden del día. Evitemos lo que nos señalaba Walt Whitman “Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral llevando su propia mortaja”.