Cibermundo

Ciberpolítica: democratizar la democracia dominicana (3-3)

Por Andrés Merejo

Las nuevas actitudes, creencias, formas de tolerancia, así como la adhesión a los derechos humanos y a su condición universal son un producto tanto del cambio tecnológico como de la educación. Tendrían que ser arrancadas por la fuerza de los cuerpos, las mentes y las microestructuras de una gran mayoría de los menores de treinta y cinco años. (Paul Mason, el miedo a la libertad. 2017, p.201)

La ciberpolítica que brota de los medios digitales (móvil, tableta, laptop) busca diversos propósitos en el ciberespacio (construcciones simbólicas y políticas en redes); por lo que no es por capricho de juventud, ni por estar en la moda (aunque una parte lo están, lo cual tampoco está mal ), más bien, se movilizan en la Plaza de la Bandera, en el monumento de Santiago y parques y calles de la República Dominicana , porque algo está fallando en el sistema democrático representativo y no está funcionando bien.

Monge y Oliván, en su texto Hackear la política (2019), enfatizan que de la única forma que se puede salvar la democracia no es sepultándola, sino dando más democracia, a la democracia le hace falta más democracia, no encasillarla a coyuntura política, es decir de “una democracia intermitente-que solo se da en el momento electoral- a una permanente”, lo que no significa que esta no sea importante para rechazar lo que realmente se quiere rechazar, ya que el votar entra en la democratización de la democracia, siempre y cuando las instituciones junto a sus máximas autoridades cumplan con la transparencia y la pulcritud en el sistema electoral que se implemente.

El tal sentido, hay una desconfianza generalizada por parte de la sociedad en torno a la Junta Central Electoral, a raíz del abortado proceso electoral de 16 de febrero 2020. Sus jueces no producen credibilidad y transparencia en relación al proceso del 15 de marzo y el 17 de mayo de 2020. Serán los propios ciudadanos, la sociedad civil y todas las instancias institucionales que han de convertirse en observadores de dicho proceso, caracterizado por un archipiélago de incertidumbre. Los movimientos sociales juveniles han de construir su propia agenda política para participar en un dialogo nacional.

El derecho al voto y luchar por la perseverancia y las convivencias en los valores democráticos es fundamental para democratizar la democracia representativa en la que vive la sociedad dominicana transida y cargada de cultura y pasiones políticas caóticas del siglo XIX y del pragmatismo político balaguerista del siglo XX. Las pasiones y agitaciones políticas y de dialogo que perviven en los partidos tradicionales no tienen que ver con la forma de hacer política moderna y de organización y mucho menos con la ciberpolítica en el cibermundo, en cuanto participación interactiva y empoderamiento social. La práctica política balaguerista no es democrática, mas bien, es autocrática, centralizada del poder en una figura que se cree divina y mesiánica, en la que el gobernante ejerce el poder desde el Estado y terminan siempre concentrándolo como la figura número uno (presidente), por lo que se puede dar el lujo de violentar las leyes y con su accionar romper reglas y procedimientos democráticos.

Democratizar la democracia implica que luego de culminadas las elecciones, se ha de proceder a cambiar el procedimiento jurídico de elegir los jueces y sus suplentes de la JCE, por lo que esos se han de ir, ya que si actúan adecuadamente es por la presión que tienen de que todo trascurra con normalidad. Se ha luchar, también, por cambiar el modelo de Estado clientelar y patrimonialista hinchado de hipercorrupción, el cual hunde en lo transido a la sociedad, de lo contrario, el panorama social de indignados dominicanos se agigantará cada día para luchar por una democracia no transida y sí innovadora, lo hará sobre la base del pleno ejercicio de la libertad y del civismo que tiene registrado en su memoria (meme cultural democrático) tiene la sociedad dominicana.

La Plaza de la Bandera (Distrito Nacional) y los demás espacios públicos de provincias han de convertirse en expresiones políticas donde también salgan a relucir el arte, del ciberarte, de la ciberpoesía, la pintura, que tenga sus espacios, así como ya lo tienen los conciertos musicales y el videoclip, que es representación visual y musical de la democracia transida en que hemos vivido los dominicanos, los cuales quedan registrados como unidades culturales (memes) en el espacio y el ciberespacio (cibercultura social).

El pensador y sociólogo Zymunt Bauman, aborda algunas ideas sociológicas y políticas para estos tiempos en que la democracia global se encuentra transida. Ideas estas que expuso en un debate internacional sobre el “Gran retroceso” que está sufriendo la democracia y “el reto urgente de reconducir el rumbo” de esta, que se redefina en su democratización, en el ejercicio del poder, en su descentralización, en hacerlo más participativo, más dialógico y plural.

La nación dominicana vive en tiempo de incertidumbre, transido, por lo que necesita un cambio que no deje todo igual (gatopardismo). Para tales cambios no hay un oráculo, por lo que implica el arte de conocer lo que se conoce, no a corto plazo, ni manera instantánea, sino a largo plazo, y en la que lo dialógico no esté ausente del escenario social, como bien precisa Bauman (2017):

Postular una cultura del diálogo como meta de la educación y postularnos a nosotros en el rol de maestros implica a las claras que los problemas que nos acosan hoy en día no van a desaparecer en un futuro cercano; se trata uno problemas que no nos servirá de nada intentar solucionar “de las formas en que estamos acostumbrados”, pero a los que la cultura del diálogo tiene una posibilidad de encontrar unas soluciones más humanas (esperemos más efectiva).

Los jóvenes nets y los nativos digitales, han de comprender que aprender de nuevo es construir una concepción de la ciberpolítica, en la que democratizar la democracia, también incluye lo dialógico, en las que ellos (constituido como movimiento) exijan ese derecho, para que dicho diálogo no sea un monólogo, una componenda entre partidos, Iglesia y empresarios, tal como se conoce en la historia de la democracia representativa (1978-2020) que hemos vivido.

Es por eso, que han de empoderarse de los espacios públicos para construir símbolos de convivencia, ejercicio de libertad, democracia dialógica y ampliar la lucha social en forma lúdica, de la misma forma que lo han venido haciendo con los memes políticos. Una lucha que no deje a un lado la repuesta puntual por parte de la JCE, por la cancelación electoral del 16 de febrero y el sometimiento de los responsables a la justicia, y por una pluralización del poder, hacerlo lo más descentralizado posible, lo que significa que hay que votar en las elecciones municipales y presidenciales y estar vigilantes de todo el proceso electoral y el marco de tal proceso exigir profundas trasformaciones sociales, educativa y económica.

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