Deshojando paradigmas

Nuestro ancestral individualismo y por qué nos dividimos tanto

“Nobleza, dignidad, constancia y cierto risueño coraje. Todo lo que constituye la grandeza sigue siendo esencialmente lo mismo a través de los siglos”. (Hannah Arendt: La libertad de ser libres).

Buscar la génesis y desarrollo de nuestro marcado individualismo y eterna división, significa comprender y entender por qué se nos hace tan difícil construir un proyecto colectivo y más aún, que éste permanezca largo tiempo en el encuentro con el objetivo común.

La individualidad es intrínseca a la naturaleza humana, es la caracterización singular de la personalidad. El uno contiene al otro. Como diría Aristóteles, la personalidad es única e irrepetible. La individualidad entraña en sí misma la personalidad, más no se agota porque el ser humano en el proceso de socialización, y merced que es un producto social en la dinámica sociocultural, cual si fuera una esponja, es absorbido en el medio social que hace posible en gran medida el cambio del homo sapiens al homo social. El larva primitivo, la individualidad queda podada dejando las huellas de su origen, más se hace noble.

Cuando la individualidad queda trastocada, truncada, en el proceso de socialización, resocialización y educción, el individualismo se apodera. Los ejes institucionales de las instituciones llamadas a construir un ser humano que está llamado a dar y recibir, a mirar el escenario social para construir. Es así como la familia, el aparato escolar, la religión, tres pilares de las instituciones podan el animal de nuestra génesis. Esas tres instituciones a lo largo de nuestra historia han coadyuvado a desarrollar más que la perspectiva colectiva, el individualismo, el florecimiento del ego más que la conexión institucional que es la que forja la mirada de largo alcance, la visión en el compromiso con el futuro.

La familia como institución ha sido de un marcado peso autoritario en la cultura del machismo, lo cual es un ejemplo palpable del exacerbamiento de la exclusión, de la marginación de la mujer, aun en medio de un proyecto familiar. El peso gravitante de la debilidad institucional, desde nuestros ancestros, penetró por caudales en los poros de los proyectos personales. Esto es, a más ausencia del peso de las instituciones, más posibilidades tienen las batallas de los egos. Allí donde las instituciones carecen de cristalización el lobo de Hobbes. Parafraseando al lobo que se come al lobo: el individualismo como corolario del acrecentamiento del ego nos desconfigura nuestra personalidad. De ahí los más de 10 trastornos de personalidad (Paranoide, Esquizoide, Esquizotípico, Antisocial, Límite de personalidad, Histriónico de la personalidad, Narcisista, Egocéntrico, Trastorno de la personalidad por Evitación, Trastorno de personalidad dependiente, Obsesivo-Compulsivo).

La ausencia del marco de cumplimiento de las normas, de las reglas, aumenta por antonomasia el individualismo como “escapatoria” de realización personal por encima de los demás. Florecen los intereses personales y particulares por encima de los sociales, colectivos. No se da un equilibrio entre ellos. Somos receptivos entonces a pensar: “Si me voy me va mejor solo que con el grupo”. No hemos visto grupo artístico, cultural, político, en los últimos 50 años que no se haya dividido. Hasta familias se pierden en el laberinto de la división por herencia. Solo alcanzo a señalar positivamente a Raymond y Miguel que tienen 25 años trabajando conjuntamente.

La autocracia, el autoritarismo y la aporofobia contribuyen denodadamente con el individualismo. Ese ostensible daño autoritario crea desde el poder el hombre imprescindible, el ser humano más cercano a Dios. El único con todas las bondades resumidas que puede dirigir la nación, sin él en el interregno de la historia, el país se hunde. Muchos de ellos han representado fuerzas sociales cobijando unas estructuras sociales que refuerzan esa mirada que conspira con la realidad.

¡Santana, Báez, Lilís, Mon Cáceres, Trujillo, Balaguer! Todo un síndrome de prehistoria que se han erigido en el cuerpo social y han impedido, en gran medida, que el peso del individualismo prevalezca sobre los proyectos colectivos. Sintomatología que hace que hoy busquemos salida individual a necesidades colectivas. Dicho de otra manera, la falta de cumplimiento del Estado con los servicios públicos ha hecho que en vez de luchar en los territorios, exploremos respuestas individuales. Prueba al canto: los dominicanos gastan el 2.7% del PIB en salud (Gastos de bolsillos), en cambio, el gobierno apenas invierte 1.8% del PIB en salud, cuando debería erogar en el 2019 según la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo el 3.5%.

El último estudio que se hizo en Chile acerca del civismo de 18 países de la Región, obtuvimos el postrero lugar. Igualmente, Latinobarómetro de agosto del 2018. ¡De nuevo destacamos la institucionalización es un imperativo categórico en la forjación y configuración de la cultura! Desarrolla la espiritualidad en el alma de un pueblo. No la espiritualidad en el sentido de prácticas religiosas ni que ver con Dios o la Teología. Es la inmensidad interior que hay en cada uno de nosotros que ha de brotar para darse a la comunidad, que constituye el verdadero sentido de la trascendencia.

Hodge realiza una taxonomía de la cultura en: Individualismo/colectivismo, Distancia de poder/Acercamiento, Visión corto plazo/Largo plazo, Masculinidad/Femineidad. Los países que tienen una comprensión e internalización del colectivismo construyen más Capital social, son más solidarios y proyectan una imagen país a más largo plazo. Expresan, por así decirlo, un mayor empoderamiento y se horizontalizan con el poder. No creen en la distancia del poder y en consecuencia, no ven a la elite política como seres encarnados en el dominio perenne ni mucho menos como dioses. Son irreverentes al poder personal.

Nuestra sociedad en función del individualismo hace que prevalezca más el lobo, donde el hombre es un lobo para el hombre (homo homini lupus), para decirnos que el estado natural del hombre lleva una lucha continua contra sí mismo. Seres con conductas asociativas, colaborativas, solidarias, empero, al mismo tiempo: egoísta, narcisista, ególatra, destructivas. Nosotros hemos tenido, en gran medida, a lo largo de la historia (1844) un estatismo cuasi sin Estado. Una deconstrucción y negación de la vida colectiva a través de un proyecto societal. Somos la cantera de cabeza de ratón, enajenado en el individualismo que nos impide la construcción de la evolución verdadera del desarrollo.

La ética del progreso en nuestro acantilado no se ha fraguado en la elite política y económica, que ha de expresarse en la persuasión no en la coerción, en la imposición y en la negación de la ciudadanía como cálido ambiente de la participación. Tenemos una hilaridad entre la cultura y la formalización, una laxa cultura que impide la confianza, los pactos y sus cumplimientos. Una prevalencia del individualismo que socava la institucionalidad y las instituciones.

¡Es el telón en que nos encontramos que amerita de manera insondable del cambio de lo político al cambio de la política en gran medida, de la estructura social!

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