Opinión

Buenos Aires

He tenido la gran dicha de visitar en varias oportunidades la Argentina: Buenos Aires y Mendoza.

Sonrío con lo que dice la gente sobre los argentinos, que ellos se creen ser los mejores. “Tienen a Maradona, con su mano de Dios; a Messi, el mejor del mundo y hasta un Papa. Se  creen  superiores, es más, dicen que Jesús es argentino”.

Por ejemplo, los argentinos tienen un enorme ego,  su autoestima es tan alta  que hay un chiste sobre esto “¿sabe cómo se suicida un argentino? Se sube a  su ego y se lanza desde ahí”.

Un filósofo español, que no supe quién fue, dijo entre otras cosas que:

  • Los argentinos son italianos, pero hablan español.
  • Reciben sueldos americanos, pero viven como ingleses.
  • Piensan como izquierdistas y viven como burgueses
  • Admiran el orden suizo y practican un orden iraquí.

Son opiniones generales y si se busca en cualquier sitio, encontrará miles de chistes, tanto como de gallegos.

Mi opinión es otra. Para mí, los argentinos son únicos. Hacen sentir al extranjero como si fuera de allí. Conversan con uno como si lo conocieran de toda la vida. Le indican con toda amabilidad hacia dónde uno quiere ir.

¿Qué decir de la comida?  ¡Excelente! El trato en los restaurantes no puede ser mejor. Las atenciones en los bancos, tiendas, en la calle, inigualables. Es excitante entrar a las tiendas donde venden artículos de piel.

Siempre que he ido, me hospedo en el mismo hotel, el Regis, en el centro de la ciudad. Es hermoso, huele a viejo, su ascensor es de los antiguos, con una reja y una puerta. Un lobby con el personal más maravilloso. Lo más importante es que desde allí uno se puede movilizar a todo lado a pie, claro, lo que es de mi interés. Está ubicado en el Paseo Lavalle, calle peatonal que siempre que la recorría tenía la sensación de llegar a la Puerta del Conde, por su parecido con la calle El Conde.

Se puede ir  a muy buenos sitios de comida, con los mejores asados. Tal vez no sean baratos, pero es tal cantidad que una persona no puede comerlo todo, siempre acompañado de un buen vino. Hay una modalidad que también vi en Madrid que es el tenedor libre. Allí se puede comer toda la cantidad y variedad que uno quiera. Cuando inauguraron un centro comercial aquí en Santo Domingo, trataron de imitar esa modalidad, pero aquí no dio buen resultado, tuvo muy poco tiempo funcionando. Quebró.

En mi primer viaje conocí el Teatro Colón. Lo estaban remodelando, pero eso no fue motivo para poder disfrutar de un grupo de cámara que presentaba un concierto en otro salón, además, pude ver la exhibición de instrumentos musicales.

Los programas de la televisión argentina me encantan. Las noticias, con su majestuosa escenografía. Los programas de variedades. Los de cocina. Hay uno en especial que presentan los domingos en el que cocinan tres chefs, “La Peña de Morfi”. Tienen invitados, presentan música folclórica, bailes, etc. pero el pasado domingo presentaron por primera vez música clásica. El joven  virtuoso pianista Horacio Lavandera de treinta y cuatro años, interpretó al piano una obra de Chopin, el Himno Nacional con la partitura original y un tango de Piazzola. Pero lo más llamativo de este programa fue que el piano en el que tocó fue prestado por el Teatro Colón, su piano.

Pasear  por Caminito es respirar tango. Las casitas de colores y los balcones con muñecos saludando. Ver a bailarines de tango en la calle. Algo inolvidable. Caminar por San Telmo y ver el mercado de pulgas, con verdaderas antigüedades, lámparas, bronces, loza… Conocer “La Bombonera” que es el estadio del equipo “Boca Junior”, en la Boca, a quien Maradona nombró “El templo del fútbol mundial”. Ir a Puerto Madero… Todo en Buenos Aires es digno de admirarse y difícil de olvidar.

A propósito de tango, fui a ver un espectáculo que nunca olvidaré, porque mientras uno esperaba lo fueran colocando en su lugar, en el lobby se escuchaban tangos interpretados por un señor mayor en un piano blanco y un violinista quien me comentó sobre un violinista dominicano amigo suyo que vivía  allá. Como hace ya tantos años de mi primer  viaje, no recuerdo su nombre.

Ayer viendo un programa diario de variedades, “Morfi todos a la mesa”, hicieron una parodia sobre las elecciones, ya que el próximo domingo tendrán elecciones, pero ahí fue para elegir la mejor empanada. Habían tres variedades.  Todos los integrantes se acercaron a votar. Hubo grandes filas, (todo imaginario). Al final, antes del conteo se armó un lío, dicen que suerte que apareció la policía electoral y calmó los ánimos. Trajeron la canasta de las empanadas para un conteo a boca de urna. Al final fueron contando los votos, no sin dificultades.  Le explicaba a mi nieto cada paso, pues, ¿No presenta similitud con algún país?  -Digo yo-.

Hay algo que aquí en Santo Domingo busco en los restaurantes de asados son los famosos “chunchules” o chinchulí a la parrilla, que no son más que las tripas de vacuno trenzadas y asadas, además las morcillas de arroz, asados  argentinos que no tienen comparación.

Terminaré mis recuerdos con dos estrofas de un tango de Gardel:

“En caravana los recuerdos pasan

como una estela dulce de emoción,

quiero que sepas que al evocarte

se van las penas del corazón”.

“Mi Buenos Aires querido….

cuando yo te vuelva a ver…

no habrá más penas ni olvido”…

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