El más grande acto de temeridad humana lo protagonizó ayer una mujer, Consuelo Despradel, de cuya osadía (más allá del diatríbico micrófono) nadie tenía idea. ¿Saben lo que hizo esa mujer de atropellante verbo incendiario?: Exponerse al alto riesgo de que iracundas masas populares haitianas, para empezar la pelaran a caco, para exhibirla como trofeo de guerra en calles, parques y campos; después, le cercenaran la lengua y, finalmente, la lincharan en un rito vudú…. ¡Si: Consuelo Despradel estuvo ayer en Haití! (Pero no la reconocieron, pues habló casi en susurro y creo que hasta asumió el nombre de Juana Saltitopa, o algo así).