Deshojando paradigmas

Derechos fundamentales, ciudadanía y gobernabilidad

Por Cándido Mercedes

“Nadie puede rehuir su tiempo, so pena de escribir trivialidades sin carne ni sangre”.(Ernesto Sábato).

El PLD pudo construir, como aparato político, no solo una hegemonía sino, al mismo tiempo, una dominación donde prevaleció (2004-2019) un bipartidismo débil. Esa organización partidaria era, en la percepción de los dominicanos, la más grande y en el escenario electoral construyó mayoría, ganando desde el 2004 hasta el 2016 en primera vuelta. Esto es, con más del 50% más uno. Balaguer en 6 elecciones ganaba con mayoría simple.

Ningún partido político desde el 1961, con la excepción del PRD de Bosch, había conformado esa inmensa mayoría. Con el triunfo del PLD en el 2004 esa institución constituyó una plataforma para su dominio desde el Estado. Diseñarían una fisonomía donde Estado-Partido, Partido-Estado, en su contenido, era la misma configuración. Su máximo organismo ejecutivo, el Comité Político, tenía más peso en los poderes públicos del Estado. Así, el Congreso y el Poder Legislativo quedaban subsumidos y subyugados a ese instrumento partidario.

El PLD instrumentalizaría toda forma de dominio y poder a través del Estado mismo, operativizando el clientelismo institucional como eje nodal de permanencia y hegemonía. La corrupción en toda su dimensión y vastedad catalizaría y cimentaría el triángulo articulador para fomentar su abuso y uso del poder. La supremacía del PLD se llevaría a cabo en múltiples modalidades:

  1. Abrió el partido de uno de cuadro a uno de masa, aunque prevalecía el centralismo democrático por un tiempo. Esto le dio mayor grado de racionalidad en sus decisiones.
  2. “Atrajo” a una parte significativa del Partido Reformista.
  3. Fomentó la división en el PRD a través de los órganos de las altas cortes.
  4. La nómina publica serviría de soporte en la construcción de mayoría, de tal manera que han triplicado la misma en los últimos 15 años.
  5. La “protección social”: Tarjeta de solidaridad, bono luz, bono gas, bono estudiantil, que conforman alrededor de 950,000, se instrumentalizan cada 4 años para las elecciones.
  6. El Barrilito y el Cofrecito se anidaron como estrategia de dominación vía los territorios para garantizar la captación de electores, donde el clientelismo es la norma y “valor”.
  7. El aparato de predominio para “cohesionar” se logra a través de los medios de comunicación. Cientos y cientos de comunicadores y periodistas al servicio de la “estructuración de todo está bien”. Decenas y decenas de “opinadores” en las redes con agenda desde el Palacio y de funcionarios.
  8. En ningún país del mundo, desde el Poder Ejecutivo, se eroga tanto dinero en publicidad para redimensionar las ejecutorias del gobierno y promover la figura del presidente.
  9. Los aparatos coercitivos del Estado, en esa edificación de dominación no tuvieron que ejercer un rol de principalía para neutralizar a los sectores subalternos. Sí en cambio ha operado el aparato judicial en dos vertientes que solidificaron todo el tinglado de dominio y control: para no judicializar y condenar a los funcionarios corruptos donde la impunidad es la norma, de tal manera que el coeficiente de impunidad es el más alto de América Latina y el Ministerio Público persigue y desvincula a los que plantean argumentos distintos al procurador.

Lo de Miriam Germán, Marino Zapete y ahora, Huchi Lora y Altagracia Salazar, es la clara obviedad del uso del conjunto de aparatos jurídicos políticos, no legítimos, para sus intereses partidarios y corporativos. Lo de Iris Guaba, Directora del Plan Social de la Presidencia, señalando “Lo importante es, no es que escriban aquí, lo importante es que escriban afuera, que chequeen las redes, en todos lados. Chequeen donde los hacedores de noticias, por ejemplo, busquen a Huchi Lora, Altagracia Salazar, Orlando Jorge Mera y cáiganle encima, que ese estúpido aprovechando artículo que no es...”.

Ese fue el eje de articulación para el dominio ideológico-cultural. Iris Guaba es la punta del iceberg y al mismo tiempo el campo de inflexión de la degradación y ocaso, de una forma de gobernar en la opacidad y en la falta de decencia. Ella, no es, es el germen del virus, de la bacteria, fraguada en la hegemonía y dominación. ¡Que veamos el audio hoy es el corolario del crepúsculo, de la ruptura de la superioridad del partido en el poder. Se resquebrajan sus andamios, su “quiebre histórico”!

Miriam Germán, Marino Zapete, Huchi Lora, Altagracia Salazar, Edith Febles, Juan Bolívar Díaz juegan sus roles en el edificio que aloja la propia Constitución en los artículos 22, numeral 5 y el 75, numeral 12, que rezan “DERECHOS DE CIUDADANIA: Denunciar las faltas cometidas por los funcionarios públicos en el desempeño de su cargo.”. DERECHOS FUNDAMENTALES: Velar por el fortalecimiento y la calidad de la democracia, el respeto del patrimonio público y el ejercicio transparente de la función pública”.

Asumen su papel como comunicador y ciudadanos. El ciudadano a plenitud es el que le da vitalidad, coherencia y veeduría en un Estado democrático. Sin ciudadanía no hay verdadera democracia. Su ausencia, por miedo, por silencio, por hipocresía, robustece la autocracia y el verticalismo y el abuso del poder. Se pierde, en primea instancia, la legitimidad, nos alejamos de la cohesión social. Eclosiona, irrumpe de manera sistemática la anomia institucional, antesala de la descomposición de la legalidad y el desgarramiento sin límites ni apariencias.

La sociedad civil, en su ejercicio de ciudadanía, es la fuente no solo de la creación de la protocracia sino de la verdadera gobernabilidad. Es la brújula que hace posible el equilibrio. Esa sociedad civil que puede ser de promoción y/o de protección, se puede definir, según Wilfredo Lozano como “el campo de articulación de intereses ciudadanos que al tomar posición sobre problemas centrales de la vida pública establecen una relación particular con el Estado que afectan las acciones propiamente políticas”.

Para Cristina Purga, Jacqueline Peschard y Teresa Castro “El Estado moderno es una forma de control social. Sin embargo esta fuerza no puede ser arbitraria si quiere mantenerse; de ahí que el poder del Estado esté delimitado por un conjunto de normas y procedimientos que hacen que todos los integrantes de la sociedad reconozcan su obligación de someterse al control y ordenamiento legal que aquel representa”.

 La Sociedad Civil, al decir de Sergio de Piero, “constituye esferas de las relaciones entre individuos, entre grupos y clases sociales que se desarrollan fuera de las relaciones de poder que caracteriza a las instituciones estatales”. 

El relato esencial de la sociedad civil es la construcción y vigilancia en el cumplimiento y realización de la plena existencia humana, que va más allá de los poderes públicos. Mientras más fuerte es ella menos hegemonía coercitiva se deriva. Ella es, a fin de cuentas, como nos diría Mary Kaldor “una sociedad gobernada por la ley, principalmente basada en el consentimiento de los ciudadanos individuales más que en la coerción”. Ciudadanía y gobernabilidad modelan una sociedad democrática y potencializan más el Estado de derecho y los derechos fundamentales.

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