Viena, Austria (Pablo Ayerbe Caselles).- La polémica decisión de cerrar las cuentas de Donald Trump en varias redes sociales, por incitar a la violencia, lleva aplicándose hace tiempo en Alemania y Austria, donde se ha demostrado que el bloqueo de grupos y activistas de extrema derecha ha reducido el impacto de los discursos de odio.

Esos cierres, calificados por los expertos con el término inglés "deplatforming" (algo así como retirar la tribuna pública), se aplica en esos países en paralelo a la existencia de leyes muy estrictas para limitar los discursos y la simbología neonazi, por lo que las redes sociales son más activas para eliminar cuentas.

De hecho, en Alemania, la conocida como "Ley Facebook" obliga a las redes sociales desde 2017 a eliminar contenido ilegal en menos de 24 horas desde su publicación.

"ODIO NO ENCONTRADO"

El estudio "Hate not found" (Odio no encontrado), recientemente publicado por el Instituto para la Democracia y Derechos Civiles de Jena (Alemania), ha concluido que apartar esos discursos de las redes, no sólo es legal, sino que es efectivo.

"Cuando desaparecen de las plataformas dominantes, se derrumba la capacidad de los elementos de extrema derecha para presentarse como una fuerza política normal", concluye ese informe.

Maik Fieltz, coautor del estudio, que analiza el bloqueo de cuentas de grupos y activistas de extrema derecha, explica a Efe que los perfiles eliminados se movían en una zona gris, sin compartir contenido ilegal, pero sí un discurso de odio y una intención manipuladora.

"En Alemania, la extrema derecha se ha beneficiado durante muchos años de la neutralidad de las redes para manipular a las masas deliberadamente y ganar ventajas políticas", asegura Fieltz, quien apunta que "es necesario eliminar este tipo de perfiles".

"Telegram está secuestrado por la extrema derecha" opina Fieltz, quien advierte de que "la falta de regulación en esta red social es precisamente lo que estos participantes buscan".

Sin embargo, el experto pide más transparencia de las redes y que haya un criterio claro sobre qué se elimina y por qué.

Además, cree necesario que sean organismos independientes los que decidan los cierres, para limitar las tentaciones censoras de los Gobiernos y los intereses económicos de las empresas.

"El deplatforming funciona. Es efectivo en términos de reducción del alcance y el impacto de los discursos de odio", afirma por su parte Bernhard Weidinger, del Centro de Documentación de la Resistencia Austríaca (DÖW), una fundación pública que vela por la memoria histórica y estudia movimientos extremistas.

Aunque positivo, el deplatforming tiene también una serie de inconvenientes, como la "migración" de los seguidores más radicalizados a redes sociales alternativas, aunque minoritarias.

"Estos líderes siempre tendrán algún tipo de apoyo, pero lo que sí puedes cambiar es que dejen de atraer a cantidades masivas de gente que no están radicalizados", asegura Weidinger.

En este sentido, el experto advierte del efecto que puede tener la expulsión del presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, de las redes sociales mayoritarias.

"Trump tiene millones de seguidores. Si abre una cuenta en una red alternativa, seguro que mucha gente migra a esta red social", apunta.

EL AUSTRÍACO "MÁS PELIGROSO DEL MUNDO"

En Austria, el ejemplo más claro del cierre de cuentas es el del líder del Movimiento Identitario, Martin Sellner, un "influencer" ultranacionalista que defiende que la diversidad cultural es un ataque a la identidad nacional.

La ONG internacional Proyecto Contra el Extremismo lo colocó recientemente en el noveno puesto de la lista de los 20 extremistas más peligrosos del mundo, que incluye a líderes de grupos terroristas como Hizbolá, Hamas o el yihadista Estado Islámico.

Los Identitarios llevan años usando las redes sociales para propagar el odio contra los inmigrantes y, en especial, contra los musulmanes.

Hace dos años, tras revelarse su conexión con el supremacista blanco que en 2019 asesinó a 51 personas en Christchurch (Nueva Zelanda), Twitter, Facebook, Instagram y Youtube cerraron sus perfiles por "incitar al odio y a la violencia hacia minorías".

Gracias a ello, su público ha disminuido considerablemente, aunque sigue activo en Telegram, donde tiene casi 60.000 seguidores.

El estudio apunta a que esta red de mensajes es el refugio ahora de los extremistas.

"Telegram está secuestrado por la extrema derecha" opina Fieltz, quien advierte de que "la falta de regulación en esta red social es precisamente lo que estos participantes buscan".

Weidinger alerta de que, aunque el deplatforming sirve para que el discurso de odio no permee en una parte de la población, no soluciona el problema del populismo de extrema derecha.

Debilitada por los escándalos de corrupción del Partido de la Libertad, que hasta mayo del año pasado gobernó en coalición con el Partido Popular austríaco, y por el "deplatforming", la extrema derecha austríaca está tratando de aglutinar el descontento de la gente con las restricciones para luchar contra la covid-19. EFE