Este es el elenco estelar del “nuevo” gabinete de Danilo Medina: Euclides Gutiérrez Félix, Francisco Javier García, Temístocles Montás, José Ramón -Monchy- Fadul, Bautista Rojas Gómez, Diandino Peña: una constelación de gente joven, visionaria y competente. Un colectivo de tecnócratas exitosos con ideas frescas e innovadoras. Mentes abiertas a las contingencias de los tiempos y a las corrientes contemporáneas de la gestión pública.

Quizás desde los tiempos de Jean Baptiste Colbert, el superministro de Luis XIV en Francia, no se había conformado una élite burócrata tan preclara, en condiciones de competir holgadamente con ministros de la talla de Wolfgang Schäuble (Alemania), Anders Borg (Suecia), Jacek Rostowski (Polonia), Jutta Urpilainen (Finlandia) y Michael Noonan (Irlanda).

De haber propuesto este equipo antes de las elecciones, Danilo Medina hubiera rematado con un 85 % de los votos emitidos y sin los traumas del recién pasado proceso electoral. ¡Qué pena que nuestra cultura política nos confina a la figura presidencial, como si el gobierno dependiera de un solo hombre!

Todos estos muchachos tienen un denominador común: el ímpetu, la imaginación y la energía creativa de la juventud, condiciones que aplastan el desgano, la rutina y la pereza del burócrata rancio y consumido.

Ninguno de ellos usará su despacho para contar añejas anécdotas trujillistas, ni para recibir a la prensa por cualquier nimiedad, mucho menos para soltar datos caprichosos sobre las cuentas públicas (según la tonalidad del tinte capilar) ni para hacer negocios soterrados sin chimeneas o recibir reportes de interceptaciones telefónicas con intenciones lúdicas. Se trata de gente comprometida con un nuevo modelo de gestión pública: diligente, eficiente y transparente, algo así como las pasadas elecciones, bajo la dirección, producción, realización, edición, iluminación, sonido, guion y posproducción de Roberto Rosario, otro prospecto a ocupar, por justicia, una notable posición pública en el nuevo gobierno.

Confieso sin cuentos mi desatino. Quizás la febrilidad electoral me nubló el sano juicio, pero debo otorgarle toda la razón a Danilo por haber hecho lo que hizo. Pensándolo bien, era imperativo modificar la Constitución para darnos el lujo de este flamante gabinete. Ahora es que advierto en su justa escala el riesgo que corríamos solo por la infausta necedad de las emociones anarquistas. ¿Usted sabe lo que es sacrificar así, tan destempladamente, a un dechado burocrático de tanta competencia y honestidad? Definitivamente estábamos delirando. Algo nos pasó. Pero por suerte se impuso el 60 %, ese techo medido, preciso, ajustado e infaliblemente concordado con las encuestas (no sabemos si las encuestas se hicieron para las elecciones o las elecciones para las encuestas). Lo importante es que ahí están ellos, imperturbables, inamovibles, seguros hasta el bicentenario de la República. Y es que nadie tiene la entereza de estos hombres para sacrificar, por una ingrata posición pública, tiempo, salud, dinero y familia.

José Ramón Fadul ha tenido el mérito de crear la “sociología perceptiva de la violencia¨, un nuevo método de medición psicosocial de los patrones de violencia urbana aplicado en la Universidad de Yale. Francisco Javier García es un genio de los proyectos metafísicos de inversión (si fuera por sus anuncios clarividentes o “epifanías” el país tuviera seis millones de habitaciones virtuales). Temístocles Montás maniobra con las estadísticas y las ecuaciones financieras como quien juega a Minecraft. Bauta se dispone a patentar el experimento denominado “efecto dinámico de la estática” que prueba la propiedad de la inercia para que las cosas sucedan. Es el autor del memorable aforismo científico: “deja de hacer y sucederá”. Euclides Gutiérrez Félix introdujo la historia como instrumento de cuantificación de las pérdidas indemnizables en una póliza de seguro a todo riesgo.

Ahora, que se ha revelado una nueva tendencia sociópata conocida como la “tentativa del necandi electoral”, condición que induce a sus pacientes a confesar su obsesiva intención de matar o de que los maten por sus votos, admito mi contagio para declarar que a mí también hay que matarme con ese y por ese gabinete.

Avanzamos hacia el futuro sin temores. Estamos en buenas manos. Vivimos la utopía del milenio. Con Danilo entramos al umbral de la VI República. Anhelamos el 16 de agosto ¡Salve, benefactor!