La muerte se ve por todas partes y siempre es inesperada,

y me abruma la persistencia de la noticia exactamente

como el tiempo, el ir y venir de las mareas y de las acciones.

(Me he vuelto un inversionista en los últimos veinte años

de mi vida), pero trato de no contribuir a las compañías

cuyos barcos se hunden en las costas dejando un baño asesino

de petróleo. Pero sí uso todavía un auto. Y hay un gel útil

para la belleza según una amiga.Y ¿cómo vamos a desvestirnos

de las cosas crudas, del petróleo, jamón, murciélagos, cuando

hay crudo…y hay crudo? Las verduras que los dientes rompen,

que derriten en jugo, esos sí son naturales, antídotos, sostenibles

y toda la huevada, pero aquellas que un pobre puerco come,

o un becerro que no tuvo nada que decir cuando su papá

introdujo su semen a su mamá para sacar después a la luz

este pobre que carga el peso de siglos de látigos, de violaciones,

de cortes y de incendios que han dejado ahora un pasto donde

una manada de vacas come sin memoria de toda la muerte

y de los cambios en uso del suelo, en manejo de la tierra

y de los océanos, que representan una hoja, un verso, este becerro.