El 31 de mayo en la madrugada falleció el último de los sobrevivientes de los que ajusticiaron a Rafael L. Trujillo hace cincuenta y cinco años: el general Antonio Imbert Barrera. Antes, en 1980, había muerto Luis Amiama Tió, quien simbolizó junto a él la responsabilidad viviente del magnicidio del 30 de mayo de 1961. Ambos, durante años, estuvieron bajo la amenaza permanente de los íntimos del dictador, imbuidos por la sed de venganza, lo que pareció oportuno con el regreso del doctor Joaquín Balaguer a la presidencia en julio de 1966 y con él muchos de los más temidos representantes del Servicio de Inteligencia Militar y de la estructura castrense de la dictadura de Trujillo.

Con Balaguer en la presidencia, los familiares y allegados del tirano y compinches del que fue conocido como Ramfis Trujillo, quien había jurado asesinar, si fuera posible con sus propias manos  a los que dieron muerte a su padre, comenzaron a regresar de su voluntario exilio; se presentaban en actividades públicas como lo hizo Alicinio Peña Rivera que complacido puso en circulación varios libros en la Biblioteca Nacional, mientras un inusitado movimiento político apuntaba al resurgimiento del trujillismo a través de la formación de partidos políticos financiados por Ramfis y por Radhamés Trujillo, hijos del tirano. En esos afanes se recuerda al Movimiento Nacional Progresista y el Partido Acción Constitucional, liderados por Radhamés. También era común ver en la prensa la celebración de misas y otras actividades religiosas con las que los trujillistas, en violación a las leyes dominicanas, conmemoraban las muertes de Trujillo y de su hijo Rafael L. Trujillo Martínez. Este último murió en Europa en 1969, víctima de un fatal accidente.

Fue en el marco de ese activismo político y de alarde del poder complaciente, que se fraguó la muerte, mediante un atentado criminal, del más importante de los sobrevivientes del tiranicidio, Antonio Imbert Barrera, quien ostentaba el rango de general advitam desde 1962, concedido por el Consejo de Estado en premio a su heroica acción antitrujillista.

En la mañana del martes 21 de marzo de 1967 el general Imbert Barrera fue tiroteado en la calle Pedro Henríquez Ureña próxima a la intercesión con la capitán Eugenio de Marchena y cerca de la calle Cesar Nicolás Penson, en la zona del antiguo Zoológico de la ciudad. Su vehículo fue impactado por una ráfaga de ametralladora y el héroe nacional herido en diferentes partes del cuerpo, mas sus agresores no lograron el objetivo de darle muerte.

Semanas antes, el 9 de febrero de 1967, el Movimiento Popular Dominicano (MPD), que se mantenía en permanente conspiración antibalaguerista y comenzaba a infiltrar sus cuadros dentro de los cuarteles para favorecer una reacción militar contra el gobierno del doctor Balaguer, denunció a la prensa que una parte de la izquierda, y en especial los “transformistas” del Movimiento Revolucionario 14 de Junio acusaron al general Imbert, al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y al MPD, de “estar complotando” contra el gobierno: “En los días en que más acrecentada estaba la represión la camarilla transformista acusó al PRD de estar complotando con Imbert. ¿No es altamente sospechoso que en medio de la represión se acuse al PRD de estar ligado a Imbert, y se acuse al MPD precisamente cuando la represión se centra sobre él con más fuerza, de producir la confusión y servirle de abono a la política represiva del títere Balaguer?”. Esta denuncia apunta como hipótesis,  a una cierta coincidencia de las fuerzas trujillistas y balagueristas en el atentado, pues a partir del mes de abril del mismo año, tanto Imbert Barrera como Luis Amiama Tió fueron impedidos de visitar los recintos militares.

El incidente sangriento fue destacado por la prensa dominicana. El Nacional de Ahora del 21 de marzo trajo detalles del hecho, firmado por el periodista Silvio Herasme Peña: “Tratan de matar al general Imbert: Fue desde un automóvil chevrolet, azul claro, que unos tres sujetos dispararon esta mañana contra el general de brigada Antonio Imbert Barrera, según declararon testigos. Uno de los testigos, la señora Amarilis Muñoz de Lluberes (Marucha) afirmó que el automóvil chevrolet era del tipo Impala. Ella estaba lavando su automóvil en el frente de su casa, la 109 de la calle Pedro Henríquez Ureña, cuando ocurrió el atentado. El carro de Imbert Barrera, según la señora Muñoz de Lluberes, quedó varado junto al poste de luz que está frente a su casa. El otro testigo, es el cabo Marino Antonio Liriano paulino, quien estaba de tráfico en la esquina de las calles Pedro Henríquez Ureña con Alma Máter, a unos 200 metros del lugar del atentado. (…). El dijo que solo hubo una ráfaga. Agregó el cabo de transito que el automóvil Chevrolet, entre “verdoso y azul claro”, con cortinas pasó a una velocidad que él calculó unos 180 kilómetros por hora”.

El mismo diario vespertino editorializó alertando sobre el clima de intranquilidad que se estaba generando: “Los autores materiales e intelectuales del artero suceso han logrado, con su acto de gansterismo, reavivar la intranquilidad y el temor en el ánimo de la colectividad que ansia definitivamente paz, tranquilidad y respeto mutuo. (…). El hecho se torna más grave aun cuando ese ciudadano ha sido uno de los autores del ajusticiamiento del tirano que sojuzgó la Patria durante más de tres décadas de terror y latrocinio. El gobierno está en la ineludible obligación de descubrir y revelar a la mayor brevedad los detalles de esta trama”.

Imbert Barrera, que herido condujo su carro hasta la Clínica Internacional, acusó a sectores trujillistas de tratar de matarlo y aclaró que no tuvo oportunidad de repeler a sus agresores, quienes según él, pertenecen al bando trujillista de sus enemigos políticos. (…). Es de suponerse que de ahí debe venir, porque a ellos son los que les ha molestado más la desaparición del sátrapa de San Cristóbal. Así que es de suponer que de ahí vendrá el asunto”.

Por sus partes, diferentes actores políticos opinaron sobre el acontecimiento que casi costó la vida del “héroe nacional”, entre ellos algunos partidos de izquierda que consideraron que el atentando podía tener relación con las luchas entre grupos oligárquicos por “el control de las riquezas del país”. También que en la trama podían estar implicados  “grupos que se mueven alrededor del presidente Balaguer y que aúpan a reconocidos personeros del trujillismo”,  como lo planteó la agrupación PCRD, mientras que el 1J4 dijo que el atentado fue motivado por las “profundas contradicciones que hoy desgarran la oligarquía nativa, dividida entre ¨cívicos¨ y trujillistas, contradicciones estas que tienen su origen en la lucha de ambos grupos por el control del poder político y de los bienes confinados a la familia Trujillo, las cuales se han acentuado con el atentado trujillista perpetuado contra Imbert Barrera”.   La agrupación de los catorcistas aprovechó su declaración para revelar lo que llamaron la “Operación Conuco Limpio”, que no era “otra cosa que una embestida brutal para deportar, encarcelar, atropellar y asesinar a cientos de personas pertenecientes al movimiento revolucionario y a los amplios sectores anti-trujillistas del país”, en el momento en que Joaquín Balaguer se encontrara en la reunión de presidentes de Punta del Este, Uruguay, entre los días 12 y 14 de abril de 1967. La verdad, que después del regreso del mandatario del importante encuentro, la represión aumentó de manera preocupante para la sociedad dominicana.

Para la investigación del fallido atentado contra el general Imbert Barrera, el gobierno designó como secretario de Interior y Policía a Luis Amiama Tió, el 22 de marzo, quien de inmediato visitó  a su amigo en el centro médico y le prometió que iba a hacer caer todo el peso de la ley contra los “autores del exceso” y que también  emplearía su posición para esclarecer la situación del abogado y periodista emepedeista Guido Gil, secuestrado y desaparecido meses antes.

Las indagatorias del Secretario de Interior y Policía llevaron al encarcelamiento de algunas personas sospechosas de tener vínculos con la familia Trujillo, y hasta se anunció el asesoramiento de organismos de inteligencia extranjeros, lo que dejaba entrever la falta de confianza en las autoridades nacionales para dar con el paradero de los implicados. Las medidas tomadas por Amiama Tió provocaron un visible malestar y ambiente de tensión en la Policía y en otros estamentos militares, lo que hizo que el héroe nacional y compañero de Imbert renunciara a la importante posición policial sin poder esclarecer el fracasado complot. En su lugar, el 26 de abril, el Presidente juramentó al licenciado Carlos Rafael Goico Morales como nuevo secretario de Interior y Policía.

Dos días después, el 28 de abril, la Policía Nacional denunció “un supuesto complot antigubernamental en el que la policía implica al general Antonio Imbert Barrera”. Como testigo de los planes contra el gobierno el Servicio Secreto interrogó al agente Marcelino Antonio Lantigua.  Desde entonces y por mucho tiempo, el general Imbert Barrera quedó ostentando su rango, pero se le tuvo desconectado de las actividades castrenses y el caso fue quedando en el olvido hasta que el domingo 15 de febrero de 1970, una aeronave de Dominicana de Aviación se accidentó en el mar Caribe, próximo a Boca Chica. En ella viajaban y murieron en el accidente la esposa, una hija y una hermana del General Imbert Barrera.

Aunque los organismos de inteligencia de los Estados Unidos, décadas después dieron algunas informaciones del intento de asesinato contra el héroe nacional que apuntaban hacia los relacionados con Ramfis Trujillo, y algunos historiadores y periodistas han señalados nombres y sectores que, a decir de ellos, tuvieron conocimiento sobre aquella acción  de los trujillistas; la verdad es, que con el fallecimiento del general Antonio Imbert Barrera el 31 de mayo del presente año, una parte importante de los detalles de lo que pasó aquella mañana en las inmediaciones del Zoológico viejo de la capital dominicana, se fueron con él hasta la tumba. 

(Para el presente artículo de las “Crónicas de los doce años de Balaguer”, fueron utilizadas las siguientes fuentes:  Silvio Herasme Peña, “Tratan de matar general Imbert”, El Nacional, 21 de marzo 1967; “Imbert Barrera acusa trujillistas tratar de matarlo”, El Nacional, 22 de marzo 1967; “Hará caer peso de la ley sobre autores de excesos”, El Caribe, 23 de marzo 1967; “Policía investiga “complot” Imbert”, El Nacional, 28 abril 1967; “Estrecharán el cerco contra los terroristas”, El Caribe, 9 de mayo 1967)