Trazos del pensar

Crítica, economía y cine en la era de la globalización

La relación entre la crítica de cine, el marketing y el consumo audiovisual, se hace legible, constructiva y modeladora en el contexto de circulación de los valores que emite el producto y el proceso de productividad.

Por Odalís G. Pérez

La relación entre crítica, cine, economía y globalización traza hoy las cardinales de conocimiento, actualidad y movilidad de un producto en el contexto de intercambio de valores, lo que permite reconocer un medio y un modo de producción de imágenes cinematográficas o audiovisuales.

El generador que motiva el acceso a un producto audiovisual propicia un desarrollo y al mismo tiempo un proceso crítico, producción, valoración y  direccionalidad que invitan a la circulación de un producto y un enmarque publicitario que refiere a una dinámica de bordes y de centros desde los cuales alcanza niveles de funcionamiento la industria cinematográfica, el marketing audiovisual, la economía de medios , la crítica de cine y el sistema económico de coordenadas que desarrolla el movimiento progresivo de los mercados donde se impulsan narrativas,  productividades audiovisuales, difusión y marcos de instalación técnica, programación, espectadores  y recepción de valores cinematográficos, de tal manera que aquello que la industria audiovisual produce, propicia, promueve y facilita forma parte de un empresariado que asume la responsabilidad de invertir en la difusión de un producto estéticamente confirmado y determinado por variables de comunicación y movilidad de los significados formales y materiales que adquieren valor en los espacios audiovisuales o “ industrias del entretenimiento”.

Se trata, en este caso, de vertientes nacionales e internacionales que conforman los niveles de creación, precisión, posicionamiento, dimensión social, cultura y marca de productos fílmicos en contexto de comunicación .

Un estado actual de la crítica de cine y la llamada prensa cinematográfica la emprende a favor y en contra del producto y el dinero entendido como generador activo en la producción  de un evento cinematográfico o audiovisual, justificado por cierta telecultura o videocultura, iconosferas culturales y ya felizmente audiovisuales impuestas por un aparato de producción que convierte el valor en mercancía y viceversa; este fenómeno se expresa mayormente en la producción y difusión de mercados predominantes en Europa, China, África, India, América o la llamada vertiente Iberoamericana, cuyos estadios de selección y valoración están ligados a una mercadología orientada a la industria global de valores y experiencias, que muchas veces se establece en un, o mediante un ranking de estrenos cinematográficos o videoculturales que se asumen a través  del intercontacto, unas veces sincrónicos y otras veces diacrónicos, tal como lo expresa el crítico e historiador de cine Pierre Sorlin en su libro titulado El dinero de Hollywood( ED, Paidós, Barcelona, 2002). La industria Hollywood sigue siendo hoy el parámetro y modelo en el mapa de la globalización vigente en la tardo-modernidad. Estas determinantes, variables y experimentos revelan un poder de lo que hoy entendemos por cine o nuevos medios audiovisuales. Lo que conduce necesariamente a un entendimiento del proceso de inversión, sobredeterminación, flujo, ganancia, o resultado liberado por el espectador, consumidor o sujeto de la audiencia y el consumo.

En efecto, los llamados bloques estratégicos que desde finales del siglo XX se empoderan para hacerle frente a un nuevo paradigma de mercado audiovisual, asumen el momento evolutivo en un rango temporal y cronológico que va del 2005 al 2010; del 2012 al 2015; del 2015 al 2020, de un estado de frecuencia o de arritmia que permite asimilar las marcas, los accesos, las finanzas, los financiamientos, la contabilidad cinematográfica, a propósito de productos puestos a prueba desde el punto de vista económico y comercial que también justifican, a nivel local y global, comportamientos económicos viables o plausibles en el marco de un crecimiento ascendente, descendente o variable, según su marco de crecimiento; lo que como resultado, dará lugar a una experiencia productora, traductora o compensadora en cuanto al cine y los medios audiovisuales.

La relación entre la crítica de cine, el marketing y el consumo audiovisual, se hace legible, constructiva y modeladora en el contexto de circulación de los valores que emite el producto y el proceso de productividad. El punto de crecimiento de la industria cinematográfica o audiovisual de nuestros días implica un nivel de inversión, distribución económica, dinero, desarrollo desigual dentro del mapa de un proceso ascendente, descendente, normal y variable según los gráficos y curvas que sirven para medir de forma cuantitativa y estadística dicho fenómeno.

El crítico de arte y su crítica difunden un saber y una movilidad de dicho fenómeno, toda vez que la ejecutoria o ejecutorias de producción, remiten a un ritmo de crecimiento que presentan valores controlables de acciones, referencias, objetivos y visiones que parten de toda propuesta audiovisual en un tiempo y un espacio determinados. (Véanse los ejemplos actuales de las nuevas cinematografías: Nigeria, El Cabo, Egipto, Nueva Zelandia, Corea, Etiopía, Hong Kong). Todo este proceso revela que, a nivel de la crítica institucional, histórica y pública  el producto,  el consumo, la emisión de presupuestos, la gran suma de variables psicológicas, estéticas, realizadoras, publicitarias e industriosas facilitan informaciones, rasgos de producciones, movilidades productivas y otros elementos que ponen de relieve el mapa de la crítica contemporánea de cine y los estudios audiovisuales específicos.

Actualmente, las diversas publicaciones sobre cine se apoyan en las descripciones que aparecen en los catálogos de producción, anuarios y revistas especializadas de América, Europa, Asia, Latinoamérica, China y otros lugares donde se produce y se difunden productos audiovisuales. Todo lo anterior define un proceso donde entran los datos del mercado en cuanto al cine, los datos ofrecidos por salas de cine, los niveles variados de distribución de películas, o thriller que se enfocan más hacia lo publicitario y que a su vez definen una experiencia que involucra una relación entre producto, recepción, situación de comunicación, periodización, valor informativo, orientación de la información y codificación de resultados.

En el caso de una economía de la presencia donde el cine se traduce en niveles de producción y necesidad, los problemas de presupuesto e inversión se valoran con sus aplicaciones, modelos de base, sistema crítico, institución rectora, y objetivos económicos. Toda vez que el enmarque de la creación y el consumo establecen el nexo productor y comunicador con el sujeto consumidor. La crítica de cine, en tal sentido, está vinculada a las diversas interpretaciones de este fenómeno que se expresa en el orden estético, productor, significante y axiológico. Lo que indudablemente dará lugar a vínculos, productividades y concepciones de la obra de arte cinematográfica en sus diversos contextos de significación

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