Ágora

Algunas consecuencias de la sentencia

Por César Pérez

La ilegal e inconstitucional sentencia 168-13 de TC ha provocado una crisis política, tiene paralizado al gobierno y ha lanzado a la más angustiante situación de incertidumbre sobre su presente y futuro a centenares de miles de personas, a las cuales se les quiere privar de sus derechos de pertenencia al lugar donde nacieron crecieron, echaron raíces y donde quieren construir su futuro.  Pero también ha permitido que se aireen temas vitales del presente y pasado dominicano.

La sentencia ha provocado que hoy, como nunca antes, se debata el tema del racismo y del antihaitianismo visceral, que con saña ha cultivado e inoculado a esta sociedad un grupito que de eso ha vivido para mantener sus ancestrales privilegios políticos, económicos, sociales y eclesiales. Un tema que se ha mantenido como tabú, que lo niegan sus propagadores y que le resulta incómodo a algunos negros que prefieren rumiar sus frustraciones en su insondable evasión y no debatirlo con la determinación y pertinencia debida. Un tema difícil, porque el racismo es tan execrable que nadie se asume racista, dice Bobbio.

A pesar de los esfuerzos de intelectuales de la talla de Carlos Esteban Deive, Franklin Franco, Hugo Tolentino, Rubén Silié; Dagoberto Tejada, María Filomena González, Carlos Andújar, Darío Solano, entre otros, el tema del racismo en nuestro país se ha mantenido en una suerte de marginalidad. Sin embargo, la aberrante sentencia TC168-13 ha contribuido a que se rompa la barrera de esa marginalidad y se reaviva un debate que es clave para definir y entender nuestra identidad nacional.

Los citados autores, entre otros, han demostrado las bases y consecuencias de las actitudes racistas en el proceso de construcción de la identidad dominicana, las cuales alcanzaron su máxima peligrosidad durante la tiranía de Trujillo. Conocer el pensamiento de ellos es clave para entender porque esas actitudes constituyen la base ideológica/política de la sentencia de referencia, siendo sus principales impulsores el grupejo que lidera un ex diputado del Congreso trujillista durante el periodo en que asesinaron las hermanas Mirabal.

Conocer esa circunstancia es la clave para entender la naturaleza del bloque de las fuerzas políticas actualmente dominantes en el país, en cuya integración el grupo político de ese diputado trujillista ha sido el principal sostén político e ideológico.  La aberrante sentencia permite ver con mayor claridad ese elemento ideológico del proyecto de dominación política que está conduciendo a este país hacia el abismo, ahora hacia el aislamiento y hacia el escarnio en esta parte del mundo, como lo evidencia el informe de la CIDH.

Otra consecuencia de la aberrante sentencia, es que ha permitido a las fuerzas más decididamente democrática del país conocer mejor el drama existencial de muchos de nuestros conciudadanos de ascendencia haitiana que padecen los más degradantes abusos y violación a sus derechos, ha permitido que se vea más claramente ese mundo aparentemente invisible en que viven no solamente ellos, sino más del 40% de pobres y más del 20% de indigentes de este país.

De igual modo, durante los casi tres meses que del debate generado por el intento de genocidio civil de parte del Tribunal Constitucional se ha podido ver la miseria moral de mucha gente que han mantenido una posición ambivalente ante la sentencia. Saben que es inhumana, violatoria de los derechos humanos, pero puede más su mal disimulado antihaitianismo que el sentido de la coherencia. Es una lástima, pues poca credibilidad tiene aquel que habla de la inclusión social, los derechos de opinión, etc., y en coyuntura como esta, de claro intento de violación a esos derechos, toman una posición ambigua.

Finalmente, la presente coyuntura ha permitido el abrazo solidario y militante de los haitiano/descendientes, diversas organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos que condenan la aberrante sentencia del Tribunal Constitucional. Ese abrazo se dio en el Alma Mater de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, un lugar emblemático de las luchas por la libertad, justo el día de la muerte de Nelson Mandela.

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