Uno de los temas más comentados y de actualidad es que se supriman los privilegios de que gozan los legisladores. El pueblo en general está de acuerdo en que estas prácticas se descontinúen, pero creo es por envidia, incluyéndome a mí.

En esta semana que concluye he disfrutado grandemente las noticias, porque no es tan importante el que  dos congresistas decidan renunciar al barrilito. Una  golondrina no hace verano, ni dos tampoco.

Quienes están haciendo su agosto son los que sin ningún pudor están defendiendo esos intereses por los que lucharon. No es de admirar cuando un dirigente dice que no acepta ese cargo porque “no fue de eso de lo que se habló, que en eso no fue que quedamos”. Estoy en pensar que ideales no mueven a la gente a optar por cargos públicos. Que cuando se lanzan a las calles a caminar, a banderear, es pensando  qué tajada del pastel le será más útil.

Como ya todo se puede medir haciendo proyecciones a futuro, cada persona desinteresada y amante de su pueblo que se lanza a politiquear, hace sus cálculos precisos de qué va a tener cuando salga del carguito.

Tengo ocho meses confinada en mi hogar, el tiempo me alcanza para leer, abro los periódicos mil veces al día para estar al tanto de lo que ocurre minuto a minuto. He aprendido que los cargos aunque sean por elección son patrimonios que pueden ser heredados. He aprendido que lo que se dice en campaña no es lo que se practica cuando se llega al poder. He aprendido que tanto amor a sus pueblos no es tal amor, es amor a su propio bolsillo.

He visto como defienden las asignaciones monetarias los congresistas para realizar obras sociales. Basándome en ese criterio, quiero hacer un llamado principalmente a Faride Raful a quien admiraba tanto y de quien creí en su discurso de pre-senadora, quiero que re direccione algo hacia mí, soy vieja, necesito cambiar mi cocina. Quiero estufa, microondas, lavadora, secadora y nevera nuevas, y si considera, pagarme una empleada que me cocine antojitos que alegren mi paladar. Creo que me puede re direccionar algo, no tiene que ser en su totalidad, pero parte de su barrilito. (Cuando termino de escribir mi artículo me entero al leer los periódicos que Faride echó pa’trá, pero yo me llevé de Poncio Pilatos cuando dijo: “Lo escrito, escrito está” y no quise echar pa’trá, pues este es mi pensar).

A los que tienen dos exoneraciones, que me cedan una, pero como mi edad no me permite manejar, porque lo que uno deja de practicar se pierde en el camino, puede el ministro de defensa asignarme un guarda espaldas para que me sirva de cuidador y chofer, que me cargue las fundas del supermercado y me espere tranquilamente mientras estoy en el salón de belleza.

Como son tantos los congresistas, iré pensando con qué pueda ayudarme cada uno, porque ellos justifican esas dádivas para ayudas sociales. Debo averiguar adónde dirigirme para hacer mis peticiones y ponerme en un listado. Pensándolo bien, podrían asignarme una ayuda económica mensual. Designo al Torito para que sea mi representante en esta misión de asignación de fondo dentro de la labor social.

Como solamente se han prohibido las dádivas de canastas en las instituciones del Estado y siempre he tenido la esperanza de que me regalen una canasta navideña con un jamón serrano, con todo y dispensador. Un whisky de los más caros, no sé qué marca, porque no bebo alcohol. Queso manchego. Chocolates suizos. Semillas traídas directamente de oriente, así como dátiles de Marruecos. En fin, todas esas exquisiteces que hasta ahora me son vedadas y creo que pueden salir de esos fondos sociales que los congresistas tanto defienden.

Ya no tengo edad de emprender nada, así que mis aspiraciones a acumular millones en poco tiempo están fuera de mi alcance. Pienso que toda una vida trabajando dignamente no me alcanzaron para hacer una fortuna que me pudieran colocar en un lugar como emprendedora  de éxito. No puedo hacer una declaración jurada que no me avergüence por lo poco que he podido conseguir en cincuenta años de trabajo digno, serio y honrado. Aunque sí he concebido la idea de fundar un partido pues no sabía de la cantidad de dinero tan grande que le concedía el Estado para poder realizar sus campañas. Que no reduzcan esas partidas ahora que me propongo formar mi propio partido. Es discriminante en contra mía.

Pero hay algo que me ha hecho decir unas frases que cuando pequeña escuchaba en los campos que visitaba, aunque les juro no sé que significaban, ni tampoco si eso era lo que literalmente decían: “¡Abenuncio satanás! ¡Magnífica animamea!” se está reconociendo que en nuestro país las niñas están en condiciones de procrear, pues ya la JCE les está reconociendo sus derechos proporcionándoles la cédula de identidad antes de cumplir los doce años si es que han salido embarazadas y de esta forma puedan reconocer a sus bebés. Ya con esta acción queda legitimado el matrimonio infantil y la violación sin penas, para el abusador.

Creo que ya nada nos queda por ver y escuchar, es demasiado y la esperanza que teníamos era verde y se la comieron los burros.

De lo único que estoy segura es que en tan solo dos meses y un poquito más de gobierno estoy tan saturada que pienso que llevamos todos los años de Balaguer, los veinte del PLD y los períodos que ha gobernado el PRD.

Simplemente: ¡ESTOY JARTA!