Apreciada Señora de las Memorias:
Bello no es sólo la impresión que un instante dado por los ojos -como portal de una verdad intuida por lo visto -otorga al encanto y estremecimiento que provoca conocer la plenitud alcanzada de lo que se admira cuando una conmoción de los sentidos contempla de las olas su acostumbrada relación con el horizonte, es decir, el vaivén de las olas como una lírica sonrisa.
Hablamos de miradas, y si bello es estar bajo la desolación del cielo azul o estallar de felicidad si una mirada reúne en su luz una narración de curiosos sueños, entonces, una mirada es un lector de las apariencias. Un lector nos dice a todos que Tú, anoche, eras bella, audazmente bella, vestida de color blanco.
Anoche estabas del lado de todos los que te queremos; no emprendiste una sola huída opuesta al amor; comprendiste que el amor también es de color blanco, porque el blanco en el amor justifica a la amistad; es un color puro. Es el blanco un edicto para llamar a la luz.
La luz estaba contigo anoche; la razón se fue como una andariega y dejó para nosotros tu rebosante sentir. Anoche eras la portadora del mayor récord de simpatías: excesivamente amada, excesivamente querida, porque fluía el blanco de tu mirada… Aún cuando la adornaste de memorias nos afirmaste que querías quedarte con nosotros.
“Yo te correspondo”, “Todos te correspondemos”, es el verbo conjugado que la revolución de los afectos coloca en grande sin otro propósito que ofrendarte nuestra amistad; amistad que no es mera subordinación de los sentimientos, sino viva solicitud de evocación, de una inequívoca correspondencia de la gratitud hacia la lealtad, hacia la sencillez que da origen a que nuestro corazón sea pletórico conunos y agrio con otros.
La amistad, a veces, tiene voluntad, y en otras ocasiones convulsiona si no se le permite ser en libertad. No todo espíritu que habita este tiempo puede corresponder al inestimable beneficio de una amistad que se adorna sólo de lo puro. De justicia es decir que la amistad existe como alianza, como total-humanidad, porque sería extraño sino fluyera hacia el porvenir.
Sufren muchos los desterrados de esa pasión sublime, de la fe radical en el argumento que sostiene esa sociedad que construimos “mitad a mitad” con los que asumen la sagrada manera de compensar la atrayente necesidad de sentir que le importamos a alguien.
Mi amistad ¿lo sabes?, es extraña; no es imperativa ni como arcano ni como barca, depende de un afán, de un retorno, de un oráculo donde mi equipaje sólo quería a la inocencia, porque la esfera, el punto, los peldaños de esa inocencia eran opuestos al intercambio material.
Mi amistad es confiada; confía en el vital enriquecimiento de los afectos; se hace a veces culpable de su silencio, de su gran cariño hacia ti, por su obediente destino.
La idea de la amistad es antiquísima, es preespiritual-terrenal; puede llegar en el regazo de un tiempo, traernos lecciones para reflexionar sobre la naturaleza de esa bondad que el mundo nos da de acercarnos a los que halagan la honrada paternidad de la “alegría de vivir” al lado de los amigos con el orgullo de la fidelidad y la conciencia puesta en los deberes de la amistad.
La amistad no puede conocer de otras cosas que no sean las bondades del alma. La amistad no puede justificarse en el individualismo; la amistad es un aprecio conyugal entre los amantes discretos y un “dominio” perfecto sino irrita al corazón. No comprendida la amistad, por los descreídos del amor fundado en los afectos, queda entonces pendiente hacerla totalmente abstracta, eterna, convertirla en un “hábito” de vida, no darle nombre y no esforzarnos por hacerla creíble ante los otros.
No obstante, escuché con el oído atento lo que dijiste de la amistad anoche, y me provocó un sentir de tristeza contenida, de nostalgia por los que se han ido, pero me trajo un aliento de calma indescriptible. Sentí, sintiendo contigo, sollozos de dolor. Oírte traer y abrir desde las cuentas del pasado un bastión de amistad moldeado, esculpido para dejar huellas en la existencia que somos, era una Memoria que laSeñora nos regalaba como un Huésped sublime en este “presente”: “Mi padre no tuvo tiempo para dejarnos una gran fortuna, pero nos dejó la fortuna de sus amigos”, dijiste con llantos en el alma, con evocación, con recuerdos y confiada en la contundente verdad de ese legado imperecedero.
Creo que ésta es la mejor Memoria que la Señora nos ha podido contar, porque no hay que abundar más para saber el por qué te queremos. El ángel de la amistad, Carmen, entonces está contigo, viene contigo, desde la memoria de tu padre. Entonces es natural que cada día esa memoria de la amistad, como memoria del deber-amistad, también se rinda ante Ti, para Ti, y hacia los Tuyos.
Siempre, Ylonka Nacidit-Perdomo


NOTA. En el Foro “Pedro Mir” de la Librería Cuesta tuvo lugar el pasado viernes 20 de abril, a partir de las 6.30 de la tarde un Conversatorio sobre el libro Memorias de la Señora (Colección de Relatos) de la escritora Carmen Imbert-Brugal, a cargo de las críticas literarias Wanda Cosme Montalvo, M.A., de la Universidad de Puerto Rico en Bayamón y Sheila Barrios Rosario, Ph. D., de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ponce, organizado por la Editorial Santuario.
El acto tuvo un sentido muy especial, ser un homenaje espontáneo y de muestras sinceras de amistad, donde el cariño, el afecto y el respeto hacia Carmen se manifestaron a través de prolongados aplausos y abrazos de un público que abarrotó por completo la sala del Foro en este encuentro con la Señora de las Memorias.
Como no te tengo, te imagino en deseo, sólo sensación y gusto, sólo paso de espuma y arena./ Por no tenerte te siento, te huelo, disfrutando el olor que inventé para ti./Como no te tengo, te he querido en cada esquina, te he acariciado, conozco tu rostro de placer, tu ansiedad./Como no te tengo, estoy contigo siempre y te he amado tantas veces que mi rubor te sorprende cuando nos vemos. Memorias de la Señora (Fragmento).
Carmen Imbert-Brugal es una representativa escritora dominicana de la generación de los ‘80. Su primera novela es Distinguida señora (Editora Amigo del Hogar, 1995). La Editorial Norma, en su colección “La Otra Orilla”, ha publicado dos novelas suyas: Volver al frío (2003) y Sueños de Salitre (2004).