SANTIAGO, República Dominicana.-Como una forma  de que la opinión pública nacional comprenda que he estado totalmente consciente de todo lo que se movió alrededor de la acción criminal contra mi hijo Jordi, doy a conocer nuevamente un escrito que  publiqué en el periódico La Información, durante los días 14, 16, 18,23 y 25 de marzo de 2011, en el cual desarrollé el operativo  de los sicarios y la participación de Adriano Román, y que coincide con las pruebas exhibidas ahora en las distintas audiencias.

He aquí el escrito tal como fue publicado hace más de tres años.

LA TENTATIVA DE ASESINATO CONTRA JORDI

Ramón Antonio Veras

VIII.- LA INVESTIGACIÓN EN EL CASO DE JORDI. LAS PRUEBAS. TRABAJO DEL MINISTERIO PÚBLICO Y LA POLICÍA. DELICADEZA EN LA OBTENCIÓN DE LAS PRUEBAS EN EL CASO JORDI.

El crimen organizado trata de que sus actores no estén al alcance de sanciones penales, buscan todas las formas para no estar ante los jueces. La impunidad es su divisa, además de que, por lo regular, cuenta con buenos abogados expertos en el soborno. De ahí que se precisa rodear los expedientes relacionados con sicariato de la mayor delicadeza en la obtención de las pruebas en su contra.

En el Caso Jordi, los investigadores judiciales y policiales se manejaron con mucha inteligencia y profesionalismo en procura de las pruebas, poniendo siempre por delante el cumplimiento de los procedimientos y el debido proceso conscientes de que cualquier error puede dañar una prueba.

La desesperación nunca ha estado presente en la investigación del Caso Jordi; los pasos que se han dado están justificados por autos emitidos al efecto por autoridades competentes. No se ha violentado norma procesal alguna que pueda ser esgrimida por los imputados en el futuro con posibilidades de éxitos. Se ha logrado que los medios de prueba estén rodeados de toda legitimidad.

En el caso de Jordi, las pruebas que conforman el expediente resisten todas las instancias penales.

El ministerio público ha hecho, con la colaboración de la policía, un trabajo fino de investigación porque, por su experiencia en los casos de crimen organizado, y en particular la modalidad del sicariato, sabe cómo toman en cuenta los jueces las pruebas en este tipo de criminalidad, en la cual se ha admitido:

“Se insiste en que la prueba es valorada en conjunto, que no hay testimonios más importantes que otros, que no estamos en un sistema de prueba tasada, que la prueba en estos casos debe ser vista de manera global, y que como prueba indiciaria, todas y cada una de las evidencias que existan deben verse de manera concatenada unas con otras, de manera que aunque no exista prueba directa, todas ellas guíen al juzgador a un único resultado, sin dejar duda alguna”. (14)

Para probar las acciones criminales del crimen organizado, y en el caso concreto de sicariato, los investigadores judiciales y policiales tienen que recurrir, necesariamente, a equipos de alta tecnología que les sirven de soportes en la búsqueda de elementos de prueba.

 

Ramón Antonio Veras (Negro), padre de Jordi Veras.
Ramón Antonio Veras (Negro), padre de Jordi Veras.

La experiencia práctica en las investigaciones de acciones criminales de sicariato, en otros países sirven de base para enfrentar la criminalidad ante los tribunales, y se revelan medios utilizados para obtener pruebas.

En ningún momento puse en duda que la tentativa de asesinato contra Jordi, había sido encargada por Adriano Román, a una empresa dedicada al crimen organizado. Por más que se me quiso confundir con respecto al móvil de la acción criminal contra Jordi, estaba totalmente convencido de su origen.

En otras oportunidades he dicho, y lo reitero ahora, que la modalidad del crimen por encargo está tomando fuerza en amplios segmentos de la sociedad dominicana, y que si no se enfrenta  ahora el crimen organizado y el sicariato, con el tiempo la situación se va a convertir en una práctica común para darle solución a conflictos de distintas facturas y naturaleza.

Los fenómenos delincuenciales no hacen acto de presencia en un santiamén; ellos se van desarrollando lentamente hasta llegar a convertirse en una actividad habitual. Así ha ocurrido en otros países donde hoy, matar por encargo, por precio o remuneración, es algo cotidiano.

“Con  el  paso  del  tiempo  este  tipo  de  delincuencia  se  ha  ido  expandiendo y filtrando en los países latinoamericanos, en un inicio como un delito  ligado  al  narcotráfico;  pues  cada  vez  las  organizaciones    de  la  droga han  ido expandiendo sus centros de operaciones y han  ido buscando nuevas  rutas de acceso; sin embargo,  lamentablemente en  la actualidad el sicariato  en  Latinoamérica  se  ha  convertido  en    una    figura  delictiva  que  permite “resolver” aspectos de distinta índole; es decir, los servicios prestados por las bandas  de  sicarios  comenzaron  a  ser  requeridos  y  utilizados  por  otros sectores  de  la  sociedad  ajenos  al  negocio  de  la  droga,  entiéndase “ciudadanos  de  bien”,  que  buscan  acabar  de  manera  rápida  y  segura problemas  que  se  cruzan  en  su  camino,  así  por  ejemplo,  podemos mencionar: problemas personales, problemas entre vecinos, deudas, líos de faldas,  venganzas,  problemas  de  negocios,  inclusive  problemas  familiares, entre otras”.

“Esta tendencia cada vez se hace más evidente,  la  triste realidad es  que    el  “ciudadano  de  bien”,  es  decir,  aquella  persona  media  que  no acostumbra  delinquir  de  forma  habitual  ni  ocasional,    ha  renunciado  a  los medios  o  canales  institucionalizados  que  proporciona  el  Ordenamiento Jurídico para promover y garantizar  la paz social con el  fin de que haya una correcta  convivencia  y  en  su  lugar  se  recurre  a  modelos  paralelos  que evidentemente no son  lícitos para poner  fin a   problemas o diferencias  con los semejantes”. 

“Por  eso  no  es  de  extrañar  que  “los  índices  de  violencia  en  los  países latinoamericanos  no  solo  se  han  disparado,  sino  que  también  se  han diversificado,  esto  trae  como  consecuencia  inmediata  la  aparición  de múltiples  enfoques  y  distintas  posiciones  tendientes  a  reparar  y  suplir  las deficiencias  de  los  aparatos  punitivos  del  Estado  y  así  aumentar  las capacidades represivas del Estado y sus fuerzas de seguridad.”

“Debido a  lo anterior  “se  pone  de  moda  una  suerte  de  política  criminal  de  orden simbólico,  las  cuales  pretenden,  en  términos  generales,  un  mejor apertrechamiento  tecnológico  de  la  policía,  una  reducción  de Derechos  del acusado  en  el  proceso  penal, más  facultades  al Ministerio  Público  para  la negociación en este tipo de criminalidad y las siempre crecientes intenciones de  ampliar  el  listado  de  delitos  que  permiten  las  escuchas  telefónicas  y  el empleo  de  otras  herramientas  de investigación  que  lesionan directamente Derechos constitucionales  importantes  en  una  sociedad  cada  vez  más orientada a  la información”, en  términos  generales,  se  busca arribar a  la verdad real de los hechos a cualquier precio, se pone en práctica una serie de medidas  y  reformas  tendientes  a  disminuir  las Garantías  Constitucionales  y Legales  que  deben  privar  en  el  proceso  penal  dentro  de  un  Estado  de Derecho  como una medida desesperada  para  retomar  la  calma  y  sensación de  seguridad  perdida,  todo  esto  siguiendo  la  línea  del  Populismo  Punitivo, esto  conlleva  a  una  peligrosa  funcionalización  del  Derecho  Penal,  cuyo objetivo es alcanzar fines puramente simbólicos, sin que necesariamente sea esta la salida al problema a criterio… en  tanto  el  problema  de  la  seguridad  requiere  de  un tratamiento  integral,  empezando  por  un  planteamiento  distinto  de  las políticas  sociales  del  Estado  y  nunca  en  detrimento  de  las  Garantías  y Derechos  que  asisten  a  todo  ser  humano,  tópico  que  más  adelante retomaremos”.

  “Dentro  de  los  países  latinoamericanos  donde  mayor  crecimiento  ha tenido  el  tema  del  sicariato  podemos  mencionar  los  casos  de  México, Venezuela,  Chile,  sin  dejar  de  mencionar  por  supuesto  que  el  país  por excelencia es Colombia,  y que Costa Rica no escapa de esta  realidad, en un inicio  nuestro  país  era  solamente  un  puente  para  pasar  la  droga  a  otros países; sin embargo, actualmente gran cantidad de esa droga  ingresa al país para  quedarse  y  abastecer  un  amplio mercado”. 

“En  opinión  de  expertos  lo anterior se debe a que conforme Colombia y México fueron  implementando medidas  drásticas  para  combatir  el  narcotráfico  y  actividades  conexas  las redes criminales  fueron migrando sus centros de operaciones a otros países de la región, lo anterior es conocido como el “efecto globo”. 

“De  esta  amarga  realidad  no  escapan  los  países  centroamericanos,  ya que sumado a  los carteles colombianos, muchas de  las organizaciones de  la droga en México han trasladado sus centros de operaciones a Centroamérica debido  a  la  resistencia  y  confrontación  que  les  está  dando  el  gobierno mexicano, esto ha  traído  como  consecuencia un aumento en  los  índices de sicariato en Centroamérica,  sobre  todo  en  países  como  Guatemala,  Costa Rica y Honduras. La presencia de estos grupos  ligados al crimen organizado genera  violencia  e  inseguridad  y  una  gran  preocupación  porque  se  están disparando los índices en materia de asesinatos debido a la guerra que libran los grupos narcos”. (15)

He querido transcribir lo más ampliamente posible las ideas anteriores para que lo mejor de nuestro pueblo comprenda que todavía estamos a tiempo para con detenimiento tomar las medidas legales necesarias, y fortalecimiento del Ministerio Público y la Policía Nacional, para hacerle frente a ese nuevo fenómeno criminal, el sicariato, que el 02 de junio de 2010, llevó dolor, pesar, angustia y desesperación a mí y a toda mi familia. Ojalá el caso de Jordi sea la última obra de una operación del crimen organizado en la modalidad de sicariato.

IX.- PENETRACIÓN DEL SICARIATO EN EL ESTADO Y EL CASO DE JORDI

Adriano Román, juzgado por el atentado criminal contra Jordi Veras.
Adriano Román, juzgado por el atentado criminal contra Jordi Veras.

Al examinar con detenimiento el caso del atentado a Jordi, me he formado la clara idea de que, por lo menos en la región norte del país, es el primer caso de una operación típica de crimen organizado por medio de sicarios.

Adriano Román, como revela hoy el expediente que está ahora en los tribunales, contrató a una empresa del crimen al frente de la cual estaba una persona con los mecanismos necesarios para cumplir tareas de matar por encargo. Francisco Carela Castro, principal ejecutivo de la compañía encargada para matar a Jordi, cuenta con todo un equipo humano y tecnológico para cumplir con los deseos de aquellos que buscan resolver asuntos o diferencias eliminando a sus adversarios dándoles muerte por encargo.

El grupo al servicio del señor Carela Castro, cumple en forma armoniosa sus tareas, con la relevancia de que la mayoría de los integrantes tiene incidencia en organismos sensitivos  de inteligencia del Estado lo que les permite tener a su disposición y alcance equipos de alta tecnología no disponibles para particulares o civiles.

Por la incidencia y penetración en el aparato estatal, de la empresa contratada para matar a Jordi, no fue fácil descubrir a sus autores; estos conocían los movimientos de Jordi antes, durante y después de la tentativa de asesinato, como se pone de manifiesto por el hecho del 2 de Junio, y las reiteraciones de querer matarlo nuevamente el 4 y 6 de  noviembre del 2010, primero en su residencia y luego en un supermercado de Santiago.

Como he explicado en otra parte de este escrito, los sicarios antes de atacar a Jordi el 2 de Junio del 2010, ya conocían con detalles todo lo relacionado con su persona, modo de vida, rutina, relacionados, etc., y estas informaciones no fueron obtenidas al azar, se hizo un trabajo de rastreo, de inteligencia, utilizando equipo y personal activo de la Policía Nacional.

El caso de mi hijo Jordi, solamente puede servir de experiencia a lo mejor de nuestro pueblo si se asimila esa tentativa de asesinato como algo que no debe continuar como práctica delincuencial.

He aquí lo expuesto en el trabajo de tesis, al cual ya hemos hecho referencia,  sobre sicariato y crimen organizado donde se destaca cómo esa modalidad criminal se infiltra en el Estado, así como otras características de esa delincuencia:

“La característica fundamental del crimen organizado es que penetra todas las estructuras del Estado. De alguna manera se da una relación de simbiosis entre estas redes criminales y los diferentes aparatos que conforman el Estado, se da una coexistencia nociva, pues cada vez son más los funcionarios públicos que ceden ante la tentación y se dejan corromper a cambio de favores que permitan o faciliten la continuidad de la actividad delictiva. En términos generales podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que la delincuencia organizada se nutre o se sirve del Estado, un claro ejemplo de la anterior es que grandes redes criminales han llegado a financiar campañas políticas, por ejemplo, en Italia, Colombia, México, entre otros casos”.

“Otra característica importante de este tipo de criminalidad es que quiebra el estereotipo del delincuente habitual, es decir, aquel delincuente que normalmente anda sucio, mal vestido, mal comido, es mal hablado, entre otras, por el contrario, este tipo de delincuente se caracteriza por tener un status económico muy alto que le permite llevar un muy buen nivel de vida”.

“Una tercera característica es que estos grupos delincuenciales se caracterizan por actuar con unos altísimos niveles de violencia y se rigen por códigos de conducta muy estrictos con castigos severos que tienen la función de aleccionar a futuro y tener un efecto ejemplarizante para los demás miembros”.

“Otro aspecto importante es que los altos mandos de estas redes carecen de identidad, en el sentido que para las autoridades judiciales es casi misión imposible identificar plenamente a quienes tienen el mando de la estructura”.

“Como característica también debemos mencionar que al lado de estas redes criminales se genera como consecuencia necesaria otro tipo de delincuencia menor”.

“Y por último debemos mencionar como característica de este tipo de delincuencia que según la experiencia en diferentes partes del mundo la mejor manera de atacar a este tipo de redes es golpeando la parte económica, es ahí donde más les duele, en tanto el fin último es el lucro”.

“Según la opinión de expertos en la materia consultados para la presente investigación como lo son, por ejemplo, el señor Gerardo Castaing, el señor Francisco Dall´anese y el señor Osvaldo Henderson está demostrado que la mejor manera de atacar la delincuencia organizada es cortando el flujo o ingreso de dinero producto de la misma actividad delictiva, en el tanto el fin primordial no es delinquir sino el ánimo de lucro”.

“Es claro que si bien podemos encontrar múltiples definiciones, lo cierto es que en la mayoría existe una base común, así por ejemplo, podemos apreciar que se requiere un conjunto de individuos, no basta que sea un solo sujeto, se requiere de un periodo largo de actuación; es decir, que perdure por cierto lapso al menos, que se obtenga un beneficio producto de la actividad que se realiza al margen de la ley, lo cual es el fin primordial en este tipo de delincuencia, otro elemento común es que exista toda una distribución de funciones, pero además, que evidencie una estructura, disciplina y jerarquía interna; es decir, el funcionamiento empresarial”. (16)

Debo de precisar que al hacer este trabajo no persigo, en modo alguno, sembrar temor en la conciencia de los mejores hombres y mujeres del país; simplemente estoy exponiendo una situación dramática vivida y que no quiero ver reeditada en ningún hogar dominicano. Mi sufrimiento y dolor no se lo quiero transmitir a ninguna familia dominicana. Que el de Jordi sirva, pura y simplemente, como algo que no debe ocurrir jamás.

X.- LOS PRIMEROS INDICIOS EN EL CASO JORDI. CAMPAÑA PARA CONTAMINAR LA INVESTIGACIÓN. GESTIONES EN BUSCA DE PRUEBAS: LA FISCALIA, LA POLICÍA Y YO. RESULTADOS. LEGISLAR PARA EL FUTURO.

Al momento de ocurrir la tentativa de asesinato contra Jordi, fue unánime la opinión de que había sido obra criminal de Adriano Román, por la participación de Jordi como abogado de Miguelina Llaverías. Pero, precisamente, Adriano y sus asesores, con la finalidad de contaminar la investigación y confundir a la opinión pública, difundieron la especie de que el móvil había sido por motivos pasionales.

Como abogado de profesión y mi incidencia en el área penal, sabía que no resultaría fácil descubrir a los sicarios que actuaron contra mi hijo Jordi, por encargo de Adriano.

 

Doña Miguelina Llaverías, víctima de Adriano Román.
Doña Miguelina Llaverías, víctima de Adriano Román.

Aunque confiaba en los investigadores judiciales y policiales, a diario recibía el látigo de la difamación contra Jordi, contra mi familia y contra mí personalmente. Pero la verdad camina sola, el tiempo fue mi mejor aliado, la mentira fue derrotada.

Para que se comprenda que la dificultad para investigar y descubrir el accionar de los sicarios no es cuestión de niños, voy a citar lo siguiente:

“Cuando hablamos de limitaciones en la Administración de Justicia relacionadas con el  sicariato  como forma de delincuencia organizada, definitivamente debemos referirnos a la facilidad o  dificultad que enfrenta tanto el Ministerio Público como la Policía Judicial cuando investigan  este tipo de casos y de qué manera se logra formalizar la investigación llevándola a juicio por medio de una acusación. Evidentemente no existe texto alguno al que se pueda recurrir en ese sentido, pues espacialmente nos limitamos a la situación de nuestro país, que nos demuestre  o diga cuáles son taxativamente dichas limitaciones, razón por la cual se debe, a partir de diálogos y entrevistas con fiscales,  jefes del Organismo de Investigación Judicial  y  otras  autoridades en la materia,  así como la revisión de casos “sonados”, por así decirlo, para descifrar cuáles son los principales obstáculos que pueden darse a la hora de abordar estos procesos”.

“En primer lugar se debe indicar que las circunstancias que rodean este tipo de hechos representan serias dificultades para investigarlos, pues se trata de una o varias personas, que llegan en un vehículo automotor, una motocicleta generalmente, y ejecutan a la víctima,  huyendo de manera muy rápida del lugar de los hechos, dejando ocasionalmente como evidencia y dependiendo del arma utilizada, los casquillos, con los cuales se podría intentar probar con qué tipo de arma se cometió el delito,  pero nada más. De ahí en adelante, incluso  se pueden tener videos y testigos presenciales del suceso, pero los mismos sólo describirán  algo genérico; a saber, una motocicleta de determinado color y dos sujetos con casco, esta descripción podría calzar con mil y una motocicletas con rasgos similares que circulan en  las calles en ese mismo momento”.

“En otras palabras, este tipo de delito se comete siempre procurando la impunidad, en nuestra  opinión es el delito que busca la impunidad por excelencia,  todos  los autores de un  tipo penal generalmente la buscaran, pero en estos casos, la estructura, el planeamiento y la organización de  las personas que montan el plan,  la distribución  funcional y el  codominio  del  hecho hacen que se deba investigar a muchas  personas, por lo cual la atención del órgano que investigue se puede atomizar y verse dispersa en el intento de encontrar una vía de seguimiento de los hechos que lo lleve a una conclusión que le brinde certeza sobre el suceso para así poder acusar”. (17) 

En el caso de Jordi, en un principio los investigadores judiciales y policiales solamente tenían como indicios de pruebas la persona de Jordi con dos (2) disparos en su cabeza, los casquillos recogidos en el lugar del atentado, la jeepeta de Jordi con los orificios en los vidrios por donde penetraron los tiros, la persona de Randy Ortiz que, en compañía de un transeúnte por el lugar del hecho, trasladó a Jordi a la clínica, aunque, al poco rato, apareció la motocicleta y otros objetos pertenecientes a los sicarios.

Personalmente conté con la total solidaridad y colaboración de decenas de personas que me suministraron valiosas informaciones, videos, etc., los cuales puse en manos de los investigadores. Pero en verdad, los ejecutores de Jordi creían, en un principio, que nunca iban a caer en manos de la justicia, como finalmente se logró, comprobándose que entre el cielo y la tierra no hay nada oculto.

En el Caso de Jordi se demostró que: “en materia de sicariato podemos concluir que en este tipo de casos en virtud de las circunstancias especiales que los caracterizan viene a jugar un papel de suma importancia la prueba indiciaria, lo cual es comprensible, en tanto el modus operandi del sicario es bastante complejo, ello dificulta la investigación del caso en general…”. 

El día que se conozca el Caso Jordi ante la jurisdicción de juicio, lo mejor de nuestro país se va dar cuenta del trabajo realizado por el Ministerio Público y por el equipo de oficiales que la jefatura actual de la Policía Nacional puso para dar con los responsables del Caso Jordi.

Tengo la creencia, partiendo de la experiencia vivida en el caso de mi hijo Jordi, que con el tiempo, más temprano que tarde, ante el desarrollo del sicariato, se va a tener que legislar para hacer más efectivo el trabajo de las autoridades que investigan los casos de crimen organizado. Por ejemplo, las ubicaciones y rastreos de teléfonos fijos y móviles, muchas veces resultan determinantes para descubrir las acciones criminales que, como la de los sicarios, se torna muchas veces sumamente difícil.

XI.- EL CASO JORDI Y LOS INTERESES QUE SE MUEVEN. LAS PRUEBAS Y MI CONFIANZA EN LA JUSTICIA. ELEMENTOS DE PRUEBA EN EL CASO JORDI Y DECISIONES EN OTROS PAISES.

Los hechos son los hechos y no se derriten. En las sociedades humanas nadie está solo; hasta los más perversos cuentan con aliados que se identifican con sus causas sin importar los dañinos que sean.

Tener dinero genera aliados. La mercancía dinero abre muchas puertas y, como se ha dicho, hasta los corazones, y aquel que tiene dinero para hacer maldades sabe dónde los pone, en cuáles manos los coloca.

Sé de todos los intereses, de las personas físicas, de los organismos públicos y privados que se movieron para hacer posible la tentativa de asesinato contra Jordi, y de igual manera sé que a favor de los criminales que trabajaron para matar a Jordi se van a poner en tensión personas que deben favores a los asesinos porque les han hecho trabajos sucios, han recibido aportes económicos y, otros, que aunque no trabajaron en el operativo para matar a Jordi, son integrantes de la compañía presidida por Francisco Carela Castro.

Pero por encima de todo, en el Caso Jordi, desde el punto de vista legal y judicial, confío en las pruebas que conforman el expediente, la firmeza del Ministerio Público, el talento de los abogados que trabajan en el caso y, fundamentalmente, en lo que ha sido el servicio judicial en Santiago, donde aún cuando en una época la justicia fue la cenicienta de las instituciones, los jueces de Santiago se mantuvieron al margen de toda crítica nociva.

La sociedad dominicana, a nivel judicial, no puede esperar que los autores de la tentativa de asesinato contra Jordi, en su generalidad, tranquilamente van a confesar su participación en la acción criminal, aunque algunos de ellos han reconocido su participación.

Confiamos, fundamentalmente, en las pruebas,  en la honestidad, seriedad y capacidad de los jueces que han de conocer del expediente del Caso Jordi.

En razón de que nuestro derecho está organizado bajo el sistema probatorio, los elementos de pruebas y el análisis que de ellos hagan los jueces, será determinante a la hora de emitir un fallo.

En el Caso Jordi, hoy existen pruebas directas que comprometen la responsabilidad penal de los imputados, y a lo mejor de otras personas que todavía no figuran en el expediente, y que hacen posible una sanción penal fuerte.

En otros países, en casos del crimen organizado, los jueces se emplean a fondo para descubrir y hacer relucir la verdad de los hechos, recurriendo a profundos análisis tomando en consideración indicios y concursos de circunstancias, así como otros factores que contribuyeron al hecho ilícito. Así, por ejemplo, se ha establecido:

“El  sustento  de  un  fallo  condenatorio  en  indicios  variados,  graves  y  unívocos,  es  absolutamente  válido  y  por  ello,  no  implica  falta  de motivación, el hecho de que no existan testigos o documentos que den fe de ciertos  aspectos,  sino  que  estos  más  bien  se  extraigan  de  un  análisis concatenado de  los elementos probatorios. En el  caso particular  se aprecia, que  la  prueba  evacuada  soporta  con  suficiencia  las  conclusiones  a  las  que arribó  el  a  quo  y  en  ese  tanto,  la  exigencia  de  prueba  directa  no  viene  al caso.” (18)

Reitero, que en el caso de Jordi, por el delicado trabajo efectuado por los investigadores judiciales y policiales, el expediente es abundante en pruebas directas con las cuales los tribunales tendrán buenas fuentes desde donde partir para emitir sus criterios y fallos sólidos.

XII.- DIFICULTADES EN LA INVESTIGACIÓN EN LOS CASOS DE SICARIATO.  MI PARTICIPACIÓN EN EL CASO JORDI. TRABAJO DEL MINISTERIO PÚBLICO E INCONVENIENTES EN EL CASO JORDI.

El estado emocional que he vivido desde el instante que tuve conocimiento de la tentativa de asesinato contra Jordi, solamente lo saben la Licencia Yeni Berenice Reynoso, y sus ayudantes, y los diferentes oficiales policiales que han mantenido comunicación permanente conmigo. Me he dedicado por entero a mover y remover todo, a tocar todas las puertas privadas y oficiales en busca de la más mínima o amplia información que pueda ser útil como medio de prueba, primero para descubrir a los asesinos, sin importar el papel desempeñado para materializar el asesinato contra mi hijo Jordi, y segundo, para hacer cada vez más y más sólido el expediente y la acusación.

La magistrada Yeni Berenice Reynoso, a quien en mi vida solamente una vez había visto personalmente antes del atentado a Jordi, se ha convertido en mi gran aliada en todo el curso de la investigación. Le tengo total confianza en su trabajo, por su seriedad, capacidad, laboriosidad y franqueza. Nunca he sentido que me dice una cosa por otra.

Con el caso de Jordi, he aprendido lo difícil que resulta para el Ministerio Público y la Policía Nacional, investigar y descubrir las operaciones ejecutadas por los sicarios.

Soy el testigo más directo, y puedo dar testimonio, de que la fiscalía de Santiago ha mantenido, entre otros casos, en atención permanente el caso de Jordi.

Hasta en los momentos más difíciles del proceso de investigación, la fiscalía de Santiago mantuvo su fe y confianza en que el caso se iba a descubrir pronto, y ese estado de ánimo me lo transmitía a mí, y si por una u otra razón el ritmo de las investigaciones bajaban, Yeni me lo hacía saber; siempre me ha sido franca.

Con el tiempo he aprendido lo difícil que resulta la investigación del crimen por encargo, es una madeja sumamente difícil de desenredar. Así como es complicado el trabajo que ejecutan los sicarios, porque es la obra de varias personas con funciones diferentes para lograr un fin común, también lo es el descubrirlo.

He aquí un análisis doctrinal de los inconvenientes que tiene el Ministerio Público para investigar la criminalidad ligada al sicariato. Veamos:

“Otra limitante para la investigación de un caso de homicidio calificado por promesa remuneratoria en relación con crimen organizado, la tenemos en la estructura de dicho homicidio en sí, en otras palabras la estructura piramidal. Esta estructura hace que se busque no a uno, sino a varios sujetos responsables de cometer el crimen”.

“En estos casos se presentan al menos 3 personas, quienes de común acuerdo se asocian con el fin de acabar con la vida de otra persona a cambio de un beneficio  económico o material, un autor intelectual que tiene la necesidad de acabar con la vida de la víctima pero no lo quiere hacer el mismo, o bien no puede, que es el que paga o promete el  beneficio a cambio de matar, un intermediario que se encarga de conseguir a las personas que se harán cargo de matar efectivamente a  la víctima y un autor material que será el que reciba  el  beneficio  económico luego de haber ejecutado a la persona a la que se le encargó matar. Entonces podemos observar que, al menos, existen 3 sujetos que son autores del  homicidio”.

“Debe recordarse que al tener todos, sean 3 o más personas, el codominio funcional del  hecho,  si eventualmente son encontrados responsables serán condenados en condición de autores, porque sin la conducta de tan sólo uno de ellos, el homicidio no podría haberse consumado,  es el criterio que tiene hasta el día de hoy la jurisprudencia de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica”. 

“Establecer la pirámide o estructura en estos casos para acusar, es realmente una  tarea muy difícil, pues en muchos casos los extremos de la pirámide no se conocen,  ni  el  autor  material  tiene relación alguna con la víctima, de hecho este escenario es el ideal para el sicario, que  evita todo contacto personal anterior a la ejecución del hecho con la persona a la que se le encomendó matar. También se da el caso de que existan varios intermediarios; o sea, existe  el  que se pone de acuerdo con el  autor intelectual  para conseguir a los sicarios, pero este a su  vez puede que se comunique con otro intermediario si el primero no posee los medios para conseguir a los homicidas, o bien se puede dar el caso  también de que uno de  los  sicarios es el que ejecuta, otro consigue las armas, otro el transporte, otro se encarga de seguir a la víctima  tiempo antes para conocer su rutina y en ella ubicar el momento en el que se encuentre más  indefensa”.

“Como se puede observar este tipo de homicidio es un delito planeado muy cuidadosamente,  abarcando a una pluralidad de sospechosos, es muy distinto a un homicidio cometido en estado de emoción violenta en el cual las pruebas sobran, porque se tiene a un imputado, se tiene el arma, se tiene el motivo y se  tiene a  la víctima, es por esto que  la  investigación se hace muy difícil,  pues  prácticamente  solo  se  tiene  como  prueba  directa  al  cadáver,  a partir  de él  se debe elaborar  una  victimología  y  la  ya mencionada  autopsia psicológica”. 

“La investigación debe ir dirigida a averiguar quién pudo haber querido que la víctima fuese asesinada, para esto además de lo ya mencionado se necesita de trabajo de campo, análisis médicos, rastreos telefónicos de al menos seis ó siete meses antes de la  fecha del suceso e intervenciones telefónicas, para estos dos últimos métodos se necesita, por  lo menos al día de hoy, la orden de un juez, circunstancia que el Ministerio Público y  la Policía Judicial en ocasiones consideran que es una limitación, pues se ven atados de manos mientras no tengan esa autorización, ya que de no ser así esa prueba sería espuria y no puede ser aceptada como prueba legal en un proceso penal. Vemos así como el tiempo es una de las mayores limitaciones, pues a criterio de la Fiscalía General de la República si en cuarenta y ocho horas no hay ni un solo indicio o ni una sola prueba que, al menos, brinde una posible línea de investigación en un caso de sicariato, sería casi imposible establecer lo que sucedió  con claridad”. (19)

Todo aquel que tenga la posibilidad de leer el expediente del caso de Jordi, una vez haga un análisis de las citas antes indicadas se dará cuenta que las mismas cuadran perfectamente con el operativo llevado a cabo por la compañía que se encargó de matar a Jordi.

Debo confesar que al leer las aludidas citas, y por conocer todas las interioridades del expediente de mi hijo Jordi, quedé totalmente sorprendido de la coincidencia entre lo narrado y lo que real y efectivamente sucedió en el caso de Jordi.

Mentalmente me he trasladado a las circunstancias que rodearon el Caso Jordi, y siento que estoy objetivamente viendo la voluntad de Adriano Román transmitida a Franklin Reynoso, y éste a Engels Carela, y siguiendo la cadena, éste llevando al ánimo de Francisco Carela Castro, el encargo de Adriano de matar a Jordi, y Carela Castro instruyendo a José Bianney García y Rafael Erazo Serrano –Popolo-, para que en el data crédito busquen los datos de Jordi, y finalmente a Carela Castro encargando a Roberto Zabala para que busque a los sicarios Candy Caminero Rodríguez y Arturo Ferreras del Castillo –Moreno-, quienes se encargarían de materializar la voluntad de Adriano de matar a Jordi.

Jordi Veras en una de las audiencias del juicio contra Román y compartes.
Jordi Veras en una de las audiencias del juicio contra Román y compartes.

Lo antes expuesto es, en sí, los operativos que rodearon el Caso Jordi: uno que quiere acabar con la vida de otro, Adriano, pero no lo quiere hacer él mismo, que es quien paga; dos (2) intermediarios, Franklin y Engels, que se encargan de buscar las personas que harán el operativo; Francisco Carela Castro, que organiza y busca el contacto, a Roberto Zabala y éste se encarga de buscar a los ejecutores sicarios Candy Caminero Rodríguez y Arturo Ferreras del Castillo –Moreno-.

Cada una de las personas antes indicadas hicieron posible la tentativa de asesinato contra Jordi: el que pagó el crimen, los intermediarios y finalmente quien se involucra en busca de los que van a facilitar la identificación de Jordi, los que han de sustraer el motor, y el grupo que estará en Santiago el 02 de junio de 2010, para matar a Jordi: Roberto Zabala, Candy Caminero Rodríguez y Arturo Ferreras del Castillo –Moreno-.

Mientras tanto, Adriano Román, esperaba tranquilamente en Rafey la noticia por la cual él había pagado: mataron a Jordi.    

XIII.- EL SICARIATO Y SU INFLUENCIA DE MIEDO EN LA SOCIEDAD. EL CASO DE JORDI EN MI FAMILIA. ENFRENTAR EL SICARIATO CON FIRMEZA COMPROMISO DE LA SOCIEDAD Y EL ESTADO.

En el caso específico de Jordi, aspiro a que se haga justicia, no solamente porque se ha lesionado a uno de mis hijos, sino también porque he dedicado la mayor parte de mi existencia a luchar para que aquí impere la justicia en todos los ordenes, además de que si la sociedad ve que no se le aplicó la ley a los que quisieron asesinar a Jordi, se va a seguir afianzando la idea de que hay que hacer justicia con las propias manos, o encargar a otro para que la haga por encargo, lo que vendría a justificar el sicariato, algo que no se puede aceptar bajo ningún concepto.

Si no hubiera creído en la justicia, ante el atentado a Jordi, hubiera buscado una pistola, o contrato sicarios, para ejecutar a los que quisieron quitarle la vida a mi hijo. Pero no, he procedido como persona civilizada, libre de odios y rencores, confiado en que se hará justicia.

En lugar de actuar como en estos momentos están procediendo algunos de mis conciudadanos, haciendo justicia directa con los linchamientos, con paciencia voy a esperar el desarrollo del proceso judicial contra los que quisieron asesinar a Jordi, como esperé, sin desesperarme, que se hiciera la investigación, sin presionar ni al Ministerio Público ni a la Policía Nacional.

Si aquellos que hemos hecho pequeños aportes al desarrollo de las instituciones, ante un ataque de la delincuencia que nos afecta directamente, actuamos por la libre, ojo por ojo, diente por diente, con semejante proceder conspiramos contra lo positivo de nuestras actuaciones, y mandamos un mensaje negativo a las presentes y futura generaciones que son las que tienen como misión y compromiso histórico construir un nuevo país, con instituciones confiables y sólidas.

Mi familia, que con el caso de Jordi ha sido víctima del sicariato, no alberga temor ni odio, pero tampoco está indiferente. Se mantiene alerta y, como siempre, unida, en espera de cómo continuarán las investigaciones y, finalmente, la decisión de los tribunales.

El sicariato es una modalidad criminal que requiere la presencia firme de las fuerzas motrices, económicas, cívicas y sociales de la sociedad, y una voluntad política desde las alturas del poder que envíe un mensaje de no miedo, no tolerancia ni complicidad con el crimen organizado.

Me voy a permitir destacar el criterio expuesto por dos abogados, en la tesis reiteradamente citada en este trabajo, de cómo incide negativamente el sicariato en el seno de la sociedad:

“La reacción de la gente con respecto al sicariato, puede verse en dos planos; a saber, en un primer plano se tiene el factor miedo. El  bombardeo  mediático que se genera cuando sucede un hecho de esta índole es impresionante, y la  palabra “sicario” se vuelve cada vez más constante en los medios”.

“Cuando la gente se ve tan asustada y los medios le presentan reiteradamente noticias sobre el tema y les exponen con qué facilidad ocurren estos homicidios, es lógico que al momento de darse un hecho de este tipo nadie quiera jugarse la vida sirviendo de testigo sobre algún aspecto del caso, entonces esto genera dificultades a la hora de investigar estos homicidios, y en casos tan complejos es peor aún, tanto para efectos de defensa como acusatorios”.

“Cabe señalar, sobre el tema del miedo, que este puede darse no sólo en la población en  general, sino también en los estrados judiciales…”.

“Por otro lado, la segunda vertiente o el segundo plano sobre esta dificultad radica en la cultura  de muerte, que significa la pérdida paulatina de la sensibilidad por la vida humana, a causa  de que los problemas entre las personas se arreglen matándonos unos a otros… Entonces este concepto nos lleva a  pensar que las personas, al perder esta sensibilidad, modifican su escala de valores, en el sentido de que anteponen su interés personal al valor o bien jurídico más preciado que es la vida”. 

“Así las cosas, la gente pierde su confianza en el Sistema de Administración de Justicia y empieza a tomar la Justicia por sus propias manos, o toman la Justicia pagándole o prometiéndole un beneficio a otra persona para que se encargue de “cobrar” o “ajustar cuentas”. O sea, si una mujer, por ejemplo, necesita que su ex cónyuge le pague la pensión alimentaria que le debe desde hace un mes, no se dirige al Juzgado para que se dicte el apremio corporal del demandado, sino que se  dirige hacia el “matón a sueldo” le paga determinada suma de dinero para que ubique al padre  de sus hijos, y le quiebre un brazo o una pierna, de esta manera el sujeto demandado, muy probablemente irá a pagar lo que debe”.

“El ejemplo anterior dista mucho de lo que consideramos que es sicariato como forma de delincuencia organizada; es decir, profesional, pero es funcional y apropiado para entender el concepto de cultura de muerte”. 

“Para pasar del supuesto que se expone en el mismo ejemplo anterior a matar a una persona  por razones personales sólo hay un paso, y en este caso pareciera ser el precio que se cobre  por el “trabajo”. La relación de este punto con las limitaciones a la investigación de un caso de sicariato es que si las personas se acostumbran a que exista con regularidad este tipo de homicidio, empezarán a verlo con normalidad, tal y como por mucho tiempo se pudo haber visto como algo cotidiano el manejar en estado de ebriedad, y esto dará pie a que no  sólo no  se denuncie sino que sienta agrado por esa manera de arreglar los problemas (aunque nada estaría más  lejos realmente del verdadero significado de la palabra arreglar) y hagan de eso una actividad de uso común”. (20).

Las cuestiones de especie antes citadas sirven como reflexión para nuestro pueblo que todavía está a tiempo para hacerle frente con éxitos al sicariato.

Nada de miedo, nada de indiferencia, nada de complicidad con la criminalidad. Solamente tenemos un país nuestro, aquí donde vivimos, y este es el que tenemos que hacer habitable con seguridad para todos y todas, y rechazar la criminalidad venga de donde venga, sea en la persona de mi hijo Jordi o de cualquier otro habitante de esta tierra, sin importar color, o ubicación social.

Santiago de los Caballeros,

12 de junio de 2014