Maricusa Ornes (Puerto Plata, 1926), la reconocida declamadora y directora de teatro, hoy lunes 12 de septiembre cumple noventa años de edad; y lo vamos a celebrar presentado una breve  antología de citas críticas en torno a su  arte  y a su trayectoria en Santo Domingo, México, Cuba, Puerto Rico y Washington, que es como contar  la historia de su voz.

Maricusa Ornes es  una mujer de gran magnetismo que confiesa que el género predilecto para su interpretación es el dramático “porque es el que va más de acuerdo con mi temperamento fuerte y sentimental”, algo con lo cual coincidimos si recordamos que ya anteriormente Gabriel Bretón había dicho en Cuba, que era ella “una de las más brillantes intérpretes del verso que ha producido América”.

Maricusa, © Arnand, Cuba, 1952.

Ahora que llega a los noventa años, recuerdo unas notas que escribimos de que,  al igual que sus alumnos, amigos y admiradores  “siempre hemos querido homenajearla, puesto que a su lado son pocas las opciones que una tiene después de conocerla: soñar, trabajar tenazmente sin horarios, someterse a la rigurosidad de sus valoraciones, al ejercicio de su reiterada perfección en el hacer de las cosas, darse la licencia de ser auténtica, disfrutar de su exquisito sentido estético, escuchar sus sabias observaciones y reflexiones sobre múltiples temas que compartimos en largas tertulias en su apartamento, o bien, rendirse a su agudeza, a su inteligencia cultivada, a su fortaleza, a su infatigable disposición de trabajo,  al embrujo, a la magia de su majestuosidad  e imponente presencia…  en el fondo: amarla a pesar de su resistencia. Ciertamente, es una experiencia única e  irrepetible tener el honor de compartir con ella, con Maricusa, Maricusa Ornes,  un poco de su historia,  de su vida como artista de un género  como la declamación”.

En la década del cincuenta Maricusa Ornes era considerada a nivel de Latinoamérica como la declamadora contemporánea de mayor trascendencia y proyección, tal como lo atestiguan los continuos elogios de los más connotados  críticos de la época, y de  poetas con los cuales compartió el exilio en tierras extranjeras: Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Matías Conde, Vicente Llorens Torres, Pedro Mir, Carmen Natalia, Andrés Eloy Blanco, entre otros.

En el mes de marzo del dos mil quince, un nutrido grupo de admiradores, amigos y familiares se reunieron en el salón de actos del Archivo General de la Nación (AGN) convocados por Don Fabio Herrera Cabral para presentar una  colección de CD que reúne  los distintos programas semanales que Maricusa Ornes realizó en 1977 con el músico y  escritor Manuel Rueda por la emisora HIJB con el título Poetas de España y América, que al decir de la nota periodística que lo promovía: “El programa, que se transmitirá todos los sábados a la una de la tarde, tiene como propósito primordial divulgar la poesía en lengua española en una forma sencilla, comprensible y atractiva. Manuel Rueda hará comentarios sobre el período seleccionado y sobre la figura de cada poeta y realizará un breve análisis de la obra. A continuación, Maricusa declamará el poema escogido ambientándose en música y aspectos sonoros.” [1]

Maricusa Ornes, cuarta de izquierda a derecha sentada. Recital Lyceum, La Habana, 1951

Maricusa tuvo  su primera actuación en el rol  de la Madre superiora,  en la obra teatral  Canción de Cuna de Gregorio Martínez Sierra, que su maestra la madrileña Marujina de Farber  preparó para la Escuela de Señoritas “Salomé Ureña”, y luego  en  Juguete Cómico de los Hermanos Quitero junto al actor Freddy Nanita, que entonces era estudiante junto a ella. Estas presentaciones se hicieron en  el Teatro Olimpia.

Después de un largo silencio de años, animada por su maestro y mentor Sócrates Nolasco,   Maricusa debutó con su primer recital de poesía moderna de América  en el patio español de la Librería Dominicana  que administraba  Julio Postigo, el primero de  abril de 1949,  a las 8:30 de la noche, provocando grandes ovaciones y aplausos cerrados del público. El crítico José Miguel Vendrell la definió entonces como “la mujer hecha poema”. En el programa incluyó en su repertorio poemas de Sócrates Nolasco, José Manuel Poveda, E. González  Martínez, Ligio Vizardi, Pablo Neruda   Meiira Delmar, Domingo Moreno Jiménes, Carmen Natalia,  Flérida de Nolasco, Porfirio Barba-Jacob, Alfonsina Storni, Julián del Casal, Luis Llorens Torres y Emilio Prud’ homme. La presentación fue de Sócrates Nolasco.

En esta ocasión la prensa nacional se hizo eco de su triunfo reseñando sobre el “magnífico recital de Maricusa Ornes”: “Tiene una voz que llega al corazón. Voz temblorosa, voz firme, voz cálida para todas las sensaciones. Voz baja para la soledad de su alma. Y en esta soledad es presagio, anticipación, augurio. El temblor del poeta -de la palabra del poeta-, es en ella, categoría y emoción: la emoción de lo categórico, de lo inédito”. [2]

Sobre el mismo Recital el crítico José Miguel Vendrell  dijo: “Nunca pudo decirse con mayor propiedad, entre todas nuestras declamadoras,  que las manos  y los ojos y la boca y, en fin, la actitud toda de una persona tuviere tal lenguaje vivo, plástico”. [3]

Maricusa Ornes declamando El Crimen fue en Granada de Antonio Machado. © Arriaga 1962

Meses después, el 13  de julio de 1950, a las 8.30 en el  patio de la Librería  Dominicana,  Maricusa ofrece un segundo recital, declamando poemas de Franklin Mieses Burgos (Cuando la rosa muere), Francisco Domínguez Charro (Yo que no he visto nunca), Rodolfo Coiscou Weber (Presencia del Ángel), Gabriela Mistral (Intima), Manuel Machado (Mariposa Negra),  Juan Ramón Jiménez (La Cojita), Rafael Alberti (Marinero en tierra-selección), Gabriel D’ annunzio (Un sueño) y del inmortal Federico García Lorca (Preciosa y el aire).

Sobre este recital Gabriel Bretón, del diario  La Nación, escribió una exquisita reseña que tituló  “El mensaje de Maricusa Ornes”, resaltando que: “En el patio monástico -rincón inigualable- de la Librería Dominicana, a la vera de los altos contrafuertes de una iglesia evangélica, sobre un retablo natural de bosque antillano, ella cantó para su pueblo, su pueblo que siempre se aprieta y se desborda por ella. De la túnica “fucsia”  emergían solo rostro y mano.  Parecía una virgen del Greco tostada por el trópico o abrasada quizás por el fuego interior que escapaba de sus labios, por sus ojos, que flameaba entre sus dedos inefables./ Maricusa Ornes, medularmente dominicana, ama mucho a su patria, por eso va a proyectarla, generosa, por la cuenca hermana./ Sin coraza y sin cruz, esta frágil muchacha, de personalidad tan recia, derramando la gracia de su isla por la granada viva de sus labios, por sus pródigas y prodigiosas manos, va a conquistar los pueblos de México y de Cuba.  Va a revivir, en su voz y en su gesto, el mensaje a la vez tierno y rebelde –acallado por los siglos…”. [4]

Maricusa Ornes  partió al exilio en julio de 1950 con destino a La Habana. Es en esta primera visita a Cuba,  cuando Pedro Mir  le hace entrega del manuscrito original  de Hay un país en el mundo (poemas gris en varias ocasiones) en hojas sueltas, que había sido impreso en 1949.   Luego parte con  destino a Ciudad  México donde  le esperaba su maestra Marujina de Farber  y su esposo el austríaco Ernest Farber para lanzarla profesionalmente. Maricusa ha dicho siempre  que,  hay dos grandes luces en su vida: “Marujina y Sócrates Nolasco, que escribió cartas a sus amigos de Cuba y de México para que me  dieran su respaldo”.

Público en el Primer Recital de Maricusa Ornes en la Librería Dominicana, 1949

En México, un escenario internacional de primer orden continental, conoce a León Felipe, un poeta personal y penetrante, de gran sensibilidad y superior de espíritu. Estando allí trabaja por una  temporada de seis meses como  asistente del erudito e investigador español doctor Javier Malagón Barceló (1911-1990), que fue en la Universidad de Santo Domingo su profesor de historia del derecho español y derecho romano. Malagón Barceló le encomendó, además, la lectura y corrección de pruebas de  libros. Es en su oficina donde conoce al sabio Alfonso Reyes (1889-1959). “Alfonso –comenta Maricusa- era un hombre sencillísimo, encantador”.

Estando en la ciudad azteca  es invitada por el Ateneo Español de México a ofrecer un Recital. Su maestro y  profesor  Constancio Bernardo de Quirós, el notable criminalista español, es quien la introduce con elogiosas palabras ante la concurrencia formada por notables intelectuales republicanos del exilio español, en la sede del Ateneo. El 11 de octubre de 1950 la declamadora dominicana sube al escenario; su estruendoso éxito no se hace esperar. Ella tenía la disciplina necesaria y el dominio de la técnica de un arte tan puro y solidario como la declamación. Esa noche  los ojos  de una concurrencia que integrada lo más selecto de la  eminencia y de la intelectualidad española en el exilio, en México, los ojos del mundo, los ojos del continente conocían el gesto, la figura y la voz de una mujer inmensa que amaba su arte: la declamación.

Los periódicos Excelsior, El Nacional, Tiempo y el mensuario Izquierda Republicana le dedican páginas completas.  Declamó Glosa de mi tierra de Alfonso Reyes, que se encontraba en el acto junto a Enrique González Martínez, Héctor  Inchaustegui Cabral, León Felipe, Luis Santullano, Isabel y Ceferino Palencia.

Jaime Álvarez Dugan, Maricusa Ornes, y sus hijos Juan Enrique y Ángel Luis, circa 1969

El diario La Nación, de Santo Domingo, colocó el 7 de noviembre de 1950 el siguiente titular “Maricusa Ornes ha triunfado en México. “El recital  poético se desarrolló en un ambiente en el que abundaron las ovaciones para la brillante intérprete del verso que es Maricusa Ornes. En primer término fue presentada por un notable criminólogo español, don Constancio Bernaldo de Quirós, quien habló de la “señorita Ornes”, como la llamo en muchas ocasiones, de su poder de expresión, de las modulaciones de su voz, y de la bondad de su interpretación poética. “Debía haberse presentado la señorita Maricusa –dijo-, de la mano de un joven poeta, y es a mí a quien ha elegido para hacer su presentación”. [5]

Posteriormente, este mismo medio periodístico nacional se hace eco de la acogida que ha tenido nuestra declamadora en el exterior  reseñando que: “Maricusa es luz y caricia. Acero y roca. Flexible y dura. Maricusa es el armonium prodigioso de la poesía. Tiene ascéticas severidades para la poesía clásica. A la moderna le presta el arcoíris de sus transparencias de sol. Oyéndola se palpan los Cielos. Y se cree en la vida. Y hasta se venera a los poetas (…). Oyéndola, los que leyeron poesía con el alma, a cierra ojos, empiezan a escuchar la poesía. [6]

Marujina de Farber y Maricusa Ornes. © Hnas. Weiner, México 1951

Luego del Recital en el Ateneo Español, Maricusa partió de México, el cinco de febrero de 1951, con destino a  La Habana. Allí le esperaban los amigos de Sócrates Nolasco  y un amplio grupo de exiliados dominicanos que le organiza un  recibimiento, su hermano Horacio Julio Ornes, José Espaillat, Tulio H. Arvelo, Pedro Mir, Juan Bosch, Octavio Méndez Pereira,  Rómulo Betancourt, Luis Beltrán Prieto, Carlos Andrés Pérez, los mellizos Hernández, Camila y Cotubanamá Henríquez,  Enriquillo Henríquez y  actores y actrices del momento.

Su visita está precedida de una amplia información desplegada en la prensa habanera (La Marina, Diario Información, revista Carteles) procedente de claves internacionales que recogen reseñas de su presentación en México. Al llegar declaró a los medios de comunicación:  “Quisiera hacerme oír por todo el pueblo de Cuba […] no solo por el grupo exclusivo y devoto que concurre siempre a los recitales artísticos,  sino por todos”.  [7]

… Y  así fue!…

Maricusa actuó en el Lyceum,   el 19 de marzo de 1951,  interpretando un programa de poesías cubanas, hispanoamericanas y españolas. Había ofrecido un Recital para la prensa habanera y los críticos, en los estudios de Radiocentro,  cedidos gentilmente por Jorge Mañach, y según dice la crítica “como para calibrar en privado sus magníficas cualidades artísticas”.

Maricusa Ornes grabando en los estudios de la Universidad de Puerto Rico su primer LP de poesías, 1964

El tercer Recital de Maricusa,  en La Habana, fue en el Anfiteatro Nacional  bajo el patrocinio del Alcalde Municipal, Nicolás Castellanos Rivero, y organizado por el Director General de Bellas Artes, Manuel Serrano. Estuvo señalado para el viernes 13 de abril,  a las 9 de la noche. Era viernes santo, pero “las nubes se mostraron inclementes”, y tuvo que correrse para el Domingo Santo de las Pascuas de Resurrección, que marcaba quince en el calendario. El programa incluía poesías de Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Regino Pedroso, Carmen Natalia, Federico García Lorca, Porfirio Barba Jacob, Matías Conde, Arturo Pellerano Castro, y el estreno mundial de “Hay un país en el mundo” de Pedro Mir.

El quince  de abril, en el amplio local del Anfiteatro Nacional, Maricusa Ornes presenta un Recital en “Homenaje al pueblo de Cuba”.  Es en esta noche que  se estrena y  se da a conocer por primera vez en su voz, logrando el zenit de su magia artística, el poema fundamental de nuestro poeta nacional, Pedro Mir, que refleja la tragedia y el doloroso vía crucis de su patria bajo el poder sanguinario de un tirano, en una isla de campesinos sin tierra, jornaleros e ingenios de caña de azúcar.

El crítico cubano Ángel Alberto Giraudy  expresó: “El Recital de Maricusa Ornes fue  sencillamente apoteósico. Han transcurrido varios días desde que la escuchamos y aún conservamos su grato sabor. Aquella frágil mujer que vimos fuera del tablado no era la misma que nos encantara con sus recitaciones. Se había transformado  por entero; era otra persona distinta. Por momentos hubo en que nos sentimos como electrizados por su palabra, por su perfecta dicción, por la expresión de su rostro, por la sincronización de sus gestos, por el calor de vida que imprimía a cada una de sus frases. No recordamos haber escuchado nada igual en lengua castellana". [8]

Programa del Recital de Lyceum, La Habana, 1951.

Luego de estas tres presentaciones, Maricusa  llega a San Juan, Puerto Rico, en marzo de 1952,  acompañada de su maestra Marujina de Farber,  invitada por la Universidad de Puerto Rico a ofrecer un Recital en su Teatro,  por gestiones del doctor Guaroa Velásquez, profesor de la Universidad de Puerto Rico, quien fue su guía y apoyo al llegar a la isla.  Maricusa adopta a Puerto Rico como su segunda patria para estar más cerca de su país y de sus afectos sinceros.

Su primer Recital  le abre todas las puertas. Se suceden desde entonces los Recitales en el Teatro Auditórium de Mayagüez y el Ateneo de Puerto Rico, siendo en este último, donde una gran mujer intelectual puertorriqueña, Nilita Vientós Gastón, la presenta ante los poetas más destacados de la vecina isla. Continúa  declamando en  el Teatro Tapia, en los Centros Culturales de Yaucano y Vega Baja  donde realiza su Recital de Poesía Puertorriqueña con el apoyo y auspicio  del Instituto  de Cultura Puertorriqueña que dirige Ricardo Alegría, y en el Anfiteatro de Estudios Generales.

En 1953 Maricusa Ornes abre en San Juan, Puerto Rico en la calle del Parque número 15,  la Academia de Arte Escénico “Santo Domingo” con el respaldo de la profesora húngara Magdalena Ferdinandy, que  ofrece clases de pantomima y movimiento corporal,  Carmen Natalia y Amalia Colón  de Rolán.

Luego de un exilio involuntario de más de una década, al caer la  tiranía   de Trujillo, Maricusa Ornes regresa al país en el mes de marzo, justo  en la Semana Santa de 1962. Los periódicos dominicanos (El Caribe y La Nación) traen la información de que ha regresado al país la luchadora anti trujillista  Maricusa Ornes. [9] La poeta Carmen Natalia la saluda de esta manera:

Canción de Cuna. © Martínez Roger.

“Maricusa Ornes: Desde las estrellas nos llega esta voz con su mensaje poético. Es voz en desvelo. Voz en carne viva, que ha logrado vencer el silencio y la soledad. Voz de transvasación, de nunciatura, que traspasa los linderos del alma y la penetra toda con su cálido acento. Voz que duerme criaturas ensoñadoras en el hueco tembloroso del hombro, y que despierta héroes enterrados bajo la noche sin estrellas. Voz que roza y que hiende; que suplica y que impreca; que pasa como una brizna y se clava como un ancla en el fondo del océano.  Voz donde  la angustia exprime sus doloridos vasos; donde la ternura filtra sus cordiales; donde el puño de la justicia cuaja en plomo las palabras y las esparce al viento. Voz de comunicación. Lazo. Nudo. Apretadura entre el poeta y los hombres, esta voz que nos llega desde las estrellas con su mensaje de luz, pone una lámpara de amor en medio de la sombra e invita a hacer un alto en el camino. Bienvenida sea esta voz y bien llegado su mensaje!”.

Maricusa al retornar ofrece tres Recitales. El primero tuvo lugar  en la Librería Dominicana, en  su local de la calle Mercedes número 49, el 22 de junio “en reconocimiento a la labor de esa casa de cultura que le abrió sus puertas cuando se inicia en el arte de la declamación”.  La noche del Recital  la lluvia hizo su entrada, el cielo derramó pequeñas lenguas de agua, y los asientos se trasladaron del patio jardín a la sala de lectura bajo techo. El público, que abarrotaba por completo el lugar, corrió las estanterías que fueron luego colocadas contra la pared del improvisado auditorio, teniendo el lugar por decorado mágico único a los silentes libros, y sobre una mesa fue alzada por los brazos de los admiradores impacientes de la buena poesía, y de la libertad, la figura egregia de nuestra declamadora, Maricusa Ornes.

Programa de recital de Maricusa Ornes.

La invitación  era de Don Julio Postigo, Propietario-Editor de la Librería. En la programación se incluía el poema “El crimen fue en Granada” de Antonio Machado.   

El segundo Recital se produce en el patio español de la Logia Cuna de América No.2, que en el Solsticio de Verano  invitó para una “Cita con la declamadora dominicana Maricusa Ornes”. Era domingo 24 de  junio, y Maricusa declamó versos de alientos liberadores, entre ellos La Miseria está de ronda.  Sobre este poema el periódico Unión Cívica reseñó:  “Este poema de Carmen Natalia que traduce la reciente realidad dominicana. Maricusa Ornes encarnó este poema, lo hizo vivir con vida intensa y desnuda ante el dolor de la concurrencia, víctima hasta ayer de  “la Miseria en ronda”. [10]

El periódico El Caribe, en su edición del 27 de junio de 1962, trae la nota del Recital de Maricusa en Bellas Artes, del  28 de junio: “Según se informa en esta oportunidad la artista dominicana brindará un programa en el cual  incluirá  el poema Hay un país en el mundo, del poeta Pedro Mir”. Los fondos que serán obtenidos de este recital, la artista los donará a distintas  instituciones, la biblioteca de arte escénico del Palacio de Bellas Artes, la Asociación Patriótica Femenina y de Damas de la Caridad de San Vicente de Paul, que preside Margarita Billini de Fiallo. Se señaló ayer que la declamadora ha ofrecido este Recital para que pueda asistir el pueblo en general”.

El tercer Recital estuvo pautado para el 28 de junio; la lluvia  volvió otra vez a llegar, no obstante, el público otra vez también regresa lleno de entusiasmo como una oleada abrumadora, para colmar en toda su capacidad el auditórium del Teatro Nacional de Bellas Artes; y de pie, al final del anhelado y esperado debut  de la declamadora, le tributa prolongados aplausos como un homenaje a Maricusa. Es allí donde interpreta,  como un estupendo  final de la función,  el célebre poema de Franklin Mieses Burgos  “Paisaje con un merengue al fondo”, haciendo gala de su maestría, además, en el arte del baile.

Y como he escrito anteriormente, “Es así –como luego- de dar a su patria  lo mejor de su arte y su talento, desde su primera juventud, y a sus amigos tanto en el país como en el exilio, lo mejor de su fe en la libertad, además de su entrañable solidaridad, en esferas aún desconocidas hasta el momento que implicaron riesgos y desprendimientos materiales que un mes después,  el 24 de julio de 1964, luego de compartir sueños y realidades, motivaciones de alianzas profundas, sentimientos de compresión  y apoyo mutuo, Maricusa Ornes, la inmensa  voz del exilio dominicano, contrae nupcias  en San Juan, Puerto Rico, con el brillante economista y abogado, el doctor  Jaime Álvarez Dugan.

Mariucusa Ornes © Conrado, 1943

“A él le uniría desde entonces el magisterio, tres décadas maravillosas de unión matrimonial y el inmenso amor a los dos hijos que procrearon juntos: Juan Enrique  y Ángel Luis. Maricusa ha dicho de Jaime: “Mi marido era un hombre excepcional, único, inteligentísimo. Cuando lo vi en una cena a la cual me invitaron, cuando nos presentaron me dije, muy hacia adentro: “éste es el hombre que ando buscando”, y así fue. No me equivoqué al elegirlo como mi compañero. Jaime me llenó de plenitud y de felicidad”.

… Y así fue!…

Luego de sus bodas con el doctor Álvarez Dugan, Maricusa en compañía de él, y del grupo de la Poesía Coreada que creó en Puerto Rico, viajó a Washington, D.C.,  para ofrecer  el 12 de agosto de 1964, a las 8.30 de la noche,  un Recital Poético en el Departamento de Estado de Estados Unidos para conmemorar el 101º  Aniversario de la Restauración de la República Dominicana, por gestiones de nuestro Embajador, José Antonio Artiles. El programa incluía poesías de  Rafael Alberti, Juana de Ibarbourou,  Sor Juana Inés de la Cruz, Flérida de Nolasco, León Felipe, Federico García Lorca,  Antonio Machado, Matías Conde, Luis Palés Matos, Pablo Neruda, Carmen Natalia, Juan Ramón Jiménez, Gabriel Mistral, Rubén Darío, Arturo Pellerano Castro, José Antonio Dávila, Luis Llorens Torres, Andrés Eloy Blanco.

En una entrevista publicada en tres entregas que concediera Maricusa Ornes a Pascal Peña,  para el diario El Nacional de ¡Ahora!  en junio de 1976,  en la sección “Diálogo. Urgente”, la declamadora nos dice:

Maricusa Ornes por Luisa Geigel

“Estoy plenamente satisfecha de la vida… en todos los campos y en todos los aspectos. Primero, en Puerto Rico me siento en la propia casa y después de veinte años de vivir fuera de mi tierra,  cuando llego a ella, siento que no he perdido los contactos en lo absoluto, y que me siento en ella como  si no hubiese salido un solo día de aquí.   Me siento satisfecha de la vida porque cada persona que acude me tiende una mano (…) ¿Qué quiere decir esto? Que la vida me da tanto, y tanto que no puedo más que desear yo que corresponderle a ella”.

Y al preguntarle,  si desea añadir algo más, Maricusa responde, -puedes escribir   “Que he amado a mi tierra; he amado a los niños; he amado a Dios, que Dios es arte y creación”. [11]

¡Y así ha sido! Y continuará siendo  hasta la eternidad! 

NOTAS

[1] El Caribe  (22 de julio de 1977): 22

[2] Sócrates Nolasco. La Nación (3 de abril de 1949): 11.

[3] José Miguel Vendrell V. “ECOS DE UN RECITAL. Apología de la declamadora Maricusa Ornes Coiscou” en La Nación (6 de abril de 1949): s/p.

[4] Gabriel Bretón. La Nación (1º de agosto de 1950):7.

[5] La Nación, (7 de noviembre de 1950):9.

Dedicatoria a Maricusa Ornes de Pedro Mir de su libro Hay un país en el mundo

[6] “Maricusa se funde con el poeta y le ofrece sus alas y su luz y su gesto”. Afirma en una cónica el poeta  Matías Conde” en  La Nación  (12 de noviembre de 1950):5.

[7] “Maricusa Ornes” en  El Mundo (La Habana, 16-III-1951): 13.

[8] Diario Mañana, 24 de abril, 1951.

[9] Pascal Peña “Regresa al País Luchadora por la Libertad Dominicana” en  El Caribe (19-III- 1962): 16

[10] Unión Cívica (27 –VI-1962): 12.

[11]  El Nacional de ¡Ahora!, (22, 23 y  26 –VI-1976):3-4.