Hace algún tiempo que no tenía la oportunidad de tener un encuentro pleno con las metáforas. Escribir un texto es un ejercicio que no tiene límites, es la consecuencia de coincidencias secretas donde una  reacciona ante el asedio insobornable de una materia que cohesiona  una necesidad de ser.

Vivir desde la escritura es, muchas veces, un presagio de delirio ulterior, un lugar donde nuestra voluntad va por un itinerario abandonado que se nos antoja infinito, como una inmensa travesía.

Siempre procuro hablar sobre el amor, es mi tema preferido, ya que hablar sobre el amor, como un recuerdo o como una ficción enaltecida, es parte de un viaje, de un espacio cuyo alfabeto autobiográfico es un espejo irreverente de códigos únicos que alcanzan en la transitoriedad, desde afuera, una voz ceremonial: la otra orilla del lenguaje, sitio donde Eros va al encuentro del poniente.

Hablar sobre el amor es el augurio de una reafirmación de lo bello como señal y respuesta inédita al rostro que refleja en la concelebración de las confidencias el horizonte cuando tenemos el argumento de la primavera y la complicidad de la lluvia.

No lo niego, en medio de tanta "política", porque aquí se respira política en todo momento, y observado que al hablar de "política" una no pueda asumirla –por el momento- como un paradigma, un hacer o una praxis en la cual se apoya la democracia representativa, sino  como un proceso que distorsiona todo, más aún cuando las señales que una gran mayoría de los individuos o ciudadanos dirigen -arropados por los mecanismos de simulación del sistema- hace que muchos estén seducidos por la propuesta coyuntural de "cambio" que los "políticos" tradicionales ofertan  en medio de esta feroz campaña.

Así las cosas, al no dejarme ni querer dejarme envolver o seducir  por la "política", en la mañana vuelvo a recordar aquella frase de Anatole France de que "La timidez es un gran pecado para el amor".

.. Y como no quiero ser culpable de ese pecado, vuelvo a mi tema preferido para preguntarme "¿Cómo es la soledad sin ti?", y pido tiempo, para darme y darle esta respuesta, por su supuesto a Eros, al amor… a Cupido.

¿Cómo es la soledad sin ti?

… en la mañana mis manos arrojaron al cielo un jardín. Entonces, luego, en los minutos próximos, empecé a desgarrar mi corazón. Mis ojos no tenían defensa alguna; estaban seducidos por un huésped; su voz era de todos, se escuchaba a lo lejos, pero era espontánea y cálida, me mostraba simpatía.

Pasaron las horas, y olvidé dibujar la luz que acariciaba. Me sentía sollozar, me sentía ficticia, evocando una canción que el alma de un ave traía en sus alas.

Aquella canción era de nuestras almas desterradas, y nos alertaba de nuestra inmóvil pasión. Sospeché, en los momentos siguientes, que no regresaría a tus sueños, aún cuando te esperara. Luché por decirte que no tengo voluntad para besarte, porque mi locura sagrada no contaba con la desesperanza.

Yo, más que nadie, te quiero; o mejor dicho: me empecino en quererte sobre excitada, suplicante, como un náufrago. No busco lastimarte, sólo ser grata a tu vida.

Como el "agua que va" al cielo es un lector de sentimientos ajenos, el cielo, nuestro cielo, no hace preguntas; se confunde con la conciencia del amor, es  inevitablemente un manuscrito donde los sueños dejan retratos de amantes que lloran su suerte equivocada.

El cielo no lo conozco. Curiosamente no tiene callejuelas ni secretos inevitables, sólo rasga las letras, el aliento que trae como morada para hacer dulce el reposo del tiempo.

El tiempo no es nadie, sin embargo, su caudal de luz quiebra al vacío. El tiempo es soledad, una virtud de la soledad; cada vez que te extraño, el tiempo no es gloria sino muerte.

Muero, y lo sabes, dudando de ti. Dudo de tu amor completo, completo en sí mismo, que le prohíbes al tiempo llegar de inesperado, contener la lluvia, alcanzar tu voz, derramar sobre la noche una constelación de súplicas.

No obstante, te empecinas en hacer inútil al tiempo. Lo empujas inmóvil a la angustia de unos párpados que no afirman la visible inquietud del vuelo de tus ojos.