Fue el catalán Ildefonso Cerdá (1815-1876) que en el siglo XIX utilizó por primera vez, el término “urbanización” partiendo del concepto latino de “Urbs”. En la tradición romana, la Urbs expresa todo lo que se encontraba en el interior del círculo limitado por el surco que abrían los bueyes sagrados,  en un acto de gran trascendencia simbólica que los ciudadanos romanos realizaban para convertir un territorio concreto, en un espacio habitable. Esta práctica cultural romana permite valorar desde sus orígenes, la “cultura” y el desarrollo del urbanismo, en nuestro caso el urbanismo que en el CIDEU adjetivamos como “inclusivo”.

Precisamente hoy desde el Plan Estratégico 2020 tratamos de legitimar que la cultura sea central en el urbanismo de Santiago. No la cultura como espectáculo, sino como eje de trabajo para impulsar el desarrollo urbano con la “gente adentro”.

Idelfonso Cerdá citado por CIDEU planteó “estas son las razones filológicas que me inducen en la palabra urbanización, no sólo para indicar cualquier acto que tienda a agrupar la edificación y regularizar su funcionamiento en las agrupaciones humanas ya formadas, sino también el conjunto de principios, doctrinas y reglas que deben aplicarse, para que la edificación y su agrupamiento, lejos de comprimir, desvirtuar y corromper las facultades físicas, morales e intelectuales de los ‘seres humanos’, sirvan para fomentar su desarrollo y vigor. Para acrecentar el bienestar individual, cuya sumatoria, añadimos nosotros, tiene la facultad sociológica de concretar lo que Cerdá denominó creativamente como “felicidad pública”.

Santiago experimenta hoy un fenómeno que como resultado de la globalización de los viajes y la misma diáspora dominicana en USA y Europa, nuevas presencias aparecen en su paisaje. Visitantes de Europa, EUA, Haití Asia, Caribe y Centroamérica provocan curiosidades. La diversidad de modos de vida empieza a ser más presente y sentida en Santiago. Novedosos rostros, peinados, sabores, pensares, religiosidades e identidades diversas son más visibles en calles, barrios, universidades, hoteles, plazas, tiendas y negocios. Los modos de vida de la gente que es lo que llamamos  “cultura” termina siendo un recurso vital para construir la ciudad, y un excelente nicho para debatir, aprender del otro, vitorear lo diverso, cohesionar, integrar  y concurrir.

Desde el primer plan estratégico (2002) valoramos la cultura como punto de apoyo al posicionamiento de Santiago en el país, El Caribe, Centroamérica y el mundo. Santiago puede colocarse de forma competitiva si decidimos conquistar la mente, gustos y sabores recreativos de una porción crítica de ciudadanos locales, visitantes y turistas.  Si la relación entre cultura y  desarrollo es creativa, diversa, tolerante e inclusiva, entonces podemos prevenir conflictos y asegurar que el progreso se asuma como un ejercicio de construcción de ciudadanía.

El CIDEU reflexiona que si queremos hacer concurrir la Cultura y el Urbanismo Inclusivo se impone fortalecer la incorporación de la ciudadanía al proceso de pensar lo urbano. De ahí que sea una tarea pedagógica y un proceso de cambio cultural. Muchas ciudades, especialmente Medellín  precisan que en los asuntos de urbanismo, el gobierno local debe ser el primer pedagogo”.

Para que el Urbanismo sea Inclusivo es vital la interacción de técnicos, promotores, de la ciudadanía llana, y de gobernantes de forma que todos compartan el significado y alcance de los proyectos urbanos en ejecución. Para que la ciudadanía se incorpore al urbanismo se impone compartir la información, incorporar a los proyectos, las necesidades que sólo la comunidad conoce. De eso se trata el proyecto Agenda Estratégica de Cultura para el Desarrollo de armonizar esos dos ejes el urbanismo incluyente y la cultura.

Este enfoque estratégico concibe por cultura a las formas concretas en que en un territorio, ciudadanos y ciudadanas viven juntos. La cultura se puede impulsar vía un urbanismo inclusivo integral, colocándola como catalizador económico, social y político de las ciudades. CIDEU precisa que las estrategias para un urbanismo inclusivo en concurrencia con la cultura, buscan armonizar la participación de cuatro actores: i) la ciudadanía a concretar en cada comunidad, ii) los gobernantes, iii) los profesionales del urbanismo, y en su caso, iv) los empresarios y promotores del desarrollo urbano. En eso estamos.