CARTA ABIERTA AL MINISTERIO DE CULTURA.
Luego de haber leído la reseña publicada en Acento.com.do de que la Feria del Libro se proyecta realizar en el área de Sans Soucí, y que su montaje allí significaría un ahorro de $50 millones de pesos, me permito reflexionar sobre la FIL-SD. En tal sentido, es importante señalar –desde nuestro punto de vista- que la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo (FIL-SD) no es cierto que sea el eje principal de la vida cultural en Santo Domingo; el eje principal de la vida cultural en Santo Domingo son las manifestaciones de sincretismo.
Una gestión cultural debe procurar el bienestar de los ciudadanos (no el mero entretenimiento), para incrementar su calidad de vida; y una gestión política debe optimizar las apuestas a una sociedad moderna e inteligente, no tratar de divertir al público abusando de la naturaleza y del paisaje urbano.
El protagonismo atribuido a la Feria del Libro, y su cacareada proyección nacional e internacional, no sabemos si depende de cuál realidad se desea mercadear: si el libro como símbolo de la evolución del pensamiento de la humanidad, o el carácter efímero de sus espectáculos para entretener a las masas o el circuito participativo de oferta-público, en el cual se conjugan las fronteras entre el aprendizaje inducido, la ausencia de discernimiento de los espectadores ante la cultura oficial, y la permanencia del diálogo multidisciplinario entre los agentes la cultura.
En fin, ¿qué quiere la Feria? ¿Qué se vendan los libros, aún cuando no se lean, que sea un escaparate?
Una Feria debe ser un escenario por el cual los ciudadanos/clientes puedan desplazarse con comodidad, más si van a consumir productos que son libros, no simples comestibles cual si se va a un supermercado o a una calle de comercios.
La marca “Feria Internacional del Libro de Santo Domingo” debe afinar bien sus características, y, más aún, su capacidad de exportar libros y autores dominicanos, no de importar solo autores extranjeros; aún hoy se desconoce cuál es la captación real de lectores que atrae la misma ni cómo identificar a posibles lectores entre la población infantil y juvenil.
Su reiterada carta de internacionalización, a través de catálogos, afiches y programas, aún no sé qué nos asegura; recordemos que la falta de una verdadera industria editorial nacional es el gran obstáculo de la literatura dominicana. Todos sabemos que la autoedición representa el 87.9 de la impresión de los libros. Exportar libros dominicanos es una aventura que encaminaron la Librería La Trinitaria y Editora Taller, en su momento.
Los organizadores de una Feria Internacional del Libro deben recordar que, hay que diseñar, ir creando un tejido –por mediano o pequeño que sea- para que el libro dominicano circule en el exterior.
Ahora, nos preguntamos: ¿Cuál imagen propia es la que exporta la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo? ¿Realmente es rentable este tipo de evento para el circuito de producción del libro? ¿Y el mercado del libro? ¿O es ésta una Feria de expo-consumo del libro junto a gaseosas y comidas rápidas, de empresas y/o instituciones no vinculantes al mundo editorial, y ahora de un maratón de espectáculos artísticos?
Ahora bien: ¿Tiene la Feria del Libro una misión y una visión institucional, amén de los compromisos sociales que significa acudir a ser parte de un programa de 331 páginas?
Cuando la “cultura” es dirigida.
Observemos que la Feria del Libro no es un espacio ni siquiera en el cual los adolescentes se agrupan para reconocerse ante el absurdo de los mitos que les trae la cultura oficial; no se enfrentan a los libros como lectores, ni el medio ambiente de la FIL-SD les permite compenetrarse con su mundo interior ni revelarse a sí mismos con argumentos íntimos en torno a sus vivencias en medio de esta sociedad decadente y degradada.
Parece que es un sueño educarnos y educarlos, y la Feria es sólo un relámpago, un registro decimonónico, sagas, humorismo de lo que no debemos hacer ante una realidad que nos golpea: la prostitución de la dignidad de los sujetos con ínfimas y menores oportunidades de discernimiento, ya que la masa “iletrada”, la masa barrial acude a un espectáculo de manipulación desde el Estado, viviendo como viven, inducidos, a una pobreza de espíritu, moral, material y ética.
La FIL-SD tiene sus aristas y cristales para mirarla; no sé si todos están rotos, si resisten una rebelión categórica ante el sistema; si la frágil razón de los “desterrados de la tierra” corona esta carcoma diversión de “Feria de tristeza” que el simulacro del progreso.
Entonces nos preguntamos, en el momento actual: ¿Qué es lo viable para esta sociedad? ¿Trasmutarse? ¿Abrumarse de preguntas? ¿Representar a la diosa modernidad en ruptura con el pensamiento crítico?
La Feria como “estampa” gráfica solo puede compararse con un “collage” capitalizado por un falso mecenazgo del Estado, a través del Ministerio de Cultura. La FIL-SD es un golpe de asombro, de mal asombro, una conjunción de burla y de farsa ante el mito del progreso, agotado en el discurso de dos siglos, con su repertorio de servidumbre lúdica y gestual, tan carnavalesca como la cola de una rata con alhajas de mimes. La Feria reduce al Caribe a una calcografía cosmogónica, sin tonalidades oníricas.
La FIL-SD tiene sus adeptos, a los cuales les gusta el chisporroteo verbal de sus ingeniosos organizadores-culturólogos, con “prosa de sonajero”, “recepción de lectores” sin ganar lectores; es un evento que no está hecho con precariedad, que se presenta de manera obscena ante la miseria y la ignorancia de un pueblo como este, adormeciendo a los espíritus, tejiendo páginas contra-la-memoria, pulidas tras bastidores por un orden impuesto, que en definitiva no conquista ni reivindica a la dignidad de muchos de sus espectadores.
Esta es una “fiesta” palpitante –dirán algunos-, pero que a nuestro modo de ver vivifica no al alma, sino a la simulación; inventando, re-inventando crónicas de prestidigitadores de la memoria sin pudor ni ningún tipo de veracidad.
¿Qué es la Feria del Libro actualmente?- Charangas publicitarias, “summa intemerata”, ¿una metáfora del corazón humano?, ¿cosmovisiones distintas, pero a la vez coincidentes?, o como diría el autor español Norbeto Alcocer: “Entusiasmo popular tan utópico en su caótico devenir”.
Las tensiones ideológicas no jalonan a la Feria; su comercialidad, las bocanadas del dióxido de carbono, permiten que las máscaras sociales se re-inventen, a través de la fatuidad petulante. Y así, encontramos este laberinto mental entramado, esta abúlica recreación de la “cultura”, con germinales intenciones, y prensa frívola y poderosa que la apoya.
Un “tournée” por el área de la FIL-SD se convierte en una mirada caótica; en una saga de aficiones, en una ausencia irremediable de felicidad del espíritu como esencia en la plenitud de la libertad de conciencia.
La FIL-SD es el “iceberg” de la miseranda. No obstante, la miseranda será su “iceberg” tarde o temprano, aún cuando nos la presenten a través del clisé de que ella (la miseranda) representa un desbordamiento de “visitantes”.
Cultura-educación-lectura, trae consigo un conflicto de valores. Comunicación-manipulación-libertad, trae consigo otro conflicto de valores a través de la información mediática.
Pero no me digan, ahora, que me canto y me lloro, o que no quiero reconocer los logros de los organizadores de la Feria del Libro, y su repercusión en los medios de comunicación y la afluencia -“Nunca vista”- del público visitante, y su impacto en los televidentes que son testigos de la “majestuosa” noche inaugural, cuyo costo, a cuenta de las arcas del Estado, siempre se desconoce.
¿Qué es la Feria? ¿Una prolongada muestra de identidad caribeña?-¿”amable”, “cordial”, alegre”? ¿O un acto promocional más de las estructuras del Estado patriarcal y paternalista?
Las Ferias de Libros no son un almacén de ideas ni una cadena de participación alegre; son una empresa de oferta y demanda; quizás en ellas se puede jugar a la competitividad, a las leyes del mercado, a buscar un producto de contenido tecnológico que se vende y comercializa.
El tema de la Feria Internacional del Libro no se agota de un tirón, ya que su montaje, realización, etc., no puede obedecer solamente a un asunto de marketing ni de espacios pagados en la prensa. Es algo más.
Sus organizadores pretenden, a través de un convencimiento modular, imponernos sus argumentos. Sin embargo, con dolor una expresa que esta sociedad cada día se torna irrecuperable. Los libros necesitan ser reverenciados con el cuidado que les demos.
Wilfredo Lozano en su columna “Los trabajos y los días” publicada en el desaparecido periódico CLAVE en su artículo “Tensiones del discurso político” (CLAVE, 1º de mayo de 2008, p. 30) nos hablaba de la “esquizofrenia clientelar”. Un concepto que puede aplicársele a la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, la cual se muestra /exhibe/diseña/dirige/planifica, etc., etc., etc., desde la “esquizofrenia clientelar”. La Feria lo que pretende es asumir la dirección de las masas, desde un Ministerio de Estado, que asume una misión clientelar.
Feria Internacional del Libro de Santo Domingo nos revela que estamos ante unas masas populares sin liderazgo intelectual, que no pueden interpretar la manipulación a la cual son sumidas, que no tienen espacio social para discernir. De ahí, que ese colectivo social (de organizadores-culturólogos) las convierten en clientes/alienados de esa voluntad estatal maniqueísta, mediática, institucional, y autoritaria que encarna el Ministerio de Cultura, en base a la retórica del “progreso”, y los “habitués” de la FIL, que conllevan a la degradación de la Feria y a hacerla una Feria para los gozadores, de la chercha, de la coyuntura, de esa sociedad de “esquizofrenia clientelar” que cada día se torna irrecuperable.
Las nuestras son unas masas, sin duda, eufóricas en exceso, nada más y nada menos, que encarnando su sangre caribeña. La Feria se convierte en un satélite, desde la órbita del sincretismo, para ganarse la complicidad del pueblo con lo mediático, divirtiéndole, además, popularmente. Acaso: ¿Es la Feria por igual para la “clase letrada” que para la “clase iletrada”?
¿Cuál es el aura de la Feria? ¿Luces glamorosas? ¿Un salto en la renovación, en el nuevo rumbo que procura tener y convertir a la escritura autoral en escritura informática, ya que todos añoran tener un ordenador, una “laptop” para sus novelas, relatos, ficciones, poemas, biografías, cartas, artículos, etc.?
La Feria “levanta” entusiasmo; trae en apariencia una dosis de enriquecimiento cultural con propuestas que arrastran a un público espectador. Sin embargo, tanto esfuerzo folklorista, humorístico y colorista se diluye cuando a borbotones la visita un público que sólo avala el olor de multitud, la polvareda de los vehículos y autobuses, y caminos que transitan por sus calles y avenidas aledañas al ritmo de lo telúrico, mediático, sincrético y con olor a “esquizofrenia clientelar”.
¿Cómo se desenvuelve la FIL-SD? ¿Atrayendo de manera compulsiva a un público diverso, poniendo en escena, de manera fragmentada, lo que somos:-Un pueblo, en su mayoría, cuya cotidianidad es una muestra del absurdo de la sobrevivencia económica, que no tiene una percepción mínima acabada de los significantes de la palabra cultura, a pesar de todos los discursos y hondura de pensamiento que pueda exhibir la llamada “inteligencia” que con sus resortes comunicacionales se proclama como dioses de la palabra y de la verdad absoluta?, y para quienes la mayoría no es más que una masa amorfa de “batiburrillos”.
La FIL-SD se ha convertido –por su particular montaje- en una maquinaria de divertimento. La domina la palabra “fabuloso”, apoyada en contrapuntísticos espectáculos. El drama existencial que alberga es que en materia de conferencias, coloquios, etc., lo literario arropa las otras temáticas; ese es su páramo, su desvelo, su obsesión: el autor-literato con carácter omnisciente y omnipresente compromiso con la “esquizofrenia clientelar”, componiendo con sus múltiples rostros un mosaico de la antigüedad helénica.
La FIL-SD en primera persona: significa escritor de ficción, que es quien marca con inflexión las coordenadas básicas del desarrollo de la Feria; pero ¿el auditorio de la Feria los escucha? ¿O ve (observada) su presencia allí como una velada de escuela?
88,000 metros cuadrados, área de la Plaza de la Cultura, lugar donde se desarrolla la Feria del Libro denominada “festival de la cultura”. Es posible ver la Feria desde una rendija: desde el Metro de Santo Domingo, desde una ciudad con una gran densidad poblacional, desde la contaminación del ruido, desde un lugar que no cuenta con sistema de insonorización para mantener el aire limpio y libre de elementos tóxicos. La FIL-SD no protege al medio ambiente. El CO2 que se concentra en la Plaza de la Cultura impide que, hasta los pocos árboles de allí y sus alrededores respiren.
Crear la cultura del ocio inteligente, crear un complejo arquitectónico para las artes y las ciencias, un Centro de Convenciones como centro educativo, esa sí es una oferta cultural y educativa de progreso en Santo Domingo que puede ser llamado “ciudad de las artes”.
¿Cuál es, entonces, la plusvalía que añade la Feria del Libro a la ciudad de Santo Domingo? La Plaza de la Cultura no reúne las condiciones de infraestructura para el número de visitantes que sus organizadores proclaman. Nos hacen crear que la FIL-SD es “Una ciudad dentro de la ciudad”. ¿Cuántas visitas diarias recibe la Feria? Pensemos en que hay que descentralizar a la Feria, sacarla de allí, no puede continuar como una Feria del Libro –si se pretende reivindicarla- centrada en un lugar inadecuado; su montaje anual hace daño al paisaje urbano y al medioambiente; esta Plaza y sus edificios (museos, teatro, biblioteca), así como sus áreas de servicio, no se diseñaron para albergar a millones -como se proclama por los medios-de visitantes en apenas dos semanas.
Su montaje es neurálgico en esta Plaza del polígono central, que no es siquiera ya un pulmón de arboleda. Su realización en el mes de abril no toma en cuenta el clima tropical y la vegetación, al hacerla “al aire libre”. Abril es un mes de altas temperaturas. La Plaza no es un enclave ni un conjunto diseñado adecuado para lo que de ahora en adelante, en vez de Feria del Libro, se ha denominado “festival de la cultura”.
¿A qué apuesta la Feria del Libro? ¿Qué papel quiere jugar? ¿Ser un gran proyecto de comunicación: tren, corredor…? ¿En qué contribuye este tren al desarrollo cultural de la nación?
La borrachera de la política. ¿Qué trae anualmente el ocio “cultural” temático de la FIL-SD? ¿Propuesta de diversión y un proyecto empresarial sin límites de edad? ¿Solo una masa de usuarios activos de la FIL, de público visitante, no ciudadanos/clientes del libro?
No olvidemos, como ejemplo, de ese “proyecto de comunicación: tren, corredor” que es la FIL-SD, la apoteosis del Metro, su “ópera prima” al servicio de la Feria como un cóctel de surrealismo. Recordemos que en Santo Domingo la simulación es una “profesión” en alza. Sus actores han aumentado, y conseguido alcanzar el éxito.
La FIL-SD nos ha permitido conocer que este será un episodio de la historia nacional que recordaremos como la etapa en la cual la Media-Isla era una ficción, en la cual la propaganda mediática buscaba imponer el exterminio de la reflexión en todas las actividades cotidianas de sus ciudadanos.
La avalancha hacia el Metro, y la manipulación de las masas, nos mostró que estamos ante una sociedad en penoso declive, corrompida, maniqueísta, degradada, que no conoce de autodeterminación ni siquiera al través del sufragio.
Refugiados por causas ambientales. Es que la FIL no encuadra en ese perímetro desalentador de estrechas vías, de esta ciudad “metrópolis”; no encuadra entre La Esperilla y Gazcue. La supuesta provocación libresca que envuelve, lo poco que pueda tener de “atractivo” se convierte en una pesadilla para los habitantes y usuarios de sus alrededores.
Es excesivo promover –gratuitamente- el desplazamientos de miles de personas a un espacio de terrero tan limitado –hasta en sus servicios-. A nadie, con un poco de sentido común, se le ocurriría jugar al rol de héroe en una historia sobre la FIL que se denomine los “Refugiados por causas ambientales”, porque la FIL lo que más augura para todos, lamentablemente, es que nos pongamos a pensar en desarrollar una faceta de novelista, que procure desglosar esta paradoja, esta intención deliberada o no, que trae la Feria.
Esta no es una visión desmitificadota de la Feria en miniatura, ni una sorda protesta de los “Refugiados por causas ambientales” para provocar una conmoción ni un alarido ni que se convoque una reunión para decir lo contrario. Esta es la visión “postmoderna” en la cual la FIL de sus organizadores-culturólogos se desenvuelve, de este irreparable evento denominado “fiesta cultural” que se busca proyectar como un “modelo paradigmático” –palabras de ellos mismos- a nivel internacional.
Es que no, esta confusa “fiesta cultural” en la cual todo el talento y la creación nacional “participa”, debe de dotar de jerarquía al libro para que pueda exhibir un saldo positivo. ¿O, es que acaso montar una Feria del Libro es un crucigrama difícil de comprender, su identidad, sus señas y sus santos?
Este no es un escrito ni una opinión traída desde el tribunal de la teología de la Santa Inquisición, ni es una insólita percepción, ni muchos menos una posición de intolerancia. Es mi postura, mi pensar, que espero nos conduzca a una reflexión sincera en torno a la gestión cultural vista no como gestión política.