En 1924, cuando se instala el gobierno de Horacio Vásquez, las apetencias de los seguidores del presidente se centraron en la Dirección de Obras Públicas, en donde se encontraba Mr. Caton, como herencia de la intervención militar de los Estados Unidos de 1916.

Dice Víctor Medina Benet, en su obra Los Responsables, que los seguidores del presidente Vásquez querían capitalizar a su presidente y a su partido con “la repartición de cientos de jugosos empleos que vendrían a fortalecerlo políticamente”, y también “para lucrarse por medio de transacciones fraudulentas con las compras de equipos y materiales de construcción a expensas de los dineros del pueblo. Sería el renacer de la corrupción y los asaltos a la Hacienda Pública”.

El actual Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones siempre ha sido visto como un lugar para enriquecerse, para fortalecer las finanzas personales de los presidentes y para engordar proyectos políticos que pudieran ser exitosos, a costa de los grandes volúmenes de dinero que maneja la industria y que siempre favorece a personas con habilidad para sacar provecho.

Los inicios del gobierno dominicano, a la salida de los Estados Unidos y su intervención militar en 1924, representaron presiones inauditas para controlar los empleos y los sueldos de la Dirección de Obras Públicas. Es un capítulo amplio, con lujos de detalles, y que pone en evidencia no solo la ambición y el despilfarro con que se querían manejar los dirigentes de entonces, sino que aquello resultó una verdadera maldición para esa entidad pública.

“El Departamento de Obras Públicas donde ya se manejaban fuertes sumas de dinero y donde se anticipaba que se manejarían millones dólares en un futuro cercano, era ansiosamente codiciado por los políticos que habían ayudado a Horacio a subir al poder, y mientras Caton estuviese al frente de ese Departamento no había lugar para el saqueo que anticipaban”. Así lo cuenta Medina Benet.

Horacio Vásquez decidió quitar a Caton, y dejar espacio a sus simpatizantes. “Desde entonces, sin riendas ni frenos, libre el campo a buitres de la corrupción, el despilfarro y el peculado sentaron sus reales en el Departamento de Obras Públicas bajo la dirección directa del secretario de Estado (de Fomento y Comunicaciones), señor Andrés Pastoriza, prostituyéndolo de tal suerte que ello constituye uno de los escándalos más notorios de este gobierno. Fueron muchas las nuevas fortunas personales, los nuevos ricos, -políticos, comerciantes e ingenieros- surgidos de este antro de peculado”. El citado funcionario era un distinguido miembro de la Coalición Patriótica de Ciudadanos, según cuenta Víctor Medina Benet en el libro Los Responsables: Fracaso de la Tercera República.

Este es un capítulo de la historia del pasado siglo de la República Dominicana. Con honrosas excepciones, hemos visto pasar a muchos secretarios y ministros de Obras Públicas y Comunicaciones, y una buena parte han pertenecido a grupos empresariales, corporativos o han sido miembros destacados de familias y empresas con grandes intereses en la industria de la construcción. Entre las excepciones se puede citar a Eduardo Estrella, en el gobierno del doctor Joaquín Balaguer, o Jimmy Durán, en el primer gobierno de Leonel Fernández.

Hay que recordar esta historia porque Luis Abinader, presidente electo, acaba de anunciar que designará al ingeniero Deligne Ascensión como ministro de Obras Públicas y Comunicaciones de su gobierno. Un rasgo distintivo del profesional señalado es que no pertenece a una familia de abolengo con intereses en la industria de la construcción, ni forma parte de ninguna corporación conocida con intereses comerciales o financieros, y es una persona que ha trabajado en el Estado y en el sector privado, y no se le conoce de ambiciones ni de ser parte de claques que pudieran dar lugar a saqueos, como lastimosamente describe Víctor Medina Benet en su libro Los Responsables.

Nada más que para revisar las versiones de la historia, y el impacto que ha tenido el Ministerio de Obras Públicas, sobre todo ahora que concentrará las atribuciones que una vez el doctor Balaguer le atribuyó a la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE).